24 jul 2006

El Hombre va a la Luna (i)

Hace ya un titipuchal de años, más concretamente 37 años, es decir, 4 años más de la edad que un servidor de ustedes tiene, un par de hombres llegaron a la Luna mientras uno más quedaba en órbita. Los dos astronautas que llegaron a la Luna son Neil Armstrong y Edwin Aldrin. Aldrin se cambiaría oficialmente el nombre a su apodo, Buzz, olvidando el Edwin. Michael Collins es el hombre responsable de traerlos de vuelta a la Tierra.


Todo mundo recuerda a Armstrong y a Aldrin. Todo mundo olvida a Collins. Prácticamente nadie sabe que Aldrin hizo una pequeña ceremonia de Comunión en la Luna.


Y salvo algunos interesados en el tema, parece que todo mundo ha olvidado que el Apolo 11 no es la misión más importante del Programa Espacial Apolo.


Hoy voy a hablar in extenso sobre el Apolo 8.


La llegada del hombre a la Luna fue una carrera constante entre los éxitos y los fracasos.


El fatal accidente del Apollo/Saturn 204, hoy conocido de manera retroactiva como el Apollo 1, frenó en seco la carrera espacial de los Estados Unidos de América, pero tuvo su utilidad para descubrir los graves errores que se estaban cometiendo en el Programa Apolo. Tres astronautas, Virgil Grissom, Ed White, y Roger B. Chaffee, murieron durante una prueba de lanzamiento, al quemarse vivos dentro de la cápsula por culpa de un cortocircuito. Contrariamente a lo que la gente piensa, el Apolo 1 no fue un fallo durante el lanzamiento. Fue una prueba de lanzamiento, en el cual todos los sistemas serían desconectados y se simularían las condiciones existentes en el espacio: alimentación por baterías, comunicaciones, flujo y reciclaje de aire, etcétera y demás. De haber sido exitoso, muy probablemente los tres astronautas hubieran despegado el 21 de febrero de 1967.


Ese fatídico 27 de enero de 1967, Grissom, White y Chaffee ingresaron a la cápsula vestidos con el traje espacial y todo el equipamiento necesario, a la una de la tarde en punto. Fueron ajustados en sus asientos exactamente igual a como lo hubieran hecho en un vuelo verdadero. Inmediatamente comenzaron los problemas. El experimento inicial fue abortado cuando Grisom reportó un hedor rancio en el aire de su traje. Se cambió el aire del traje y de la cápsula y el experimento se reaundó a las 2:42. A las 2:45 se cerró la escotilla y comenzó el experimento.


Lo primero fue reemplazar el aire en la cápsula por oxígeno puro. En teoría, esto era porque el aire pesaba más que el oxígeno puro para una misión en el espacio. El riesgo de una explosión catastrófica fue minimizado. Y los problemas continuaron. Primero se reportó una alarma sobre un elevado flujo de oxígeno (peligroso para la tripulación), luego, fallos en las comunicaciones entre la tripulación, Operaciones e Inspección, la Sala de Control y el bloque general del Complejo de Lanzamiento 34. Grissom dijo: "Si no puedo comunicarme con ustedes a media milla, ¿cómo podré hacerlo desde la Luna?" El experimento se detuvo hasta las 5:40, cuando se reanudó. La mayor parte de las funciones de la cuenta regresiva para el lanzamiento se habían completado satisfactoriamente hacia las 6:20, pero la cuenta regresiva habia sido detenida a T menos 10 minutos a eso de las 6:30, cuando aún se trabajaba en los problemas de comunicación.


A las 6:31 una voz (probablemente de Chaffe, que era el único con un canal de comunicación claro) gritó en el canal de comunicación, COM: "¡Hay fuego en la cabina!" Unos segundos después la transmisión cesó con un grito de dolor. En los monitores de televisión se veía a White tratando de abrir la escotilla. Instantes después los tres astronautas estaban no sólo muertos, sino calcinados.



Era imposible para los astronautas salir. No sólo la escotilla estaba diseñada con dos piezas, que requería que la tripulación desatornillara diversas tuercas para poder remover la sección inicial: ésta también abría hacia adentro, intencionalmente, para que la presión interna de la cabina mantuviera cerrada la escotilla. Los gases calientes producidos por lel fuego no sólo impudieron que la cabina se abriera por dentro: se acumuló tanto la presión que la cápsula se rompió. Cuando los cuerpos de rescate pudieron llegar, 14 minutos después, no había nada qué hacer por los hombres en el interior de la cápsula.


Tengo muy presentes unas pocas palabras que pronunció Gus Grissom:


"If we die, we want people to accept it. We are in a risky business and we hope that if anything happens to us it will not delay the program. The conquest of space is worth the risk of life."

"Si morimos, esperamos que la gente lo acepte. Estamos en un negocio peligroso y esperamos que si algo nos pasa eso no retrase el programa. La conquista del espacio vale el riesgo de muerte."


