19 ago 2006

¿Qué es un planeta?

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27 jul 2006

El Hombre va a la Luna (ii)

En nuestro capítulo anterior:

La carrera a la Luna había sufrido tres importantes bajas en el Apolo 1, pero eso no impidió que la Misión Apolo continuara su curso. El Apolo 7 había demostrado que tres hombres podían vivir en el espacio durante el tiempo planeado para la misión de alunizaje, y el Apolo 8 había despegado sin problemas con rumbo a nuestro satélite natural.

Borman, Lovell y Anders, a bordo del Apolo 8, habían cumplido con todas las labores que les habían sido encargadas, y a las siete horas de haber despegado de Cabo Keneddy habian colocado a la nave en Modo de Rosticería...



Nombres curiosos donde los haya, el Modo de Rosticería (Barbecue Mode en inglés) era llamado de manera oficial como Control Termal Pasivo. en éste modo, el calentamiento de la nave provendría directamente del Sol, y para que el calentamiento fuera distribuido por toda la superficie del Apolo 8 de manera uniforme, la nave giraría sobre su eje longitudinal a la pasmosa velocidad de una revoluciòn por hora. Tomemos en cuenta que el Sol, en el espacio, calentaba las partes expuestas a una temperatura que excedía los 200 grados Celcius mientras que la parte en la sombra tenía unos agradables cien grados bajo cero. Estas temperaturas podrían causar que el cono de calor (es decir, el escudo termal para el retorno) se rompiera, o los tanques de propelente explotaran. EN ese tiempo era imposible obtener un giro perfecto, y más con tres hombres moviéndose en su interior, así que el Modo de Rosticería terminaba describiendo un cono en cada rotación. Este cono debía ser ajustado a través de los cohetes del Sistema de Control de Reacción cada media hora para no perder el rumbo.


Porque el rumbo se perdía, no cabía la menor duda de ello. Estaba el hecho innegable de que la Tierra se movía, la Luna se movía y la nave se movía, y en Tierra también la hierva se movía, pero por causas diferentes (ejem...). La primera corrección de rumbo llegó a las 11 horas de iniciado el viaje. Según las pruebas hechas en tierra, en teoría había una pequeña posibilidad de que el sistema de propulsión de servicio explotara si se utilizaba por demasiado tiempo de manera continua. Para evitarlo, la cámara de combustión debía primero ser preparada, lo que se hacía trabajando el motor por poco tiempo, para que éste se cubriera con una capa de desechos de combustible y se ajustara al régimen de trabajo. Lo mismo que hacemos en tierracon un carro nuevo: lo tratamos como si fuera nuevo por mil kilómetros y vamos ajustando el motor a nuestros hábitos de manejo, a menos que el mismo motor haga variar nuestros hábitos de manejo. Lo mismo allá, sólo que con un motor más rápido y sin una gasolinera cercana a la vista.

La primer maniobra de corrección duró sólo 2.4 segundos y añadió unos 6.2 metros por segundo a la velocidad de vanguardia del Apolo 8. Aquí es donde se apreció el hecho de que fue bueno probar el motor: se esperaba que se agregaran 7.5 m/s en lugar de los 6.2 m/s obtenidos; un análisis posterior indicó que muy probablemente una burbuja de helio en la línea del oxidante causó una menor presión de combustible de lo esperado, por lo que para añadir ese 1.3 m/s requerido la tripulación utilizó los pequeños propulsores del Sistema de Control de Reacción. Para fortuna de los astronautas, la trayectoria y la velocidad fueron perfectas de ahí en mas, por lo que las otras dos correcciones planeadas fueron canceladas. Once horas habían pasado desde el despegue, con 16 horas de trabajo ininterrumpido por parte de los astronautas. Así que le tocaba el turno de dormir al bueno de Frank Borman. Siete deliciosas horas le tocaban... o eso creía.


Uno pensaría que en el espacio todo sería paz y tranquilidad. Pero (ponga su imprecación favorita aquí) los astronautas no estaban en el espacio. Estaban en una nave que viajaba con rumbo al espacio, rodeado de sonidos de ventiladores, crujidos del sistema de control de reacción, sonidos de la computadora y la imposibilidad de descansar la cabeza en una almohada. Y como la Nasa había decidido que por lo menos uno de lso astronautas permaneciera siempre despierto para controlar cualquier eventualidad, a esto se debía agregar el constante parloteo con Control de Misión en Houston. Anders llegó a comentar que se despertaba alarmado cada vez que movía la cabeza, porque sentía que iba a caer al vacío... cosa que en realidad estaba pasando. Una hora de algo que no se puede calificar como sueño después, y Borman pidió permiso para tomarse una píldora para dormir. Y ¡(su imprecación favorita)! no tuvo gran efecto. Peor aún, cuando acabó el martirio de ese primer descanso, Borman se sentía enfermo y vomitó dos veces. Hasta tuvo un poco de diarrea. Y eso no era lo peor: llenó la nave de globulitos de vómito y cosas peores (en palabras de Cata: ¡Yuk!). La tripulación limpió lo mejor que pudo. Borman no quería que el mundo supiera lo que había pasado allá arriba, pero Lovell y Anders de cualquier manera debían informar a Control de Misión. Decir por el canal capcom lo que le había sucedido a Borman implicaba que la transmisión fuera escuchada por los cientos (tal vez miles) de radioaficionados que podían sintonizar ese canal de comunicaciones en particular. Así que se les ocurrió que podían usar el Equipo de Almacenamiento de Datos, el cual servía para que la nave enviara telemetría y comentarios de voz, que era entonces enviada a la Tierra a gran velocidad (para aquellos tiempos, claro). Después de grabar una descripción de lo sucedido a Borman, solicitaron a Control de Misión que analizaran la grabación y que solicitaban una evaluación de los comentarios de audio.


El personal médico se reunió en el segundo piso del Control de Misión en Houston para poder hablar con los tripulantes. El control de misión estaba duplicado para evitar cualquier fallo, y en esa misión el del tercer piso era el utilizado por los controladores de vuelo, mientras el del segundo piso funcionaba como espejo. Así que se realizó una comunicación privada con los astronautas en el control espejo, en el cual se llegó a la conclusión de que no había gran cosa por qué preocuparse: la causa era seguramente una gripita pasajera o una reacción a la píldora para dormir. Un análisis posterior reveló que en realidad Bowman sufría del Síndrome de Adaptación al Espacio, que afecta a uno de cada tres astronautas por unos días, mientras el sistema de orientación del oído interno se acostumbraba a estar en un ambiente de gravedad cero (donde no tienes peso, pero sí toda tu masa, y el arriba y abajo son meros puntos de referencia). Nunca antes se había notado ese síndrome porque ninguna misión había tenido tanta libertad de movimiento.


