27 abr 2006

Chernóbil

Es una noche calmada. Un par de ingenieros soviéticos se preparan para cumplir órdenes: es necesario probar la capacidad del reactor de fisión nuclear construido por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en la ciudad ucraniana de Chernóbil.

La prueba fue ordenada por Moscú. Es necesario hacer una prueba del reactor número 4 en las peores circunstancias posibles. Se fuerza en el circuito refrigerador del reactor una suma de circunstancias atribuibles a fallas en los sistemas de control. Para hacer la prueba más realista, se debe desactivar el sistema de seguridad. Los operadores deben estar alertas ante la emergencia y cumplir las órdenes con diligencia y prontitud.

A la una de la mañana con veintiseis minutos del día 26 de abril de 1986, algo salió mal.



Iniciemos desde el principio.

En Chernóbil funcionaban 4 unidades generadoras de energía, del tipo RBMK-1000, de 3200 MW de potencia térmica y 1000 MW de potencia eléctrica. Éste es un generador bastante eficiente, pero de tipo supermoderado. Existen dos clases de generadores nucleares en el mercado: submoderado, y supermoderado. Aunque ambos funcionan con el mismo principio (la fisión de partículas nucleares generan calor, y éste puede ser aprovechado para mover turbinas generadoras de energía) su operación es bien distinta.

En un reactor térmico conviven dos efectos dinámicos fundamentales: el efecto Doppler, el cual está ligado a la temperatura del combustible nuclear, generalmente uranio poco enriquecido (no empobrecido), y los efectos del moderador, que inhibe la reacción nuclear aunque sin detenerla.

El Efecto Doppler lo podemos explicar, sin usar términos altamente especialozados, como el efecto con el cual, al aumentar la temperatura del combustible nuclear, disminuye su reactividad. Un aumento de potencia implica que la temperatura del combustible aumenta, y por tanto, disminuye su reactividad; es decir, disminuye su potencia, o en otras palabras, se estabiliza. Es un efecto de retroalimentación que puede ser controlado, y esto es extremadamente importante para controlar la energía nuclear.

El efecto del moderador depende del tipo de moderador usado. Los núcleos de los reactores RBMK son moderados por grafito, el cual, al ser una forma de carbono extraordinariamente estable y resistente a la presión, lo que lo hace casi ideal para la tarea, excepto por el detalle de que es inflamable.

Para que el efecto de realimentación a través del moderador haga que ante un aumento de potencia disminuya la reactividad, los reactores deben estar submoderados. La temperatura del grafito aumenta al aumentar la potencia, tal y como sucede con el combustible, pero la tasa de aumento es menor. Por ello, aunque hubiera un índice de reactividad positivo, éste pasaría desapercibido por el efecto Doppler, que modera la reacción.

El núcleo del reactor número 4 estaba compuesto por un inmenso tambor de grafito de 1700 toneladas, y en su interior, 1600 tubos metálicos de presión que alojaban 190 toneladas de dióxido de uranio en forma de barras cilíndricas. Por estos tubos de presión circulaba agua pura. Al calentarse el agua, ésta hervía; el vapor resultante era dirigido a una turbina de rueda libre, que generaba electricidad. El vapor se condensaba y repetía su ciclo dentro del reactor. Entre los conductos de combustible se encontraban 180 tubos, llamados rodillos de control, compuestos por una aleación de acero y boro, recubiertos por grafito, los cuales ayudaban a moderar la reacción en cadena dentro del núcleo del reactor.



Sin embargo, en los reactores RBMK existe una cantidad no despreciable de agua ligera, que rodea los tubos de combustible, tal y como se ha descrito anteriormente. De este modo, los neutrones térmicos (que nacen como tales en el grafito) han de atravesar la película de agua para entrar en el combustible. El doble papel del hidrógeno, moderador eficaz por un lado, y absorbente de neutrones térmicos por otro, es fundamental en este tipo de reactores. así el hidrógeno cumple una doble función, imprescindible para la operación de estos reactores: es un moderador de neutrones y a su vez es un blindaje, sutil pero efectivo, contra ellos.

Así, en un reactor RBMK submoderado domina el primer efecto con lo cual, si nos quedamos sin refrigerante, disminuye la reactividad. Es, por tanto, más seguro, pero menos potente.
En un reactor RBMK supermoderado, en cambio, domina el segundo efecto por lo que, si eliminamos agua de refrigeración, estamos quitando un blindaje neutrónico entre el grafito y el combustible, aumentando la reactividad. Generalmente, este efecto estaría contrapuesto al Doppler, pero llegaría un momento en que el Doppler se saturaría. En este caso, la importancia de la supermoderación excede al efecto Doppler, liberando energía de manera súbita. Si esta liberación no puede ser refrigerada, el núcleo entra en ebullición, el aumento de presión hace que el resto del líquido salga expedido, aumentando aún más la reactividad hasta que la reacción en cadena fusiona el núcleo, sobreviniendo una explosión de altísima potencia. Es necesario tener algún sistema de seguridad que impida que se llegue a estos niveles. Es, por tanto, más potente, pero menos seguro.

El reactor de Chernóbil era supermoderado, y en la prueba que se le estaba haciendo, los dispositivos de seguridad habían sido ignorados o inutilizados como parte del juego de pruebas. Que el reactor fuera inestable a baja potencia, además de ser desconocido por el personal, era algo contraintuitivo. Pero es verdad: los reactores de tipo RBMK tienen la particularidad de que deben funcionar siempre a plena potencia; si llegan a operar a potencias inferiores a 700 Mw térmicos (es decir, la cuarta parte de su régimen nominal), el núcleo se vuelve inestable. "Inestable", en la jerga nuclear, quiere decir que la reacción en cadena está a sólo segundos de descontrolarse, o en otras palabras, que en cualquier momento explota. Esto no es propiamente una falla, sino parte del concepto de diseño de los reactores RBMK. Si usted opera un RBMK, sabe que debe operarlo siempre por encima de los 1000 megawatts o más, a menos, claro, que quiera convertirse en una voluta de smog radiactivo. Esta peligrosa falla de diseño ha sido cuidadosamente evitada en todos los diseños de reactores occidentales, e incluso en los reactores soviéticos posteriores, llamados VVER, que funcionan con agua a presión.

