Cananea
Imagínese usted vivendo en Sonora, a principios del siglo XX. Trabaja para The Cananea Consolidated Copper Company, es usted uno de los 5350 trabajadores mexicanos de la empresa, y recibe tres pesos y cincuenta centavos por una jornada de 10 a 12 horas de trabajo. Hay en la misma mina otros 2200 gringos, carpinteros en su mayor partem que reciben 5 dólares diarios por un trabajo la mitad de duro. Las condiciones de trabajo son deplorables. Usted está harto, y cansado. El cinco de mayo, durante las celebraciones, escucha usted a algunos líderes demandar mejores condiciones de trabajo y un pago igual al de los norteamericanos por trabajo igual. Usted los apoya directamente. Las autoridades mexicanas aplican la ley marcial para evitar mayores conflictos; se afectan los intereses de los gringos, y al gobierno mexicano eso no le conviene. Pero eso no le importa a usted ni a sus compañeros. Es la noche del 1 de junio, y hace calor. Usted es uno de los cientos de trabajadores que se van a huelga. Usted no lo sospecha: pero está usted a punto de convertirse en mártir.
_________________
La Cananea Consolidated Copper Company, S.A., propiedad de William C. Greene, era la mayor compañía minera de la región. Durante las celebraciones del 5 de Mayo, Esteban Baca Calderón, anarquista, pidió a nombre de todos los trabajadores mexicanos mejores condiciones laborales y un aumento de sueldo. Pedía una jornada de 8 horas de trabajo, 5 pesos de salario, y el cambio de capataces, para que se tratara con decencia a los trabajadores. Las peticiones fueron presentadas a William Greene, quien las rechazó. Los obreros se reunieron en Pueblo Nuevo y decidieron la huelga para el 1° de junio de 1906. Así, en las primeras horas, al cambio de turno, las actividades fueron suspendidas. Las autoridades y los patrones siempre estuvieron alertas y vigilantes de todos los movimientos que realizaban los obreros, por medio de soplones. Una comisión negociadora de los obreros se reunió con la parte patronal a pactar; después de varias horas de discusión, todas las peticiones fueron rechazadas. Ante esta cerrazón, los obreros concentrados frente a la mina iniciaron una gran marcha hacia las otras localidades de Cananea, para que se les unieran los trabajadores de las otras minas. La población aclamó la marcha, los obreros se fueron uniendo hasta rebasar los 3,000. Los líderes de ese movimiento eran Juan José Ríos, Manuel M. Diéguez, y Esteban Baca Calderón, entre otros. Paralelamente, una fracción de los obreros, que planeaban dinamitar la casa de Greene y otros lugares estratégicos, habían sido delatados sin lograr cumplir sus objetivos. El grupo pacífico avanzó con rumbo a la maderería de la compañía, en la cual la mayor parte de los trabajadores eran norteamericanos. Fueron recibidos con una descarga de fusilería que mató a tres huelguistas e hirió a otros mas. La masa, enardecida y sin más armas que piedras, linchó a George Metcalf, William Metcalf, Conrad Kubler y Bert Rusler, antes de prender fuego a la bodega. Los huelguistas marcharon hacia el Palacio Municipal. El Gobernador Rafael Izábal, auxiliado por 275 rangers norteamericanos que había pedido el Cónsul norteamericano, mas los guardias rurales, se aprestaron a la matanza, que comenzó cuando la marcha estuvo a la vista; algunos obreros consiguieron armas y enfrentaron en gran desventaja a los represores
Ya no había marcha atrás. Los norteamericanos se reunieron para defenderse, y como contaban con armas de fuego, persiguieron a los huelguistas por las calles de Cananea, obligándolos a buscar refugio en la sierra. Los obreros lograron incendiar cinco depósitos de madera, uno de semillas, uno más de forrajes, la tienda de raya y el edificio de la maderería. Las crónicas de la época dicen que el fuego podía verse en Douglas, Arizona.
El gobernador Izábal y el General Luis E. Torres, Jefe de la Primera Zona Militar de Sonora, no lograron reestablecer el orden con facilidad. Para el día 3 Cananea se encontraba bajo ley marcial; se contaban 25 muertos y 22 heridos entre ambas partes, y fueron consignados otros 50 individuos, a quienes se acusó de ser los agitadores del movimiento. Entre los prisioneros se encontraban Calderón, Diéguez, y Francisco M. Ibarra, quienes fueron enviados inmediatamente a las mazmorras de San Juan de Ulúa.
El dia 4 se desarticuló el movimiento. Se reanudaron las labres en la mina, aunque muchos huelguistas faltaron, por temor a las represalias. No se logró ninguna mejora en las condiciones; aunque Greene intentó ceder, el gobierno mexicano se lo impidió. En todo México Cananea era discutido con ferocidad, a favor y en contra del movimiento; pero en una cosa todos coincidían: se desaprobaba que el Gobierno hubiera permitido la entrada al pais de mercenarios norteamericanos para intervenir en un conflicto netamente nacional. Los periódicos opositores al régimen escribían furiosos editoriales en los que reprochaban al Gobierno de Porfirio Díaz que tolerara la inmigración de norteamericanos, que sólo venian a quitar el trabajo a nuestros obreros y a llenarlos de oprobio; fueron ellos quienes sugirieron públicamente la creación de un reglamento del trabajo en México. Para el 22 de junio de 1906, llegó a México el gobernador Izábal, a responder de su actitud sobre la huelga de Cananea. Los opositores creían que iba a ser procesado y que se haría justicia en tan sonado asunto, pero después de dos meses regresó a Sonora para seguir gobernando.
El daño ya estaba hecho. La primer huelga de México había generado mártires; y con ello, se había sembrado la semilla de lo que, en 1910, habría de convertirse en la Revolución Mexicana.