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¡Y aquí tenemos al afortunado ganador de la semana! Frank Borman, al centro, demostrando que en casa él es el que lleva los pantalones... a la tintorería. Ejem...




Para fortuna de nuestros héroes, el resto de la etapa de crucero del Apolo 8 pasó tranquila y sin incidentes, con la tripulación checando que todo estuviera bien y en orden, y con Lovell y Anders alejándose ligeramente cuando Borman les daba la espalda. La NASA tenía programada una transmisión de televisión a las 31 horas del viaje. Se utilizó una cámara de blanco y negro con un peso de dos kilos (bastante ligera para la época) con dos lentes: uno de ángulo ancho (muy ancho: 160 grados de apertura) y un telefoto (de nueve grados de apertura). En esta transmisión, la tripulación trató de darle un paseo por la nave a los televidentes y mostrarles la Tierra desde muy arriba. Borman describía lo que se veía desde la ventana del Apolo 8 porque, lamentablemente, en la Tierra lo único que veían los televidentes era un disco blanco. A falta de filtros apropiados, la luz de la Tierra saturó la cámara. El hecho de no tener con qué visualizar la imagen hacía que los astronautas apuntaran a ciegas. Y después de 17 minutos de transmisión, la rotación del Apolo 8 debido al Modo de Rosticería hizo que la antena de alta ganancia dejara de apuntar a la Tierra. Lovell alcanzó a terminar la transmisión deseándole a su mamá un feliz cumpleaños.


Para este momento el horario planeado para que los astronautas durmieran había sido hecho bolita y tirado al cesto de la basura. A las treinta y dos horas y media del lanzamiento, Lovell se durmió, tres horas y media antes de lo planeado. Media hora después Anders hizo lo mismo, tomándose una píldora para dormir y --dicen los malintencionados-- recomendándole a Borman que se pusiera un tapón para pasar la jornada. Para este momento, a pesar de dirigirse hacia allá a muy altas velocidades, ninguno de los tres astronautas había visto la Luna. Y es que, de las cinco ventanas que tenía la nave, tres estaban empañadas por culpa del sellador de silicón, que al calentarse con el sol había lanzado algunos gases; y a que la posición de la nave impedía que pudieran ver la Luna desde las otras dos ventanas. De hecho, no fue sino hasta que la tripulación le dio la vuelta a la Luna que pudieron verla en todo su esplendor.


Habían transcurrido ya 55 horas desde el despegue y era tiempo de hacer otra transmisión de televisión. Para entonces, los astronautas se las habían ingeniado para tomar los filtros de las cámaras fotográdicas y montarlas en el teleobjetivo de la cámara de TV. Parece ser que un jovencito llamado Angus MacGyver se enteró de esto y comenzó una fructífera carrera como espía, utilizando como principales herramientas para desfacer entuertos una útil navaja suiza y toneladas de rollos de cinta de ducto. Pero divago. Decía yo que los astronautas tenían que hacer una transmisión de televisión. Ésta vez, el encargado de describir las imágenes fue Jim Lovell, que describió lo mejor que pudo la Tierra, lo que era visible y los colores que se podían ver. Esta vez, la transmisión duró 23 minutos y Lovell ya no le deseó un feliz cumpleaños a su mamá.


Y a las cincuenta y cinco horas y cuarenta minutos desde el despegue, el Apolo 8 entró al campo gravitacional de un cuerpo celeste que no era la Tierra. Si bien técnicamente esto no es correcto (la Luna está en la influencia del campo gravitacional terrestre, y la tierra está en la influencia del campo gravitacional solar, y así sucesivamente) en la práctica la gravedad que ejercía la Luna era mayor a la gravedad que ejercía la Tierra, así que ahora, y para todo efecto práctico, el Apolo 8 estaba bajo control de Selene. Haciendo un poco de cálculos matemáticos, los tres hombres se encontraban a 62,377 kilómetros de distancia de la Luna, viajando a una velocidad de 1,216 m/s; es decir, iban rapidísimo. Increíblemente, el momento les pasó desapercibido a los astronautas porque los jovenazos aún estaban calculando su trayectoria y velocidad con respecto al Cabo Kennedy. Y seguirían haciéndolo hasta que efectuaran su última corrección de curso, cuando cambiarían a un marco de referencia basado en la orientación ideal de la nave respecto a la Luna, y utilizarían por segunda ocasión el motor del Sistema de Propulsión de Servicio para darse un empujón en la órbita lunar. Faltaban 13 horas antes de que estuvieran en órbita alrededor de la Luna.


El mayor evento antes de insertarse en la órbita lunar era la segunda corrección de curso. Ésta debía ser retrógrada, es decir, se debía desacelerar la nave algo así como 60 centímetros por segundo. De esta manera, la distancia a la que pasaría la nave de la superficie de la Luna sería menor, permitiendo que se insertaran en órbita. Exactamente a las 61 horas de efectuado el lanzamiento, y a 39,000 kilómetros de distancia de la Luna, la tripulación encendió el motor del Apolo 8 por 11 segundos. Eso les permitiría dar una vueltecita por la luna a escasos 115 kilómetros de distancia, que en términos astronómicos es como para extender la mano y tocar la Luna. Y sin una atmósfera que te dificulte la visualización, la vista sería perfecta (si descontamos el maldito vaho del aislante de silicón en las ventanillas). Tres horas después, la tripulación se preparó para ejecutar la acción LOI-1: Lunar Orbit Insertion-1, es decir, la primera Inserción en Órbita Lunar de la Historia. No había margen para el error. Muy abajo, y caes a la Luna. Muy arriba, y te vas al espacio sin posibilidades de regresar a Casa. Y peor aún: había que hacerlo en la Cara Oculta de la Luna por culpa de la física mecánica orbital. No sólo ningún ojo humano había visto en vivo y en directo el Lado Oculto de la Luna; tampoco había posibilidades de comunicarse con la Tierra, porque había un estorbo muy grande: la Luna. Qué ironías...