El accidente del reactor 4, como debe ser evidente ahora, se produjo durante una prueba a baja potencia, algo expresamente prohibido por el manual del reactor. Los mismos técnicos rusos sabían que esto ocurriría, al igual que los expertos franceses y británicos que habían inspeccionado la central. El mismísimo gobierno soviético había sido advertido en forma expresa de que no debía operar el reactor por debajo de los 1000 Mw, y que a menos de 700 los RBMK estallaban. Esto no importó: órdenes eran órdenes, y el accidente tuvo sus cimientos cuando los operadores detuvieron la turbina para llevar a cabo el experimento que Moscú había ordenado realizar. El estado del reactor en ese momento, con un caudal de refrigeración superior al normal y los neutrones extraídos en mucha mayor proporción a lo permitido, hicieron que el reactor tuviera un brusco aumento de reactividad que no pudo ser compensada. Una vez producido el transitorio, debería haber funcionado el sistema automático de protección del reactor, parte del cual estaba desconectado, por las condiciones especiales del experimento. Al intentar recuperar el control del reactor e introducir las barras de control, éstas se fundieron, iniciando una reacción en cadena de tanta magnitud que el núcleo íntegro se fundió, con lo que se inició una fusión nuclear incontrolable, la cual terminó por hacer explotar el tanque de grafito y volar en pedazos el domo de la estación. La explosión fue tan poderosa que las partículas de plutonio altamente radiactivo alcanzaron los 2 km de altitud.



¿Qué provocó un accidente nuclear tan grave, el segundo mayor en la historia de la humanidad? Estábamos en la cúspide de la Guerra Fría, y la mayor presión sobre los reactores nucleares en la URSS no era la de producir energía eléctrica buena y barata, sino la urgente necesidad de obtener tanto Plutonio-239 de grado armamentístico como fuese posible, lo más rápidamente posible. Esta enorme presión de los militares oprimía tanto a los dos operadores que manejaban el reactor número 4 como al ente soviético de energía atómica, a los responsables de diseñar nuevos reactores, a las firmas de ingeniería encargadas de construirlos, etc. Todos ellos tenían expresamente prohibido perder un solo segundo en la producción de plutonio grado armamentístico, a pesar incluso de que la pérdida de tiempo se debía a la inclusión de mecanismos de seguridad esenciales para impedir que el reactor se desintegrara.

La teoría y la lógica nos dice que, a mayor potencia, mayor consumo del uranio que el RBMK usa como combustible. El uranio es radiacivo, escaso y caro. E inútil para producir armas extremadamente potentes. Sin embargo, el plutonio, que no es un elemento natural y que es generado como subproducto de la fisión del uranio, es constante, no importa qué potencia genere el reactor ni cuánto uranio usemos. Es decir, si a 3000 Mw se obtienen, digamos, dos gramos de Pu-239, con 700 Mw obtendremos los mismos 2 gramos, aunque, como es evidente, nos habremos ahorrado mucho combustible.

Ahora sabemos que la orden provino de Moscú. La máxima autoridad nuclear del politburó había ordenado un experimento, con el objetivo de averiguar si podían hacer trabajar al reactor 4 a baja potencia, y si con ello obtenían el mismo plutonio que operándolo a potencia total, sólo que más cómodamente y con un costo bajísimo. El objetivo del experimento fue declarado como "Comprobación de la capacidad de un turboalternador disparado para mantener la alimentación eléctrica de cuatro bombas de recirculación, con el turboalternador detenido". Se había previsto efectuar el desacoplamiento de la turbina con el reactor funcionado entre 700 y 1000 MW térmicos y con la otra turbina ya desconectada.

El estado termohidráulico de la planta antes del experimento ya era muy diferente del nominal en RBMK. El flujo de recirculación del refrigerante era anormalmente alto alto y el flujo de agua de alimentación (el vapor condensado que venía desde la turbina) era muy pequeño, por ser proporcionalmente muy pequeña la producción de vapor. La presión del primario era también inferior a la nominal. En la entrada del reactor, la temperatura era muy próxima a la de ebullición. En la salida, la calidad del vapor era muy pobre, por el alto caudal de recirculación. En términos sencillos: el reactor era muy inestable.

Al bajarse la potencia desde 1600 MW (el 50% de la potencia) hasta el nivel deseado, la potencia bajó a unos 30 MW térmicos. Tras un transitorio de más de 2 horas, los operadores lograron estabilizar el reactor a 200 MW y decidieron ejecutar el experimento, consistente en alimentar cuatro de las ocho bombas de recirculación con el turboalternador que se iba a disparar (las otras cuatro estaban conectadas a la red). Para ello, y con objeto de repetir el experimento si fallaba, los operadores cometieron seis importantes violaciones de su propia normativa de seguridad,de acuerdo con las instrucciones recibidas desde Moscú y autorizadas por el ingeniero en jefe de la planta.



La primera violación consistió en reducir el número de barras de control introducidas dentro del reactor; sólo había 8 barras cuando el mínimo exigido eran 30. ¿Por qué había tan pocas? Por el alto valor de las capturas neutrónicas del hidrógeno, es decir, que había mucha agua en el interior del reactor, que para los expertos indicaba una situación supermoderada. Debido a ello, había alta quema de combustible nuclear y producción de xenón (un subproducto de la fisión del uranio). Si se hubieran introducido el resto de las barras antes de que el experimento hubiera iniciado, el accidente se habría evitado, pues el reactor hubiera procedido a apagarse como medida de emergencia. Hay registros en los que se indica que el reactor, de hecho, intentó apagarse y fue obligado a continuar trabajando. Para prevenir esto en mitad del experimento, el sistema automático de protección del reactor fue bloqueado por los operadores. El scram automático, que controlaba el ingreso de las barras de modeación, estaba cancelado. También se canceló el scram del reactor causado por apagado o desconexión de ambos turboaltermnadores. Surge en este momento la pregunta: ¿Cómo es posible diseñar un reactor donde los operadores pueden desconectar todos y cada uno de los sistemas automáticos de scram? Y tal vez antes que eso, ¿Qué es un scram? La respuesta a estas preguntas no es fácil, tanto la de la configuración automática del reactor como la del significado. Scram significa "safety control rod axe man", y se refería a que, en caso de emergencia en el primer generado nuclear de Enrico Fermi, un hombre armado con un hacha podía cortar los cables que mantenían las barras moderadoras fuera del núcleo, disminuyendo la reacción nuclear y por tanto, el peligro. Aunque hay quien dice que significa "start cutting right away, man!" o simplemnte un grito al estilo de "Sálvese el que pueda." Aún así, que el sistema permita que los operadores puedan bloquear estos sistemas automáticos de protección es criminal. Otro problema proviene del diseño de las barras de control: el diseño de los RBMK exige más de 20 segundos para insertar las barras de control en el uranio. Lamentablemente, las reacciones nucleares pueden llegar a estar fuera de control en apenas 2 segundos. Y las barras no tenían mecanismos de inserción rápidas, ni modo de acelerar el proceso. Hablando de proceso. las barras de control son de carburo de boro recubiertas de grafito. Muy bien, excepto que el grafito, al ser insertado entre el uranio, acelera la reacción durante unos segundos antes de comenzar a frenarla. Por si esto fuera poco, debemos recordar el ligero detalle de que la reacción nuclear poduce calor. Si insertamos grafito en un lugar caliente, éste se encenderá. Y agreguemos un detalle adicional: los reactores de tipo RBMK tienen el núcleo a la intemperie. Entre el núcleo y el resto del planeta, lo único que hay es... la sala de control. No hay filtros, ni contención contra posibles fugas, ni gruesas paredes de concreto y plomo, ni siquiera una tina con agua. Esencialmente no hay nada. Todos los demás reactores tienen contención, excepto los RBMK. Todos los reactores aíslan a los operadores, excepto los RBMK. Todos los demás reactores tienen medidas automáticas de emergencia redundantes que no se pueden desactivar, excepto (adivinaron) los RBMK.