Tal y como Grissom lo esperaba, el programa no fue retrasado de manera considerable tras su muerte. Se corrigieron la mayor parte de los desperfectos y se hicieron ajustes importantes: el fallo catastrófico que llevó a que los tres astronautas murieran fue subsanado por dos diferentes formas: primero, dejó de usarse oxígeno puro en el módulo que albergaba a la tripulación (causa de que el fuego que los mató fuera tan intenso); y segundo, se ajustó la escotilla de la nave (para que pudiera abrirse por fuera y por dentro con facilidad en caso de una emergencia).

Así, el Apolo 4 fue el primer proyecto exitoso del programa Apolo, sin personal a bordo. Los nombres Apolo 2 y el Apolo 3 no fueron usados por misión alguna, el 4 fue un primer proyecto con el primer cohete Saturn V y las cápsulas de la misión debidamente modificadas, para probar si soportarían el reingreso a la Tierra. El Apolo 5, también sin personal, probó las cápsulas para verificar si serían capaces de ascender y descender en los rigores del espacio, de hecho, sería la primera vez que se activara a voluntad un cohete en el espacio. También fue una prueba para un posible aborto de la misión de descenso a la Luna, algo que no pudo ser probado, ni aún en el caso del Apolo 13. El Apolo 6 fue la última misión sin tripulación. Diseñado y pensado para ser la última prueba antes de un vuelo real, y para ser el peor caso posible de reingreso, el Apolo 6 falló por problemas en los cohetes, que en vez de dejarlo en una órbita estable a 160 kilómetros de la tierra, lo dejaron en una órbita elóptica de 137 por 370 kilómetros, y falló al reintentar poner el módulo en una trayectoria translunar. Para solventar ese problema, se decidió usar el cohete del Módulo de Servicio para subir un poco la nave para completar algunos de los objetivos de la misión. El cohete se mantuvo activo por 442 segundos, mucho más de lo que cualquier misión Apolo real hubiera necesitado, y logró alcanzar una órbita de 22,200 kilómetros. Lamentablemente, no hubo combustible suficiente para acelerar la reentrada, y en lugar de los 11,270 metros por segundo planeados, la nave sólo alcanzó 10,000 m/s, acuatizando a 80 km de la estimación inicial.


Lo datos obtenidos de ésta misión probaron ser de gran utilidad para el Apolo 7. Ésta misión, tripulada por Wally Schirra, Donn Eisele y Walter Cunningham, la tripulación de reemplazo para el Apolo 1, le permitió a la NASA retomar confianza. Dado que no estaba diseñado para llegar a la Luna, sino sólo alcanzar la órbita necesaria para el viaje, ésta misión fue lanzada con ayuda de un cohete Saturno IB en lugar de un Saturno V. La misión funcionó con muy pocos problemas. El Sistema de Propulsión del Módulo de Servicio, el cohete que colocaría al Apolo en órbita lunar, y lo que es más importante, lo sacaría de ella, fue disparado ocho veces, prácticamente perfecto en cada ocasión.


A pesar de que la cabina del Apolo era mucho más grande que la de las misiones Gemini, once días en órbita le pasaron factura a los pobres astronautas. La comida era mala, y a los tres les dió gripe. evidentemente, los tres se pusieron irritables, al grado de que a Schirra le molestaban las órdenes de Control de Misión y los tres comenzaron a responderle de mala manera a CapCom (Capsule Communications, es decir, el único en la Tierra capaz de comunicarse al Espacio para evitar problemas de comunicación). Como resultado, a ninguno lo seleccionaron para misiones subsecuentes. A pesar de eso, la misión fue un éxito, demostrando que la nave Apolo era eficaz en el espacio.

Llegó entonces el Momento de la Verdad. Hasta ese momento, ninguna nave, ni americana ni rusa, había llegado más allá de una alta órbita terrestre. El 21 de Diciembre de 1968, una nave sería la primera en abandonar el dominio de la Tierra. Frank Borman, James Lovell y William Anders fueron los astronautas seleccionados para tripular el Apolo 8.


Ésta misión, sin lugar a dudas la más importante de todo el programa espacial Apolo.


El Apolo 8 fue lanzado a las 7:51 AM La primera fase del despegue transcurrió con un mínimo de problemas: la primera etapa del cohete Saturno V tuvo un rendimiento menor al esperado por 0.75%, por lo que, para compensar, el cohete tuvo que quemar combustible otros 2.45 segundos. Para el final de la segunda etapa, el cohete comenzó a tener sacudidas (un poco como si tuviera hipo) estimadas en 12 hertz y ±2.5 m/s². Como resultado, el Saturno V terminó colocando a la misión en una órbita de 181.5 km por 191.3 km, con una órbita cada 88 minutos y 10 segundos. La altura ideal debía de ser de 185 km de apogeo.