En Houston, el Control de Misión estaba preocupado. Sí, se habían hecho miles de cálculos y simulaciones. Pero, ¿Y si algo fallaba? ¿Y si los muchachos no podían insertarse? ¿Y si no existiera Santa Claus? Se tomó entonces una decisión democrática. La pregunta era un simple "¿Va o no va?" A las 68 horas, Control de Misión les informó que la decisión era "Va, montando el mejor pájaro que pudimos encontrar." (Go, "riding the best bird we can find"). Sesenta y ocho horas con cincuenta y ocho minutos después del despegue, el Apolo 8 se ocultó detrás de la Luna.


Diez minutos antes de la inserción lunar, la tripulación inició un último chequeo de la nave, esperando no tener problemas porque ya no había forma de comunicarse con la Tierra. Verificaron que cada switch estuviera en su posición adecuada, que cada contacto que debía estar cerrado estuviera cerrado, que cada contacto abierto debía estar abierto, que cada luz que debía estar encendida estuviera encendida y que cada luz que debía estar apagada permaneciera apagada, en resumen, que todo estuviera bien. Y entonces los astronautas, faltando dos minutos para iniciar la maniobra, vieron al sol iluminando oblicuamente la superficie lunar. Fue Lovell quien lo vio primero, pero había tan poco tiempo para admirar...


Exactamente a las 69 horas, 8 minutos y 16 segundos desde el lanzamiento, el Sistema de Propulsión de Servicio se encendió por cuatro minutos y 13 segundos, colocando al Apolo 8 y su tripulación en órbita alrededor de la Luna. La tripulación describiría ese tiempo como los cuatro minutos más largos de toda su vida. Y es todo debía ser perfecto, con exactitud milimétrica (a escala espacial, claro está), si no querían ir a visitar Saturno o ver la superficie de la Luna muy de cerca y sin posibilidades de retorno. O incluso hubieran podido haber terminado en una órbita elíptica que hubiera hecho peligrar la misión o incluso impedir que se llevara a cabo. Tras verificar que todo estuviera en orden, los tres astronautas lanzaron un suspiro de alivio y se prepararon para ver a la Luna de cerca durante las siguientes 20 horas.






Mientras tanto, en Houston, Control de Misión seguía esperando. ¿La inserción lunar habría sido exitosa? ¿La Luna ya conocería lo que es tener su propio satélite? ¿se habrán estrellado los astronautas? ¿habrán salido disparados con dirección a Neptuno? ¿Existe Santa Claus? Y entonces, justo en el momento preciso, se recibió una señal proveniente de la nave, indicando que el Apolo 8 mantenía una órbita de 311 por 112 kilómetros sobre la Luna.



Esta historia continuará...


24 jul 2006

El Hombre va a la Luna (i)

Hace ya un titipuchal de años, más concretamente 37 años, es decir, 4 años más de la edad que un servidor de ustedes tiene, un par de hombres llegaron a la Luna mientras uno más quedaba en órbita. Los dos astronautas que llegaron a la Luna son Neil Armstrong y Edwin Aldrin. Aldrin se cambiaría oficialmente el nombre a su apodo, Buzz, olvidando el Edwin. Michael Collins es el hombre responsable de traerlos de vuelta a la Tierra.


Todo mundo recuerda a Armstrong y a Aldrin. Todo mundo olvida a Collins. Prácticamente nadie sabe que Aldrin hizo una pequeña ceremonia de Comunión en la Luna.


Y salvo algunos interesados en el tema, parece que todo mundo ha olvidado que el Apolo 11 no es la misión más importante del Programa Espacial Apolo.


Hoy voy a hablar in extenso sobre el Apolo 8.


La llegada del hombre a la Luna fue una carrera constante entre los éxitos y los fracasos.


El fatal accidente del Apollo/Saturn 204, hoy conocido de manera retroactiva como el Apollo 1, frenó en seco la carrera espacial de los Estados Unidos de América, pero tuvo su utilidad para descubrir los graves errores que se estaban cometiendo en el Programa Apolo. Tres astronautas, Virgil Grissom, Ed White, y Roger B. Chaffee, murieron durante una prueba de lanzamiento, al quemarse vivos dentro de la cápsula por culpa de un cortocircuito. Contrariamente a lo que la gente piensa, el Apolo 1 no fue un fallo durante el lanzamiento. Fue una prueba de lanzamiento, en el cual todos los sistemas serían desconectados y se simularían las condiciones existentes en el espacio: alimentación por baterías, comunicaciones, flujo y reciclaje de aire, etcétera y demás. De haber sido exitoso, muy probablemente los tres astronautas hubieran despegado el 21 de febrero de 1967.


Ese fatídico 27 de enero de 1967, Grissom, White y Chaffee ingresaron a la cápsula vestidos con el traje espacial y todo el equipamiento necesario, a la una de la tarde en punto. Fueron ajustados en sus asientos exactamente igual a como lo hubieran hecho en un vuelo verdadero. Inmediatamente comenzaron los problemas. El experimento inicial fue abortado cuando Grisom reportó un hedor rancio en el aire de su traje. Se cambió el aire del traje y de la cápsula y el experimento se reaundó a las 2:42. A las 2:45 se cerró la escotilla y comenzó el experimento.


Lo primero fue reemplazar el aire en la cápsula por oxígeno puro. En teoría, esto era porque el aire pesaba más que el oxígeno puro para una misión en el espacio. El riesgo de una explosión catastrófica fue minimizado. Y los problemas continuaron. Primero se reportó una alarma sobre un elevado flujo de oxígeno (peligroso para la tripulación), luego, fallos en las comunicaciones entre la tripulación, Operaciones e Inspección, la Sala de Control y el bloque general del Complejo de Lanzamiento 34. Grissom dijo: "Si no puedo comunicarme con ustedes a media milla, ¿cómo podré hacerlo desde la Luna?" El experimento se detuvo hasta las 5:40, cuando se reanudó. La mayor parte de las funciones de la cuenta regresiva para el lanzamiento se habían completado satisfactoriamente hacia las 6:20, pero la cuenta regresiva habia sido detenida a T menos 10 minutos a eso de las 6:30, cuando aún se trabajaba en los problemas de comunicación.


A las 6:31 una voz (probablemente de Chaffe, que era el único con un canal de comunicación claro) gritó en el canal de comunicación, COM: "¡Hay fuego en la cabina!" Unos segundos después la transmisión cesó con un grito de dolor. En los monitores de televisión se veía a White tratando de abrir la escotilla. Instantes después los tres astronautas estaban no sólo muertos, sino calcinados.