Oficialmente el experimento dió inicio a la 1h 23 min 04 seg del 26 de abril de 1986. Para ello, se cerraron las válvulas de vapor de la admisión del único turboalternador que estaba funcionando. El experimento falló, en tanto que las bombas de recirculación conectadas a este alternador perdieron potencia de bombeo enseguida. Como consecuencia, cae la presión del primario, por lo que las bombas comienzan a cavitar, y el agua en el reactor comienza a hervir desde su base. Debido a que el reactor ya estaba en condiciones de supermoderación, al mismo tiempo que aumenta el porcentaje de burbujas va aumentando la reactividad. Si el reactor hubiese estado submoderado, al comenzar a hervir el agua la reactividad hubiera disminuido. Como resultado, la potencia aumenta súbitamente hasta salir de la escala. A causa del aumento de potencia, y el consiguiente aumento de temperatura del combustible, el efecto Doppler apaga la primera subida de reactividad. Los operadores, asustados por la subida inicial de potencia, habían procedido cuatro segundos antes al scram. Pero estas barras requieren casi 10 segundos para actuar en esos reactores. Es muy probable, además que hayan sido deformadas por el excesivo calor del núcleo, siendo, por tanto, incapaces de cumplir con su labor. La energía interna almacenada en el combustible es transferida al agua a través de los tubos. Por ser la potencia tan alta (el máximo del primer pico, ya apagado, es de 100 veces la potencia nominal) el agua hierve súbitamente y esa explosión de vapor expulsa del reactor el resto del agua líquida. Ello implica una inserción de reactividad muy alta, contra la cual el efecto Doppler no puede reaccionar, por lo que es imposible evitar el segundo y definitivo pico de potencia. En menos de medio segundo se alcanzan 480 veces la potencia nominal y se liberan en total más de un billón de Julios, que provocan extraordinarias ondas de choque y la destrucción física del reactor y sus elementos circundantes, entre ellos la cubierta. El reactor se hace subcrítico como consecuencia de su descoyuntamiento, el combustible cae al fondo de la vasija de grafito, se pierde la configuración geométrica adecuada para mantener la reacción en cadena. El reactor como tal ha dejado de funcionar.

Sobreviene la fusión del núcleo y una explosión catastrófica. El reactor 4 de Chernóbil ha dejado de existir.



Según la información suministrada por los soviéticos en la conferencia de Viena, la lucha contra más de 30 incendios provocados por la expulsión de material incandescente fue muy efectiva. Excepto el incendio del núleo, todos los demás fueron controlados a las 3 horas y media de la explosión. El medio preferente utilizado fue el agua. La urgencia por extinguir los incendios y evitar que se fundieran además los reactores uno, dos, y tres, obligó a actuar con celeridad y omitiendo cualquier consideración de seguridad para las cuadrillas de extinción de incendios. Muchos murieron horas después de haber teminado su trabajo. Ellos fueron los mas afortunados. Otros morirían al cabo de días o semanas. La gran mayoría desarrollarían enfermedades relacionadas con el envenenamiento radiactivo o desarrollaían cánceres malignos contra los cuales no se podía actuar.

El vertido de materiales sobre el núleo comenzó al día siguiente, y duró hasta el 10 de mayo, depositando mediante una noria de helicópteros más de 5000 toneladas de distintos tipos de materiales. Comenzaron vertiendo 40 toneladas de carburo de boro, para garantizar que no se reanudaría la reacción de fisión; continuaron con 800 toneladas de dolomita a fin de extinguir el fuego y refrigerar el núcleo, y con el mismo fin añadieron 2400 toneladas de granalla de plomo. Finalmente añadieron 1800 toneladas de arena y arcilla con el objetivo de retener los productos de fisión, sin embargo, obtuvieron el resultado contrario al elevarse la temperatura de los restos del núcleo. La arena alcanzó la temperatura de fusión, convirtiéndose escencialmente en vidrio. Aunque estas acciones pueden considerarse adecuadas, excepto el vertido de arcilla y arena, el conjunto de ellas supuso el recubrimiento del núcleo con materiales que impedirán estudios posteriores. Lo más importante, sin embargo, era extinguir el núcleo y permitir la realización de una estructura que permitiera contenerlo. La construcción del sarcófago, cuyo fin era confinar las ruinas de la central, se hizo en pocos meses. Debido a la celeridad con que se fabricó, actualmente presenta graves problemas de integridad, de forma que el gobierno ucraniano está pensando recubrir dicho sarcóago con un segundo edificio tan pronto las condiciones presupuestales lo permitan.

Debido al alto grado de contaminación resultante, fue necesario evacuar y reubicar a 135.000 personas que vivían en un radio de 30 kilómetros. Ciudad Pripyat, de 49.000 habitantes, a 3 km al oeste de la zona de seguridad del complejo industrial, fue evacuada después de un día y medio del accidente, recomendándose la permanencia en las casas con las ventanas cerradas mientras se preparaba la evacuación. Sobre el resto de las evacuaciones no se tienen datos concretos, pero a juzgar por los procedimientos documentales escritos por los soviéticos, debió de ser igualmente eficiente, si saben a lo que me refiero.