Durante las siguientes dos horas y treinta y ocho minutos la pripulación y Control de Misión trabajaron para checar que la nave estuviera lista para la Inyección Translunar, es decir, para que la nave se impulsara con dirección a la Luna. En este punto la tripulación transformó la cápsula de su forma inicial de carga impulsada por cohetes, a una nave espacial por derecho propio. La tercera etapa del Saturno V debía estar en condiciones de hacerlo: en el Apolo 6, el cohete no pudo reencenderse. Además, estaba el problema de las comunicaciones. Para poder trabajar de manera adecuada, la comunicación entre el Apolo y el centro de control debía efectuarse a través de una sola persona, el Capcom. Para el Apolo 8, se designaron tres capcoms en turnos de ocho horas y en rotación constante. El primer capcom era Michael Collins, y a las 2 horas, 27 minutos y 22 segundos desde el despegue, dijo: "Apollo 8. You are Go for TLI". Oficialmente los astronautas tenían permiso para ir a la Luna. Por doce minutos la tripulación del Apolo 8 verificó que todo estuviera bien, y entonces se encendió de nueva cuenta el Saturno V. Funcionó perfectamente por 5 minutos y 17 segundos, llevando a los astronautas a una velocidad de 10,822 m/s) hasta una altura de 346.7 km. La velocidad más rápida registrada hasta ese momento por humano alguno.

Una vez que el Saturno V cumplió su última labor, era tiempo de separarse de tan poderoso artefacto. El Apolo 8 se separó de la tercera etapa en tiempo y forma, de manera que los astronautas pudieron fotografiarlo a la perfección cuando giraron la nave y volaron en formación con ella. Paralelamente, al rotar, la tripulación tuvo la más hermosa de las vistas: la Tierra entera vista desde el Espacio, vista por primera vez por ojos humanos.

En ese momento, Borman comenzó a preocuparse. El Saturno V permanecía aún muy cercano al Apolo 8, y sugirió a Control de Msión que se permitiera una maniobra de separación. Tras analizar los datos recabados (una tarea complicada, porque las computadoras en ese entonces eran muy primitivas, no había calculadoras de mano y algunas tareas había que hacerlas con regla de cálculo), Control de Misión sugirió inicialmente que se apuntara la nariz del Apolo 8 a Tierra y usando los cohetes del Sistema de Control de Reacción del Módulo de Servicio, se añadieran 0.9 m/s de propulsión, pero Borman no quería perder de vista al Saturno V. Tras mucha discusión se decidió apntar en esa dirección, pero a 2.7 m/s. Por esta discusión, la tripulación se retrasó una hora del plan de vuelo original.


Cinco horas después del lanzamiento, Control de Misión controló al Saturno V para que soltara su combustible restante, cambiando su trayectoria de manera que sobrevolara la Luna y entrara en órbita alrededor del Sol, de manera que no fuera un riesgo para la tripulación. Y allá está afuera, con una traslación de 340.80 días, una inclinación de la Elíptica de 23.47 grados, y a una distancia de entre 0.92 y 0.99 Unidades Astronómicas del Sol.


Un poco después de esta crucial parte de la misión, el Apolo 8 cruzó los Cinturones de Van Allen, que se extienden hasta a 25,000 km de la Tierra. En teoría, los astronautas recibirían un miligray de radiación al pasar a través del cinturón. Un miligray es apenas lo encesario para tomar una placa con rayos X del pecho de un humano común y corriente. Generalmente todos recibimos entre 2 y 4 miligrays al año sin problemas. Esto en teoría, recuérdese. En la práctica, nadie sabía lo que pasaría. Así que a cada astronauta se le colocó un dosímetro personal de radiación para ser leído a su regreso a la Tierra. Así mismo, se colocaron otros tres dosímetros pasivos que mostravan el nivel de radiación experimentado por toda la tripulación. ¿El resultado? Ida y vuelta, 1.6 miligrays.


El trabajo de Jim Lovell como Piloto del Módulo de Comando consistía, escencialmente, de ser el navegante si por alguna razón se perdía la comunicación con Control de Misión en el viaje de regreso. Para esto, se habían designado algunas estrellas fijas que debían medirse con ayuda de un sextante construido en la nave, de manera que se podía medir el ángulo entre una estrella y el Horizonte entre la Tierra o la Luna. Pero lamentablemente, la expulsión de combistible del Saturno V ocasionó una nube de desechos alrededor de la nave espacial (que algunos ovnilocos han pretendido identificar como naves extraterretres que seguían al Apolo). Esta basura interplanetaria hizo bastante difícil identificar cuáles eran las verdaderas estrellas. Habian pasado ya siete horas desde el despegue, y el retraso entre la desición de alejarse del Saturno V y la imposibilidad de encontrar las estrellas por parte de Jim Lovell ocasionó que el plan de vuelo terminara retrasado por casi una hora con cuarenta minutos. Y entonces el Apolo 8 entró en Control Termal Pasivo, más apropiadamente llamado Modo de Rosticería.


¿Qué es el Modo de Rosticería? ¿Qué pasó con los tripulantes del Apolo 8? ¿Existe Santa Claus?


¡No se pierdan la continuación de esta emocionante historia, apropiadamente denominada "El Hombre Va a la Luna (ii)"!

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