Era imposible para los astronautas salir. No sólo la escotilla estaba diseñada con dos piezas, que requería que la tripulación desatornillara diversas tuercas para poder remover la sección inicial: ésta también abría hacia adentro, intencionalmente, para que la presión interna de la cabina mantuviera cerrada la escotilla. Los gases calientes producidos por lel fuego no sólo impudieron que la cabina se abriera por dentro: se acumuló tanto la presión que la cápsula se rompió. Cuando los cuerpos de rescate pudieron llegar, 14 minutos después, no había nada qué hacer por los hombres en el interior de la cápsula.


Tengo muy presentes unas pocas palabras que pronunció Gus Grissom:


"If we die, we want people to accept it. We are in a risky business and we hope that if anything happens to us it will not delay the program. The conquest of space is worth the risk of life."

"Si morimos, esperamos que la gente lo acepte. Estamos en un negocio peligroso y esperamos que si algo nos pasa eso no retrase el programa. La conquista del espacio vale el riesgo de muerte."


Tal y como Grissom lo esperaba, el programa no fue retrasado de manera considerable tras su muerte. Se corrigieron la mayor parte de los desperfectos y se hicieron ajustes importantes: el fallo catastrófico que llevó a que los tres astronautas murieran fue subsanado por dos diferentes formas: primero, dejó de usarse oxígeno puro en el módulo que albergaba a la tripulación (causa de que el fuego que los mató fuera tan intenso); y segundo, se ajustó la escotilla de la nave (para que pudiera abrirse por fuera y por dentro con facilidad en caso de una emergencia).

Así, el Apolo 4 fue el primer proyecto exitoso del programa Apolo, sin personal a bordo. Los nombres Apolo 2 y el Apolo 3 no fueron usados por misión alguna, el 4 fue un primer proyecto con el primer cohete Saturn V y las cápsulas de la misión debidamente modificadas, para probar si soportarían el reingreso a la Tierra. El Apolo 5, también sin personal, probó las cápsulas para verificar si serían capaces de ascender y descender en los rigores del espacio, de hecho, sería la primera vez que se activara a voluntad un cohete en el espacio. También fue una prueba para un posible aborto de la misión de descenso a la Luna, algo que no pudo ser probado, ni aún en el caso del Apolo 13. El Apolo 6 fue la última misión sin tripulación. Diseñado y pensado para ser la última prueba antes de un vuelo real, y para ser el peor caso posible de reingreso, el Apolo 6 falló por problemas en los cohetes, que en vez de dejarlo en una órbita estable a 160 kilómetros de la tierra, lo dejaron en una órbita elóptica de 137 por 370 kilómetros, y falló al reintentar poner el módulo en una trayectoria translunar. Para solventar ese problema, se decidió usar el cohete del Módulo de Servicio para subir un poco la nave para completar algunos de los objetivos de la misión. El cohete se mantuvo activo por 442 segundos, mucho más de lo que cualquier misión Apolo real hubiera necesitado, y logró alcanzar una órbita de 22,200 kilómetros. Lamentablemente, no hubo combustible suficiente para acelerar la reentrada, y en lugar de los 11,270 metros por segundo planeados, la nave sólo alcanzó 10,000 m/s, acuatizando a 80 km de la estimación inicial.


Lo datos obtenidos de ésta misión probaron ser de gran utilidad para el Apolo 7. Ésta misión, tripulada por Wally Schirra, Donn Eisele y Walter Cunningham, la tripulación de reemplazo para el Apolo 1, le permitió a la NASA retomar confianza. Dado que no estaba diseñado para llegar a la Luna, sino sólo alcanzar la órbita necesaria para el viaje, ésta misión fue lanzada con ayuda de un cohete Saturno IB en lugar de un Saturno V. La misión funcionó con muy pocos problemas. El Sistema de Propulsión del Módulo de Servicio, el cohete que colocaría al Apolo en órbita lunar, y lo que es más importante, lo sacaría de ella, fue disparado ocho veces, prácticamente perfecto en cada ocasión.


A pesar de que la cabina del Apolo era mucho más grande que la de las misiones Gemini, once días en órbita le pasaron factura a los pobres astronautas. La comida era mala, y a los tres les dió gripe. evidentemente, los tres se pusieron irritables, al grado de que a Schirra le molestaban las órdenes de Control de Misión y los tres comenzaron a responderle de mala manera a CapCom (Capsule Communications, es decir, el único en la Tierra capaz de comunicarse al Espacio para evitar problemas de comunicación). Como resultado, a ninguno lo seleccionaron para misiones subsecuentes. A pesar de eso, la misión fue un éxito, demostrando que la nave Apolo era eficaz en el espacio.

Llegó entonces el Momento de la Verdad. Hasta ese momento, ninguna nave, ni americana ni rusa, había llegado más allá de una alta órbita terrestre. El 21 de Diciembre de 1968, una nave sería la primera en abandonar el dominio de la Tierra. Frank Borman, James Lovell y William Anders fueron los astronautas seleccionados para tripular el Apolo 8.


Ésta misión, sin lugar a dudas la más importante de todo el programa espacial Apolo.


El Apolo 8 fue lanzado a las 7:51 AM La primera fase del despegue transcurrió con un mínimo de problemas: la primera etapa del cohete Saturno V tuvo un rendimiento menor al esperado por 0.75%, por lo que, para compensar, el cohete tuvo que quemar combustible otros 2.45 segundos. Para el final de la segunda etapa, el cohete comenzó a tener sacudidas (un poco como si tuviera hipo) estimadas en 12 hertz y ±2.5 m/s². Como resultado, el Saturno V terminó colocando a la misión en una órbita de 181.5 km por 191.3 km, con una órbita cada 88 minutos y 10 segundos. La altura ideal debía de ser de 185 km de apogeo.


Durante las siguientes dos horas y treinta y ocho minutos la pripulación y Control de Misión trabajaron para checar que la nave estuviera lista para la Inyección Translunar, es decir, para que la nave se impulsara con dirección a la Luna. En este punto la tripulación transformó la cápsula de su forma inicial de carga impulsada por cohetes, a una nave espacial por derecho propio. La tercera etapa del Saturno V debía estar en condiciones de hacerlo: en el Apolo 6, el cohete no pudo reencenderse. Además, estaba el problema de las comunicaciones. Para poder trabajar de manera adecuada, la comunicación entre el Apolo y el centro de control debía efectuarse a través de una sola persona, el Capcom. Para el Apolo 8, se designaron tres capcoms en turnos de ocho horas y en rotación constante. El primer capcom era Michael Collins, y a las 2 horas, 27 minutos y 22 segundos desde el despegue, dijo: "Apollo 8. You are Go for TLI". Oficialmente los astronautas tenían permiso para ir a la Luna. Por doce minutos la tripulación del Apolo 8 verificó que todo estuviera bien, y entonces se encendió de nueva cuenta el Saturno V. Funcionó perfectamente por 5 minutos y 17 segundos, llevando a los astronautas a una velocidad de 10,822 m/s) hasta una altura de 346.7 km. La velocidad más rápida registrada hasta ese momento por humano alguno.