Debido a la necesidad de alimentar con enegía eléctrica a gran parte del territorio de Ucrania, Bielorrusia y Rusia, se procedió a descontaminar las unidades uno y dos, y su puesta en explotación. Lo mismo se hizo con los alrededores de la planta y gran parte del territorio cercano afectado. Se permitió el regreso de la población a distancias superiores a 10 km de la central.

El desarrollo de la energía nuclear en la antigua URSS se produjo en unas circunstancias muy concretas: la carga política sobre cualquier proyecto industrial de gran embergadura era tremenda, de forma que cumplir los objetivos de Moscú podía ser mas importante que demostrar que una instalación funcionaba correctamente. En la sentencia del juicio que se siguió contra los responsables de la central de Chernóbil, se recoge textualmente el siguiente párrafo:

"El 31 de diciembre de 1983, a pesar de que aún no se habían realizado las pruebas necesarias en el reactor número 4, Bryukhanov (el director de la central nuclear) firmó un acta en la que se aceptaba la entrega del complejo del reactor y se certificaba que los trabajos se habían completado. Entre 1982 y 1985 se llevaron a cabo pruebas con el turbogenerador en desaceleración, con la intención de poner a punto el funcionamiento de los sitemas de seguridad. Estas pruebas no tuvieron éxtio y fueron incompletas".

Parece claro que la dirección de la central tenía plena confianza en que ésta podría operar, confianza que fue suficiente para que en 1984 las autoridades concedieran el permiso para la explotación comercial. Y aunque los técnicos de la central nuclear inicialmente tuvieron repaos para aceptar una prueba de tal magnitud, la confianza que tenían los subordinados en su jefe los llevaron a aceptar en abril de 1986 la realización de una prueba, que había sido rechazada en otras centrales, e incluso se atrevieron a desactivar algunos sistemas de seguridad. La confianza absoluta de que no pasaría nada condujo al accidente, deduciéndose como consecuencia la pérdida de la fe ciega en las actuaciones de técnicos de complejos nucleares, y la conveniencia de automatizar sistemas de seguridad que no puedan ser suspendidos a juicio de unos pocos operadores.

La política soviética impidió que se conociera de inmediato la magnitud de la tragedia. El 27 de abril, diversas estaciones de control en Suecia advirtieron de la elevada presencia de polvo altamente radioactivo en su territorio y fijaron el origen del mismo como proveniente de la zona fronteriza entre Ucrania y Bielorrusia en función de los vientos dominantes en aquellos días. Mediciones similares se fueron sucediendo en Finlandia y Alemania, lo que permitió al resto del mundo conocer en parte el alcance del desastre. Por la noche del lunes 28 de abril, durante la emisión del programa de noticias Uremya, el presentador leyó un escueto comunicado:

“Ha ocurrido un accidente en la planta de energía de Chernóbil y uno de los reactores resultó dañado. Están tomándose medidas para eliminar las consecuencias del accidente. Se está asistiendo a las personas afectadas. Se ha designado una comisión del gobierno”.

Ante la abrumadora evidencia, el 14 de mayo el secretario general Mijaíl Gorbachov decidió leer un extenso y tardío, pero sincero, informe en el que reconocía la magnitud de la tragedia.



Datos confirmados indican que había 444 personas en el emplazamiento en el momento del accidente. (176 miembros del equipo de la central, y 268 personas que construían el quinto reactor), a los que se unieron rápidamente los bomberos. Sufrieron, fundamentalmente operarios y bomberos, irradiación externa, inhalación de gases, y algunos exposición de la piel a partículas depositadas sobre la ropa, lo que les produjo graves quemaduras. El número de víctimas mortales inmediatas se elevó a 31. De ellos, dos eran los operadores, a los cuales nada ni nadie hubiera sido capaz de salvarlos. Uno más murió de una trombosis coronaria aguda, provocada por el susto, y los restantes veintiocho por enfermedad de radiación aguda. Otras 106 personas recibieron irradiación aguda, pero sobrevivieron milagrosamente. De las personas que tenían menos de 18 años al momento del desastre, mil ochocientas habían desarrollado cáncer de tiroides hasta el año 2000. Hasta ese momento, diez habían muerto. Afortunadamente, descubierto y tratado a tiempo, el cáncer de tiroides no es mortal. Tras los dos primeros meses desde el accidente se registraron 28 fallecimientos más. Mas está el caso special de "Los Liquidadores". Este grupo, formado por militares y trabajadores contratados expresamente, cuyo número es muy discutido (aunque se dice que ronda los 63.000), estaba formado por personas de una edad media de 31 años en el momento del accidente, el 53% por debajo de los 30 años y un 16% por encima de los 40. La aparición de leucemias es de 13.4 por 100.000 para los liquidadores en la primera fase de recuperación en que trabajaron, frente al 7 por 100.000 en los que trabajaron en el año 1987 y siguientes. El segundo valor es válido para la población en general, por lo que hay que investigar aún más si la exposición prolongada a la radiactividad contribuyó al desarrollo de enfermedades en los liquidadores.



El accidente de Chernóbil tuvo grandes consecuencias. La trascendencia tecnológica del accidente se ha hecho notar en toda la industria nuclear. Las centrales RBMK han pasado a la historia, y sólo las necesidades energéticas de Rusia, Ucrania y Bielorrusia mantienen algunas de ellas en operación. Se han puesto en marcha actuaciones para equiparar las condiciones de seguridad de aquellas centrales a los estándares exigidos en Occidente. La importancia económica de estos proyectos los sitúan en una de las principales partidas de la ayuda económica que Occidente está prestando a los países del Este Europeo. La industria nuclear occidental también ha notado los efectos, quedando demostrado:
* La absoluta necesidad de sistemas automáticos de seguridad, sólo accesibles a los operadores en circunstancias absolutamente excepcionales,
* La obligación de que exista un edificio de contención, y
* La necesidad de que el diseño de la central sea intrínsecamente seguro.

Chernóbil y la Isla de las Tres Millas hicieron conciencia en el mundo sobre los peligros de una operación deficiente en una instalación nuclear. La energía nuclea no es mala: una administración deficiente sí lo es.