Una vez que el Saturno V cumplió su última labor, era tiempo de separarse de tan poderoso artefacto. El Apolo 8 se separó de la tercera etapa en tiempo y forma, de manera que los astronautas pudieron fotografiarlo a la perfección cuando giraron la nave y volaron en formación con ella. Paralelamente, al rotar, la tripulación tuvo la más hermosa de las vistas: la Tierra entera vista desde el Espacio, vista por primera vez por ojos humanos.

En ese momento, Borman comenzó a preocuparse. El Saturno V permanecía aún muy cercano al Apolo 8, y sugirió a Control de Msión que se permitiera una maniobra de separación. Tras analizar los datos recabados (una tarea complicada, porque las computadoras en ese entonces eran muy primitivas, no había calculadoras de mano y algunas tareas había que hacerlas con regla de cálculo), Control de Misión sugirió inicialmente que se apuntara la nariz del Apolo 8 a Tierra y usando los cohetes del Sistema de Control de Reacción del Módulo de Servicio, se añadieran 0.9 m/s de propulsión, pero Borman no quería perder de vista al Saturno V. Tras mucha discusión se decidió apntar en esa dirección, pero a 2.7 m/s. Por esta discusión, la tripulación se retrasó una hora del plan de vuelo original.


Cinco horas después del lanzamiento, Control de Misión controló al Saturno V para que soltara su combustible restante, cambiando su trayectoria de manera que sobrevolara la Luna y entrara en órbita alrededor del Sol, de manera que no fuera un riesgo para la tripulación. Y allá está afuera, con una traslación de 340.80 días, una inclinación de la Elíptica de 23.47 grados, y a una distancia de entre 0.92 y 0.99 Unidades Astronómicas del Sol.


Un poco después de esta crucial parte de la misión, el Apolo 8 cruzó los Cinturones de Van Allen, que se extienden hasta a 25,000 km de la Tierra. En teoría, los astronautas recibirían un miligray de radiación al pasar a través del cinturón. Un miligray es apenas lo encesario para tomar una placa con rayos X del pecho de un humano común y corriente. Generalmente todos recibimos entre 2 y 4 miligrays al año sin problemas. Esto en teoría, recuérdese. En la práctica, nadie sabía lo que pasaría. Así que a cada astronauta se le colocó un dosímetro personal de radiación para ser leído a su regreso a la Tierra. Así mismo, se colocaron otros tres dosímetros pasivos que mostravan el nivel de radiación experimentado por toda la tripulación. ¿El resultado? Ida y vuelta, 1.6 miligrays.


El trabajo de Jim Lovell como Piloto del Módulo de Comando consistía, escencialmente, de ser el navegante si por alguna razón se perdía la comunicación con Control de Misión en el viaje de regreso. Para esto, se habían designado algunas estrellas fijas que debían medirse con ayuda de un sextante construido en la nave, de manera que se podía medir el ángulo entre una estrella y el Horizonte entre la Tierra o la Luna. Pero lamentablemente, la expulsión de combistible del Saturno V ocasionó una nube de desechos alrededor de la nave espacial (que algunos ovnilocos han pretendido identificar como naves extraterretres que seguían al Apolo). Esta basura interplanetaria hizo bastante difícil identificar cuáles eran las verdaderas estrellas. Habian pasado ya siete horas desde el despegue, y el retraso entre la desición de alejarse del Saturno V y la imposibilidad de encontrar las estrellas por parte de Jim Lovell ocasionó que el plan de vuelo terminara retrasado por casi una hora con cuarenta minutos. Y entonces el Apolo 8 entró en Control Termal Pasivo, más apropiadamente llamado Modo de Rosticería.


¿Qué es el Modo de Rosticería? ¿Qué pasó con los tripulantes del Apolo 8? ¿Existe Santa Claus?


¡No se pierdan la continuación de esta emocionante historia, apropiadamente denominada "El Hombre Va a la Luna (ii)"!

5 jun 2006

Cananea

Imagínese usted vivendo en Sonora, a principios del siglo XX. Trabaja para The Cananea Consolidated Copper Company, es usted uno de los 5350 trabajadores mexicanos de la empresa, y recibe tres pesos y cincuenta centavos por una jornada de 10 a 12 horas de trabajo. Hay en la misma mina otros 2200 gringos, carpinteros en su mayor partem que reciben 5 dólares diarios por un trabajo la mitad de duro. Las condiciones de trabajo son deplorables. Usted está harto, y cansado. El cinco de mayo, durante las celebraciones, escucha usted a algunos líderes demandar mejores condiciones de trabajo y un pago igual al de los norteamericanos por trabajo igual. Usted los apoya directamente. Las autoridades mexicanas aplican la ley marcial para evitar mayores conflictos; se afectan los intereses de los gringos, y al gobierno mexicano eso no le conviene. Pero eso no le importa a usted ni a sus compañeros. Es la noche del 1 de junio, y hace calor. Usted es uno de los cientos de trabajadores que se van a huelga. Usted no lo sospecha: pero está usted a punto de convertirse en mártir.
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La Cananea Consolidated Copper Company, S.A., propiedad de William C. Greene, era la mayor compañía minera de la región. Durante las celebraciones del 5 de Mayo, Esteban Baca Calderón, anarquista, pidió a nombre de todos los trabajadores mexicanos mejores condiciones laborales y un aumento de sueldo. Pedía una jornada de 8 horas de trabajo, 5 pesos de salario, y el cambio de capataces, para que se tratara con decencia a los trabajadores. Las peticiones fueron presentadas a William Greene, quien las rechazó. Los obreros se reunieron en Pueblo Nuevo y decidieron la huelga para el 1° de junio de 1906. Así, en las primeras horas, al cambio de turno, las actividades fueron suspendidas. Las autoridades y los patrones siempre estuvieron alertas y vigilantes de todos los movimientos que realizaban los obreros, por medio de soplones. Una comisión negociadora de los obreros se reunió con la parte patronal a pactar; después de varias horas de discusión, todas las peticiones fueron rechazadas. Ante esta cerrazón, los obreros concentrados frente a la mina iniciaron una gran marcha hacia las otras localidades de Cananea, para que se les unieran los trabajadores de las otras minas. La población aclamó la marcha, los obreros se fueron uniendo hasta rebasar los 3,000. Los líderes de ese movimiento eran Juan José Ríos, Manuel M. Diéguez, y Esteban Baca Calderón, entre otros. Paralelamente, una fracción de los obreros, que planeaban dinamitar la casa de Greene y otros lugares estratégicos, habían sido delatados sin lograr cumplir sus objetivos. El grupo pacífico avanzó con rumbo a la maderería de la compañía, en la cual la mayor parte de los trabajadores eran norteamericanos. Fueron recibidos con una descarga de fusilería que mató a tres huelguistas e hirió a otros mas. La masa, enardecida y sin más armas que piedras, linchó a George Metcalf, William Metcalf, Conrad Kubler y Bert Rusler, antes de prender fuego a la bodega. Los huelguistas marcharon hacia el Palacio Municipal. El Gobernador Rafael Izábal, auxiliado por 275 rangers norteamericanos que había pedido el Cónsul norteamericano, mas los guardias rurales, se aprestaron a la matanza, que comenzó cuando la marcha estuvo a la vista; algunos obreros consiguieron armas y enfrentaron en gran desventaja a los represores