En el año 2000, el último reactor nuclear operativo de Chernóbil, la unidad 3 (adyacente al reactor 4) fue apagada y clausurada. Chernóbil es ahora una estación abandonada.



Merece la pena destacar que Chernóbil no es el sitio que mayor contaminación local acumula, ya que ese dudoso honor corresponde a la zona contaminada por Cheliabinsk-40. Sin embargo, no se puede negar que ha sido el accidente que ha producido una contaminación media mayor en zonas más extensas y también el más publicitado.

El primer complejo industrial para la producción de plutonio con fines militares fue construido entre 1945 y 1946, recibiendo el nombre de Cheliabinsk-40. Dicha instalación está operada por la llamada Asociación "MAYAK", dependiente del antiguo Ministerio de Energía Nuclear de la URSS. Su presencia ha supuesto la contaminación ambiental de la región con productos radiactivos de vida larga, a consecuencia tanto de accidentes como de operaciones, para las que no había ningún control medioambiental por ser totalmente desconocidos sus efectos a largo plazo.

Desde 1949 a 1951 Cheliabinsk-40 descargó residuos líquidos de media y baja actividad directamente al sistema fluvial del río Techa, con una actividad total aproximada de 100 PBq. Las dosis recibidas por la población de las orillas del río alcanzó valores muy elevados, lo que obligó al traslado de varias localidades. Los individuos afectados por lo que secretamente se llamó "enfermedad crónica de radiación por exposición prolongada", eran trasladados para su examen en Moscú, pero no recibieron ninguna información sobre los resultados de los exámenes médicos. Además del tremendo impacto local, se estima que unos 10 PBq han podido ir a parar a través del sistema fluvial hasta el océano Ártico.

El 29 de septiembre de 1957 hubo un accidente en Kishtim, dentro de Cheliabinsk-40, a causa de la explosión química de sales en un tanque de residuos radiactivos de acta actividad, provocado por el fallo del sistema de refrigeración del tanque. La explosión dispersó unos 40 PBq de productos de fisión, alcanzando la contaminación una zona de 300x50 km.

El lago Karachay sirvió de receptor de los residuos líquidos de media actividad una vez que cesaron las descargas al río Techa en 1951. Es actualmente la fuente principal de contaminación para el aire y los terrenos adyacentes a Cheliabinsk-40. En el fondo del lago se formó una "lenteja" de sales altamente contaminadas que se propaga por el subsuelo con riesgo extremo de contaminación de aguas subterráneas.

Además, la operación de la instalación MAYAK en el sur de los Urales durante más de 40 años ha supuesto una ingente acumulación de radionucleidos y, según se acaba de presentar, la contaminación de extensas zonas de aquella región. Los principales problemas medioambientales está relacionados con la contaminación de los sistemas fluviales.

Es más peligroso el desconocimiento que la malicia.

22 abr 2006

1992: el año que vivimos en peligro.

Miércoles 22 de abril de 1992. 10:09 AM. Una radio crepita en la estación de Bomberos. El mensaje es un escueto "¡YA!" antes de que la estática recupere el control. Inmediatamente después se registra una explosión de proporciones dantescas en el barrio de Analco.

Más de 12 kilómetros de Guadalajara han desaparecido. Las calles Gante, 20 de Noviembre y Nicolás Bravo, hasta la Calzada del Ejército, han sido literalmente arrancadas del mapa. Increíblemente, a pesar de la extensión y magitud del daño, sólo se reportan 150 muertos y 600 heridos; gran parte de los negocios estaban cerrados por vacaciones, lo mismo que una escuela del lugar; gran parte de los habitantes no se encontraban en sus casas. Los Hospitales Civiles, la Cruz Verde municipal, la Cruz Roja Mexicana, el Instituto de Seguro Social al Servico de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) no se dan abasto ante la gran cantidad de heridos y afectados. No hay espacio suficiente para los cuerpos en el Servicio Médico Forense, así que se debe adaptar como anfiteatro el domo del Comité Olímpico del Estado (CODE), y se solicita la donación de placas de hielo seco (CO2 congelado) para ayudar a conservarlos mientras se les identifica. La ciudad se paraliza. La noticia corre por el mundo.



El Ejército Mexicano implementa el plan DNIII (Desastres Naturales Tercera Fase) para ayudar a la población civil, que inició por sus propios medios la tarea de rescate. La Presidencia Municipal, a cargo de Enrique Dau Flores, desvía recursos para ayudar con las labores de rescate. El Gobierno del Estado, al mando de Guillermo Cosío Vidaurri, informa en una conferencia de prensa alrededor de las 2 de la tarde que la situación "está controlada, gracias a la coordinación de todas las instituciones que están interviniendo en las zonas de rescate."



Empezan a surgir versiones que le atribuyen la responsabilidad de la explosión a Petróleos Mexicanos (Pemex), Aceitera la Central, y las descargas de los talleres mecánicos de la zona. Se informa que hay altas concentraciones de un líquido sospechosamente similar a la gasolina "Nova", mas también se informa que hay un líquido sospechosamente similar al hexano en otras partes. Los rumores comienzan a cundir por toda la ciudad, generando una paranoia sin precedentes.

La solidaridad de los tapatíos también aflora. Cientos de voluntarios retiran escombros a mano buscando sobrevivientes; otros tantos se encargan de recolectar y transportar alimentos, medicinas, cobertores y artículos de primera necesidad para los miles de damnificados.

Por la tarde, el saldo oficial de la tragedia se eleva a 200 muertos. Se declara incialmente una zona limpia y se autoriza que los traxcavos comiencen a trabajar, lo que los trabajadores de rescate consideran una decisión arriesgada y los afectados una violación a los derechos humanos.



El presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, visita de improviso la ciudad para enterarse de primera mano sobre la tragedia. "Vine a apoyar a los tapatíos y a sumarme a su duelo", expresa. También indica que no hay peritajes que sirvan para deslindar las causas, y ordena la ejecución de análisis forenses que sirvan para identificar al culpable de la tragedia. El Presidente es acompañado por Luis Donaldo Colosio, de la SEDUE (Secretar{ia de Desarrollo Urbano y Ecología), Jesús Kumate, de la Secretaría de Salud, Emilio Gamboa, del IMSS y Emilio Lozaya, del ISSSTE. Por su parte, el Gobernador Guillermo Cosío Vidaurri, en conferencia de prensa, aseguró que quien resulte responsable de este hecho será castigado y "se aplicará contra ella todas las medidas legales, leyes y normas de orden ecológico, civil y penal." El Congreso del Estado, por su parte, se pronuncia a favor de legislar sobre el control de sustancias explosivas y exige una investigación a fondo para deslindar responsabilidades. La Universidad Nacional Autónoma de Mexico, los Gobiernos de Nuevo León y Quintana Roo, además de la Alcaldía de Los Ángeles y el Gobierno de los Estados Unidos de América, informan que enviarán brigadas de rescate a la zona siniestrada. La Universidad de Guadalajara desvía recursos para proporcionar albergue temporal a los miles de damnificados por las explosiones.