Ya no había marcha atrás. Los norteamericanos se reunieron para defenderse, y como contaban con armas de fuego, persiguieron a los huelguistas por las calles de Cananea, obligándolos a buscar refugio en la sierra. Los obreros lograron incendiar cinco depósitos de madera, uno de semillas, uno más de forrajes, la tienda de raya y el edificio de la maderería. Las crónicas de la época dicen que el fuego podía verse en Douglas, Arizona.

El gobernador Izábal y el General Luis E. Torres, Jefe de la Primera Zona Militar de Sonora, no lograron reestablecer el orden con facilidad. Para el día 3 Cananea se encontraba bajo ley marcial; se contaban 25 muertos y 22 heridos entre ambas partes, y fueron consignados otros 50 individuos, a quienes se acusó de ser los agitadores del movimiento. Entre los prisioneros se encontraban Calderón, Diéguez, y Francisco M. Ibarra, quienes fueron enviados inmediatamente a las mazmorras de San Juan de Ulúa.

El dia 4 se desarticuló el movimiento. Se reanudaron las labres en la mina, aunque muchos huelguistas faltaron, por temor a las represalias. No se logró ninguna mejora en las condiciones; aunque Greene intentó ceder, el gobierno mexicano se lo impidió. En todo México Cananea era discutido con ferocidad, a favor y en contra del movimiento; pero en una cosa todos coincidían: se desaprobaba que el Gobierno hubiera permitido la entrada al pais de mercenarios norteamericanos para intervenir en un conflicto netamente nacional. Los periódicos opositores al régimen escribían furiosos editoriales en los que reprochaban al Gobierno de Porfirio Díaz que tolerara la inmigración de norteamericanos, que sólo venian a quitar el trabajo a nuestros obreros y a llenarlos de oprobio; fueron ellos quienes sugirieron públicamente la creación de un reglamento del trabajo en México. Para el 22 de junio de 1906, llegó a México el gobernador Izábal, a responder de su actitud sobre la huelga de Cananea. Los opositores creían que iba a ser procesado y que se haría justicia en tan sonado asunto, pero después de dos meses regresó a Sonora para seguir gobernando.

El daño ya estaba hecho. La primer huelga de México había generado mártires; y con ello, se había sembrado la semilla de lo que, en 1910, habría de convertirse en la Revolución Mexicana.

9 may 2006

El Batallón de San Patricio

Un episodio de la vida nacional que, a pesar de que mucha gente ha oído hablar de él, y en realidad muy pocos lo conocen, es el relativo a Juan Reley y el Batallón de San Patricio.

Jon O'Riley nace en Clifden, Connemara, County Galway,Irlanda, en 1805. Emigró muy joven a América, más específicamente a los Esados Unidos de América. Para facilitar la obtención de la ciudadanía, O'Riley se integra al Ejército, donde alcanza el grado de teniente. Estando al mando de la compañía K del Quinto Regimiento de Infantería de Estados Unidos, O'Riley deserta, muy probablemente por la actitud racista de los altos mandos, más específicamente, por su política respecto de los católicos. Su deserción la efectuó antes de la declaración formal de guerra entre Mexico y Estados Unidos. O'Riley emigra a México, donde forma el Batallón de San Patricio junto con Patrick Dalton. El Batallón de San Patricio se pone al mando del Ejército mexicano, y llegarían a ser parte de él casi 800 soldados, la mayoría inmigrantes irlandeses, aunque también había un gran número de inmigrantes de otros países católicos. O'Riley aprendió a hablar español y se le conocía en México como Juan Reley.

La mayor parte de los soldados irlandeses profesionales desertó del ejército de los Estados Unidos de América a raíz de un incidente en los primeros días de la guerra. Se dice (aunque no se sabe con certeza) que los irlandeses cruzaban al lado mexicano de la frontera para asistir a misa. Los altos mandos del ejército, al descubrirlos, ordenó duros castigos físicos para los soldados, que se rebelaron ante sus superiores y desertaron en masa, uniéndose a las filas mexicanas

Probablemente fue el propio Ejército de los Estados Unidos el principal culpable, pues se practicaba una discriminación brutal y extensa contra los soldados católicos. Hay numerosas pruebas de que los oficiales protestantes animaban la profanación de imágenes religiosas y el vandalismo contra las parroquias católicas en territorio mexicano. Las violaciones hacia las mujeres católicas y el pillaje de las propiedades de los católicos era ampliamente perdonado (cuando no alentado, o inclusive participando) por los oficiales del ejército invasor. Además, se sabe que para alentar la deserción de las filas norteamericanas, el ejército de México reclutaba activamente estadounidenses católicos presentando la guerra como una lucha entre Protestantes opresores y Católicos (equiparando la lucha a la que ocurría entre Irlanda e Inglaterra), y ofrecían importantes concesiones de tierras a quienes abandonaran el ejército de Estados Unidos en favor del de México.

El primer combate del Batalón de San Patricio como unidad mexicana es la Batalla de Monterrey, que tuvo lugar el 21 de septiembre de 1846. El Batallón se desempeñó como una batería de artillería al mando de Juan Reley. Reley y su tropa sirvieron con distinción y tenacidad. Se tienen registros de que lograron rechazar con éxito dos veces al ejército norteamericano, notablemente más preparado y mejor armado. La tenacidad y el valor valor de los soldados mexicanos, no obstante, no evitó la derrota del ejército y la caída de la ciudad.