Jueves 23 de abril de 1992. El Presidente Carlos Salinas ordena que las autoridades competentes presenten un dictamen preliminar en 72 horas, en el cual "tendrán que rendir un claro balance de los sucesos que aún hoy mantienen consternada a la población tapatía". Según sus órdenes expresas, se debe determinar la causa de la tragedia, deslindar las responsabilidades, y establecer si hubo negligencia criminal de parte de servidores públicos o instituciones, para aplicarles todo el rigor de la ley, además de establecer la creación de un dictamen general que permita conocer las circunstancias exactas de la tragedia. el Gobierno federal anuncia que se destinarán iez mil millones de pesos para atender las necesidades más urgentes de las familias afectadas por la explosión. El Gobernador Guillermo Cosío informa que, aunque sí había sido informado de que existía cierto peligro en la zona siniestrada, la máxima autoridad en la ciudad es el Presidente Municipal, y en todo caso, los responsables serían tres funcionarios: el jefe de Bomberos, el director de Servicios Generales del Ayuntamiento y el director del SIAPA, por no informar a Enrique Dau sobre la magnitud del riesgo. Enrique Dau, por su parte, anuncia que pedirá licencia temporal para ausentarse de su cargo, para que las investigaciones puedan ejecutarse sin problemas a causa del fuero del que goza como presidente municipal. Lo mismo sucede con Alberto Limón Macías, director del SIAPA. el Partido de la revolución Democrática (PRD) exige la renuncia del gobernador Cosío Vidaurri. El Partido Acción Nacional se suma a la exigencia general de esclarecer los hechos.



Corren rumores de que los culpables de la acumulación de gases fueron los sifones instalados en la avenida Javier Mina, que desvían el flujo de aguas negras por debajo de la Línea Dos del Tren Ligero. Según esta teoría, el bajo flujo de agua de la temporada, calurosa y seca, impidió que los productos explosivos fueran extraídos del colector, facilitando su acumulación. Estos rumores cobran mayor fuerza al informarse por parte de Pemex que el poliducto que transporta gasolina desde la refinería de Salamanca hasta la planta de La Nogalera, tenía al menos una fuga; aunque Guillermo Estrada, jefe de Mantenimiento de Pemex, asegura que la fuga fue resultado de las explosiones y no al revés. Paralelamente a este anuncio, José Morales, representante legal de Aceitera La Central, se presenta a rendir delaración ante el Ministerio Público de la Procuraduría General de la República. "Llegué de Monterrey y vine a declarar [a la PGR] por mi propio pie, para rendir declaración. Si yo sintiera culpa, ¿dónde me metería?". También se da a concoer que la Aceitera La Central, que usa hexano en sus procesos, estaba cerrada por el periodo vacacional y que las existencias de hexano eran mínimas e insuficiente para sus propios procesos de trabajo, descartando así una fuga de dicho material.



Para alimentar aún más las teorías conspiratorias, pipas de agua de Pemex fueron detectadas vaciando miles de litros de agua en las inmediaciones de las plantas de La Nogalera, de Aceitera El Gallo y de Aceitera La Central. La versión oficial dice que es para evitar posibles explosiones en la zona; la versión conspiratoria dice que es para limpiar la evidencia.

Para las 7 de la tarde, en las calles Gante y 20 de Noviembre, se informa que ha concluído la búsqueda de personas atrapadas entre los escombros que realizaba el Escuadrón Canino de Búsqueda y Rescate. El Antiguo Hospital Civil informa que hay desabasto de medicamentos; solicita la colaboración de la comunidad.

Viernes 24 de abril de 1992. En sesión extraordinaria del Cabildo de la ciudad, el presidente municipal Enrique Dau solicita licencia temporal para dejar el cargo, licencia que le es otorgada. José Luis Macías Godínez fue nombrado director del SIAPA. En sus primeras declaraciones, indicó que todo apunta a una gran concentración de vapores de gasolina como causa de las explosiones. El gobernador Cosío Vidaurri es interrumpido en una rueda de prensa por un grupo de vecinos de la zona siniestrada, que exigen que se suspendan las labores con maquinaria pesada. También le solicitan información precisa sobre quién y cómo indemnizará a los afectados de la explosión. el gobernados empeña su "palabra de hombre" para solucionar sus demandas, Niega, asímismo, que tenga intención de solicitar licencia para dejar temporalmente la gubernatura. Paralelamente, otro grupo de vecinos de la zona siniestrada exigen juicio político contra el gobernador, bajo el cargo de genocidio, en las esquinas de Gante y Nicolás Bravo.



Se informa que entre seis mil y siete mil personas colaboran como socorristas en las labores de rescate del Sector Reforma. Se solicita a la ciudadanía que done alimentos y medicinas a los hospitales, cuyo desabasto es ya generalizado. Según datos preliminares, había 519 establecimientos comerciales en la zona de emergencia. 50 de ellos reportan daños considerables. Cuando menos 2800 empleos se vieron afectados. Se informa que hay un número indeterminado de pequeños comercios, la Cámara respectiva informa que hay al menos 250 comercios más en la zona siniestrada. Asímismo, se informa que la escuela primaria que se encontraba en la zona no podrá reanudar actividades; los alumnos serán reubicados en otros planteles.

Sábado 25 de abril de 1992. Diversas fuentes coinciden en señalar a Pemex como principal, mas no único, responsable de las explosiones. Se señalan como presuntos responsables al superintendente y al gerente de ductos de Pemez, al ex director del SIAPA, y a los propietarios de Máquinas y Materiales Recuperables, información que debía ser ratificada por el Procurador General de la República, Ignacio Morales Lechuga. El director de información de Pemex, Roberto Franco Quiroz, sostiene que "ninguna de nuestras instalaciones tenía fuga de producto, antes de las explosiones" y que se alertó al SIAPA y al departamento de Bomberos de que "la ubicaci{on del lugar de donde provenían las emisiones, eran enfrente de la aceitera, en la tarde del martes."



Los damnificados de la calle Gante y Nicolás Bravo señalan que son objeto de vigilancia policiaca constante, responsabilizando a las autoridades policiacas de cualquier atentado a su integridad. La policía responde que se patrulla de manera constante únicamente para evitar el pillaje en la zona. Seis comisiones multisectoriales asumen el compromiso de distribuir los donativos para las víctimas del desastre, con transparencia y total control, para evitar cualquier acto irregular. El DIF Jalisco indica que se realiza un censo para averiguar el número de desaparecidos y huérfanos entre los habitantes de la zona sinestrada, sin embargo, niega que sea suya la responsabilidad de velar por los niños que perdieron a ambos padres en la tragedia del miércoles.

Técnicos de Pemex y del SIAPA cavaron y encontraron una capa de más de un metro de gasolina a cuatro metros de profundidad. Se estima que la mancha se extiende a lo largo de por lo menos 16 cuadras.



Domingo 26 de abril de 1992. El Procurador Morales Lechuga da a conocer el dictamen preliminar de la investigación ordenada por el presidente Salinas. El origen del siniestro es claro y no hay lugar a dudas: se encontraron grandes cantidades de gasolina Nova en el drenaje, además de hexano y trazas de otros líquidos inflamables. La gran cantidad de plomo existente en la fórmula de la gasolina Nova explica en gran medida la fuerza de la explosión; la presencia de hexano contribuyó a generar una atmósfera explosiva en un espacio cerrado como el colector que existía debajo de la zona. La responsabilidad, en cambio, no es clara. Según el dictamen del procurador, "la presencia de gasolina se originó a través de un orificio provocado por los efectos corrosivos de la tubería de una toma de agua potable, instalada sore el poliducto de Pemex." Ésta teoría, la del "agujerito", provocó reacciones encontradas y controvertidas por parte de la ciudadanía. El procurador señalaba que la tragedia hubiese podido ser evitada si los once inculpados hubieran actuado en cumplimiento de su deber; sin embargo, se debe señalar que el dictamen cuenta con mucha mas información de la que tenían los inculpados.



Entre los inculpados se encuentran el presidente municipal con licencia Enrique Dau Flores, el Secretario de Desarrollo Urbano Aristeo Mejía Durán, varios funcionarios de Pemex, SIAPA, y Maquinaria y Materiales Recuperables. No se culpa a la SEDUE ni a Protección Civil, a pesar de su participación en las primeras revisiones.

Pemex ofrece 100 mil millones de pesos como ayuda al fondo de reconstrucción.

Lunes 27 de abril de 1992. Se ofrece un informe de parte de pemex, en voz de José Adán Ávalos, con el cual se informa que a las 4 de la tarde con treinta minutos del martes 21 se detectó en el colector de Gante y 20 de Noviembre un 100 por ciento de riesgo de explosión, y que para las 23: 30 horas ya se tenía conocimiento de la fuga de gasolina en La Nogalera. Aristeo Mejía rinde declaración ante el Ministerio Público Federal, asegurando que apenas una hora antes de las explosiones informó al Gobernador Cosío Vidaurri sobre la gravedad de la situación en la zona. Enrique Dau se pone en manos de la Policía de manera voluntaria. En el Álamo Industrial se rastrea el origen y el rumbo de la gasolina que permea el subsuelo; los márgenes de explosividad continúan muy altos.

Las cifras extraoficiales de víctimas a cinco días de las explosiones son: 600 desaparecidos, 200 muertos, 800 heridos, 4900 damnificados.



Martes 28 de abril de 1992. No ha sido posible controlar el manto de gasolina que permea la zona del Álamo Industrial. Técnicos ajenos a Pemex indican que la evolución del manto de combustible ha sido "desconcertante". Ante la magnitud de la tragedia, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje indica que los dueños de las empresas afectadas directamente por las explosiones no están obligadas a cubrir los salarios de sus empleados. Américo Meléndez Reyna, del Ministerio Público Federal, indicó que se podrá aprehender a los funcionarios y empresarios involucrados en las explosiones y no arrestados aún, y que las diligencias no concluyen aún.

Miércoles 29 de abril de 1992. el Presidente Carlos Salinas de Gortari anuncia la puesta en marcha de un programa para la prevención de desastres, girando instrucciones precisas a los secretarios de Gobernación, Desarrollo Urbano y Ecología, Defensa Nacional, Marina, Comunicaciones y Transportes, Pemex y el regente del Distrito Federal, para que presenten en breve programas concretos de prevención de riesgos y control de emergencias industriales. El Gobernador Cosío Vidaurri rechazó las versiones que hablan de una posible renuncia a su cargo, asegurando que cuenta con el respaldo del Presidente Salinas; sin embargo, aceptó por primera vez la existencia de un manto de gasolina en la ciudad y rechazó considerarse responsable por las explosiones. El Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco informa que hay 446 industrias cerradas y más de 10 000 trabajadores semidesempleados o desempleados a raíz de las explosiones.



Jueves 30 de abril de 1992. Se dicta acto de formal prisión a los nueve detenidos acusados de ser los responsables directos de las explosiones. A las 21:00 horas, el Gobernador Cosío Vidaurri solicitó licencia para separarse de su cargo durante un año. El pleno aprobó la solicitud a las 23:00 horas.

Viernes 1 de mayo de 1992. Se nombra como Gobernador Interino a Carlos Rivera Aceves. Se comprometió a solicitar al gobierno federal la salida de Pemex de la Zona Metropolitana, permitir el retorno de los desplazados de la Nogalera y Alamo Industrial a sus hogares, e iniciar la reconstrucción de Guadalajara.

Viernes 22 de abril de 2006.
Han pasado 14 años desde las explosiones. El tiempo nos ha dado la ventaja de la perspectiva. Aquí las cifras oficiales:

211 muertos.
608 heridos.
570 viviendas derrumbadas.
540 viviendas con daños considerables.
135 comercios derrumbados.
145 con daños considerables.
1630 contrucciones con daños moderados.
3020 construcciones dañadas.
98 cuadras afectadas.
525 vehículos total o parcialmente dañados.
3568 familias afectadas.