Tras Monterrey, el Batallón crece en número, hasta alcanzar casi los 800 hombres. Pese a su extraordinario desempeño como artilleros en varias batallas, Antonio López de Santa Anna ordenó que el batallón se convirtera en una unidad de infantería, a mediados de 1847. La decisión de Santa Anna parecía acertada, por el hecho de que el Batallón de San Patricio ganó la batalla de Cerro Gordo, prácticamente sin ayuda. Dado que los soldados que desertaran se enfrentarían a la pena de muerte tras juicio sumario, los miembros del Batallón de San Patricio fueron usados para contener la desbandada de tropas mexicanas con la amenaza del "fuego amigo" si se retiraban. Pero el combate pronto se salió de toda proporción, por lo que cuando la mayor parte de las tropas mexicanas se desbandó y emprendió la retirada, el Batallón de San Patricio le hizo frente a las tropas estadounidenses en combate cuerpo a cuerpo. La tenacidad de los integrantes del batallón fue tal que lograron ganar la batalla, aunque hubo considerables bajas.

Lamentablemente, un batallón de artillería no se puede conertir en uno de infantería de la noche a la mañana. Esto quedó demostrado el 20 de agosto de 1847.

La batalla comenzó en Padierna, entre lo que ahora son los barrios de San Ángel y Contreras de la Ciudad de México. La División del Norte, a cargo del general Gabriel Valencia, se enfrentó, ya muy mermada, contra las tropas del general Wilfield Scott. Scott pudo hacer pasar sus cañones de artillería entre la roca volcánica de "El Pedregal", restos de la erupción del Xitle. Santa Anna había ordenado a Valencia (que estaba a cargo de la División del Norte) no pelear batalla en el desventajoso terreno del Pedregal. Cuando los norteamericanos atacaron a la División del Norte, Valencia respondió a la ofensiva, y Santa Anna, como castigo por su desacato, se quedó observando la batalla desde San Ángel sin dar ningún apoyo. Como resultado, la División del Norte fue totalmente despedazada y constituyó un importante episodio de desmoralización, pues los heridos tuvieron que atravesar Tacubaya y Mixcoac para ser atendidos. El ejército norteamericano avanzó hasa Churubusco.

Las fuerzas mexicanas se establecieron en el convento de Santa María de Churubusco, y las fuerzas armadas estadounidanses se prepararon para atacarlos. Aunque el convento no era más alto que sus alrededores, sus bardas de piedra constituían una buena defensa. Además, los norteamericanos tendrían que cruzar un río para llegar allá, lo cual daría tiempo al ejército mexicano para preparar a medias trincheras y encarar otro enfrentamiento. Los defensores mexicanos sumaban 1.300 personas, y pertenecían a los batallones Independencia, Bravos y San Patricio. La lucha fue constante y desventajosa para los mexicanos, dirigidos por el General Pedro María Anaya. Tras algunas horas de combate, las fuerzas mexicanas se quedaron sin municiones y una bomba provocó una explosión en la reserva de pólvora que los dejó sin posibilidades de seguirse defendiendo. Cuando el general Twiggs entró al convento pidiendo a los soldados mexicanos que entregaran las armas, la pólvora y el parque, el General Anaya pronunció la frase más famosa de la Guerra de Intervención Norteamericana: "Si hubiera parque, no estaría usted aquí."

Los batallones Independencia, Bravos y San Patricio fueron aniquilado ante la poderosa artillería norteamericana, que capturó a muchos soldados. Los sobrevivientes fueron reorganizados justo antes de la batalla de la Cudad de México del 12 de septiembre de ese mismo año. Sus esfuerzos, sin embargo, no fueron suficientes para contraarrestar el poder militar norteamericanos; la ciudad caería ese mismo día.

Entre los prisioneros cpturados por los norteamericanos se encontraba Juan Reley. Los soldados capturados por los norteamericanos sufrieron muy duras represalias, puesto que habían presentado la resistencia más dura en las batallas entre las dos naciones. Los que formaban parte del Ejército antes de la declaración oficial de Guerra, como Reley, fueron marcados con la letra D (por "desertor") con hierro candente en la cara, y condenados a trabajos forzados. Quienes se unieron a los mexicanos después de la declaración de guerra, fueron ahorcados en masa, como traidores, frente al sitio de la Batalla de Chapultepec, el 12 de septiembre. Por orden del general Winfield Scott, fueron ejecuados en el momento preciso en que la Bandera de los Estados Unidos de América reeemplazó a la bandera de México. Cuando la bandera alcanzó lo más alto del asta se abrió la trampilla del cadalso.

El Batallón fue desbandado en 1850. La mayor parte de los que sobrevivieron a la guerra desaparecieron de la historia. Unos pocos pudieron reclamar las tierras prometidas por el gobierno mexicano. Para conmemorar la ayuda de los Irlandeses en el ejército Mexicano, la calle frente al convento de Santa María de Churubusco se llama Mártires Irlandeses. El Batallón San Patricio es conmemorado en dos diferentes días en México; el primero el 12 de Septiembre, el aniversario de las primeras ejecuciones, y el otro el 17 de marzo, día de San Patricio. Robert Ryal Miller, autor de "Shamrock and Sword", descubrió el certificado de defunción de O'Riley. Dice:

"En la ilustre ciudad de Veracruz, el 31 de Agosto de 1850, yo, Don Ignacio Jose Jimenez, cura de la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, entierro en el cementerio general el cuerpo de Juan Reley, de 45 años de edad, natural de Irlanda, soltero, parientes desconocidos."

4 may 2006

Día del trabajo

Imagínense ustedes vivir a mediados del siglo XIX. Son ustedes empleados en una maderera, en una cervecería, en una acerera. Son mineros de carbón de hierro, de estaño. Trabajan ustedes 12 o hasta 16 horas por un salario miserable, en condiciones insalubres, siete días a la semana, sin conocer de seguridad industrial ni siquiera el nombre. Si se accidentan, mala suerte. Si mueren, mala suerte. La única prestación que tienen, si se le puede llamar prestación, es el permiso de beber del pozo de agua de la compañía. "La mugre es dinero" es el lema de las grandes compañías. Voces se alzan sobre la multitud cansada, abatida y desmoralizada. Piden una jornada de trabajo de 8 horas, un día de descanso, un salario justo. El descontento social se hace notar cada vez más.