La crudeza de las cifras no mitiga el impacto de lo sucedido; el "pudo ser peor" no reconforta a los familiares que perdieron a sus seres queridos esa fatídica mañana de primavera.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué causó tanta destrucción y muerte en Guadalajara?

No es sencillo saberlo. En 1992 yo tenía poco más de 18 años. Lo recuerdo con claridad: yo era cadete de la Heróica Escuela Militar de Aviación y nos llamaron a mitad de un ejercicio para que colaboráramos en las labores de rescate. La magnitud de la destrucción fue impresionante, aún para mí, que habiendo viajado por medio mundo pensaba que ya no me impresionaba nada. La vida en Guadalajara fue interrumpida de manera tan drástica que los efectos aún se sienten. Aunque la única marca de las explosiones ahora es un templo dedicado a la memoria de los fallecidos, nadie puede olvidar la tragedia que nos consumió a todos.

No se tiene aún a un culpable. Nueve meses después de que el presidente Salinas ordenara la realización del dictamen preliminar, el Procurador Morales Lechuga presentó el 17 de diciembre de 1992, nueve meses después de las explosiones, un dictamen de 22 000 fojas (leyeron bien: veintidosmil fojas) del que hasta la fecha, nadie ha podido sacarle sentido. El el Juez Sexto de Distrito en Materia Penal del Estado de Jalisco, Edmundo Carrillo Blanco, recibió la ingrata tarea de interpretar el dictamen. Poco tiempo después recibiría también el dictamen del atentado que cobró la vida del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Un poco antes de la entrega del dictamen, el maistrado José Trinidad Jiménez Romo concedió la libertad bajo fianza a los nueve impllicados en las explosiones, y en algunos casos, se desecharon los cargos en su contra. El 28 de enero de 1994, el Juez Sexto de lo Penal, sobreseyó la causa penal 70/92, en virtud de lo cual los trabajadores de Petróleos Mexicanos, Juan Antonio Delgado Escareño, José Adán Ávalos Solórzano, Ángel Bravo Rivadeneyra y Roberto Arrieta Maldonado, que estaban siendo enjuiciados en el citado proceso penal, obtuvieron la libertad

Pocas cosas han salido en claro. El culpable principal de las explosiones es, sin lugar a dudas, la alta concentración de gasolina en el colector de la calle Gante. El origen de la gasolina tampoco puede ponerse en duda: la falta de mantenimiento a los poliductos de Pemex, junto con normas inadecuadas de control en Pemex y en el Siapa. Así, algo tan inocente como una fuga de agua inició una reacción en cadena: corrosión en el poliducto de Pemex en por lo menos un lugar, filtración en el subsuelo por tiempo excesivo, permeabilidad del colector de aguas negras, poca movilidad del agua en temporada seca a través de los sifones, evaluación incorrecta de una situación de emergencia, falta de medidas adecuadas de contensión de materiales explosivos, desecho de material peligroso de manera clandestina al drenaje de la ciudad, y pobre manejo de sustancias peligrosas.

Además, las autoridades minimizaron el riesgo, pensando de manera equivocada que tendrían tiempo de evaluar la situación y aplicar medidas correctivas. Fue por esto que un bombero se quedó a vigilar la zona; esperaba poder reportar que el nivel de riesgo disminuía; lo único que pudo reportar fue un "¡YA!". La explosión lo hizo pedazos.

Las cosas hubieran sido diferentes si al detectar la alta concentración de gases explosivos éstos se hubieran extraído a través de las bocas de tormenta; asímismo, se debió de comenzar de manera inmediata el proceso de lavado del colector, para que al extenderse y diluirse la concentración de combustible, en caso de una eventual explosión ésta no hubiese sido tan devastadora. Sin embargo, es imposible saber si cualquiera de éstas acciones hubiera tenido resultado: fueron doce kilómetros de colector (repito: DOCE KILÓMETROS) los que explotaron, y en tanta distancia se pueden imaginar ustedes la cantidad de combustible que se filtró. Si tomamos en cuenta que la gasolina sólo explota en condiciones muy precisas (alta gasificación y concentración de combustible y comburente adecuadas, y presencia de aceleradores), es posible imainarse el caos que reinaba en el colector: la gasolina Nova era alta en tetraetilo de plomo, que facilita la explosión; había hexano, desechado como parte de los procesos industriales de las aceiteras, no de manera clandestina, sino por descuido; había elementos altamente inflamables desechados por talleres automotrices y empresas con poco o ningún respeto por la ecología y la seguridad industrial; y por sobre todo, había ignorancia.

Nunca se supo a ciencia cierta quién fue el responsable. Todos los inculpados fueron exonerados al poco tiempo de su encarcelamiento, al no encontrarse elementos que probaran su responsabilidad. Pemex sigue ahí, en la Nogalera. Aún hay gasolina en el subsuelo del Álamo Industrial; en los patios del Ferrocarril hay diesel acumulado.

Guadalajara no ha vuelto a ser la misma.
1992 fue un año que nos enseñó mucho.
1992 fue el año que vivimos en peligro.

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Las fotografías presentadas en este artículo fueron publicadas originalmente en el extinto diario Siglo 21.

21 abr 2006

21 de abril.

Hace 14 años exactos, sucedió una tragedia de proporciones catastróficas. Tan grande es, que hasta la fecha soy incapaz de hacer ninguna broma al respecto. Hoy, más que hacer un análisis de la historia, voy a narrar la cronología de lo que sucedió en esa fecha de ingrata memoria para la bella y leal ciudad de Guadalajara.

Martes 21 de abril de 1992. Semana de Pascua. Un olor fuerte y penetrante se filtra por el alcantarillado de la calle Gante, en el sector Reforma, al sureste de Guadalajara. Los vecinos informan que se ha visto humo blanco saliendo por las bocas de las alcantarillas, humo con un olor muy fuerte a gasolina. El Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado, la Unidad de Proteción Civil, y el Cuerpo de Bomberos, llevan a cabo un rastreo en el colector que pasa por la zona, encontrándose una concentración anormal de gases inflamables, entre ellos, gasolina y hexano. Se indica que la concentración de gas no representa una amenaza y para la noche el bloqueo de la zona se retira. Los vecinos permanecen inconformes pero se les asegura que no hay peligro. El SIAPA, Protección Civil y los Bomberos se retiran de la zona. Un bombero, sin embargo, se queda vigilando el colector.