Pronto los trabajadores comenzaron a unirse en búsqueda de mejores condiciones laborales y un trato justo. El primer movimiento sindical del que se tenga noticia que logró avances significativos en las relaciones obrero patronales tuvo lugar en Canadá, en abril de 1872.

En ese entonces, los sindicatos eran considerados ilegales, y las autoridades canadienses trataban de reprimirlas, incluso apelando a leyes que trataban a los sindicatos como "conspiración criminal", en una época en que en Gran Bretaña ya se habían abolido dichas leyes.

A pesar de los obstáculos, una asamblea de trabajadores comenzó a cobrar notoriedad y se convirtió en un importante poder en Toronto. Era la voz de quienes no tenían voz, fomentando la formación de sindicatos y denunciando la explotación de los trabajadores. Incluso llegó a mediar entre obreros y patrones. Pronto la Unión de Trabajadores llegó a agrupar a 27 sindicatos, entre ellos los de trabajadores de metal, constructores, madereros, tipógrafos, panaderos y cigarreros.

La Unión organizó una marcha, que tendría lugar el 15 de abril de 1872, para demandar la liberación de 24 líderes del Sindicato de Tipógrafos de Toronto, que habían sido encarcelados por el "crimen" de hacer huelga. ¿La petición de los tipógrafos? Un día de trabajo de 9 horas. 10,000 personas tomaron las calles el día de Acción de Gracias canadiense. Los sindicalistas avanzaron por las frías calles de Toronto acompañados por cuatro bandas musicales, Se dictaron discursos en los cuales los sindicalistas pedían la libertad de sus compañeros del Sindicato de Tipógrafos y mejores condiciones laborales para todos los trabajadores.

La manifestación en Toronto inspiró a los líderes en Ottawa para realizar un evento similar. Para el 3 de septiembre de 1872, siete sindicatos marcharon en la capital del país, encabezados por una banda de artillería y flanqueados por los bomberos de la ciudad. El desfile pasó frente a la casa de Sir John A. MacDonald, primer ministro, quien fue puesto en un carro y llevado al Ayuntamiento, donde, a la luz de una antorcha, prometió eliminar esas "barbáricas leyes" invocadas para encarcelar a los tipógrafos en Toronto. Y el Primer Ministro cumplió su promesa. Antes de que terminara el año las leyes habían sido abolidas en los estatutos legales de Canadá.

En 1881 se formó el Consejo de Comercio y Trabajo de Toronto, reeemplazando a la Asambles de Comercio de Toronto; el TTLC tuvo un papel importante en la fundación del Congreso Canadiense del Trabajo en 1883.

En vista de las favorables conquistas que los canadienses habían obtenido, en los Estados Unidos se intensificó el movimiento a favor de los derechos de los trabajadores. Éstos se resumían en una frase muy sencilla: "Ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa."

Surgieron voces que llamaban a huelga para obtener mejores condiciones de trabajo. La más importante es, sin duda alguna, la de Albert Parsons, líder de la organización laboral "Caballeros del Trabajo de Chicago" y fundador del Sindicato Obrero Central, organización que cuenta co 12 000 afiliados. Parsons exige en febrero de 1886 la implementación de la jornada laboral de 8 horas, y convoca a todos los trabajadores de la ciudad de Chicago a realizar un paro laboral si esta demanda no se cumple antes del 1 de mayo. La respuesta no se hizo esperar. Para marzo, los sindicatos de ebanistas, maquinistas, gaseros, ladrilleros y estibadores tomaron la decisión de apoyar la huelga. Para abril, 35 000 trabajadores de los corrales votaron en favor de la huelga. Inmediatamente se unieron los sindicatos de albañiles, carpinteros, jugueteros, zapateros, empleados de comercio y tipógrafos. En total, alrededor de 65 000 trabajadores, sólo en Chicago, estaban a favor de obtener una jornada de ocho horas, o se irían a la huelga. Para finales de abril 20 000 trabajadores ya habían logrado esa importante conquista laboral.

El primero de mayo de 1886 es sábado. Es un día hábil y laborable, pero no lo parece. Las fábricas amanecen quietas. Los almacenes y mercados de la ciudad, ayer bulliciosos, amanecen en silencio. Las construcciones están totalmente detenidas. No hay ni un alma en corrales y rastros. Las calles están vacías. Chicago parece ser una ciudad fantasma, excepto alrededor de la Avenida Michigan.

Parsons en persona dirige una manifestación de 80 000 trabajadores a través de las calles de Chicago. Solicitan la reducción del horario laboral a ocho horas diarias. El gobierno está alerta y preocupado: hay 1300 miembros de la Guardia Nacional, junto con cientos de policías, buscando la ubicación ideal para actuar si las cosas se salen de control. La manifestación es pacífica. Se pronuncian discursos en bohemio, alemán, polaco e inglés. Albert Parsons y August Spies, inmigrante alemán, anarquista y director de un periódico laborista, hablan al final. Termina el acto, y comienza la desconcentración.

Las manifestaciones continúan los días 2 y 3 de mayo. Al igual que los días anteriroes, la marcha se realiza con total orden y respeto. La desconcentración del día 3 hubiera sido pacífica si varios obreros despedidos de la fábrica de maquinaria agrícola MacCormik Harvester no hubieran peleado con unos 300 esquiroles que salían de trabajar en el momento de la desconcentración. La policía se hizo presente y comenzó a disparar, con saldo de seis trabajadores muertos y varios heridos. Spies, que fue testigo del episodio, lanza un desplegado en su periódico y reúne a varios dirigentes sindicales, con los que organiza para el día siguiente un acto de protesta contra la violencia policial en la Plaza Haymarket. Se convocó a una reunión masiva en la noche del 4 de mayo de 1886 en el mercado Haymarket de la ciudad, con el propósito de protestar por la brutal acción policiaca de los días anteriores. Spies, Parsons y Samuel Fielden fueron los oradores en Haymarket, ante 2 500 trabajadores.

Los comerciantes e industriales de Chicago estaban asustados por las enormes movilizaciones, pues vieron en las manifestaciones el inicio de una "revolución". Consiguieron que se movilizara a la Guardia Nacional, que se aumentaran las fuerzas policiales y se fundara un cuerpo especial de represión. El Chicago Tribune llegó al extremo de reclamar que se colgara "el esqueleto de un anarquista en cada poste" y concentró sus fuegos sobre Parsons y Spies como los mayores responsables del movimiento a favor de la jornada de ocho horas.

Y es que lo eran. Era una petición moderada y justa. La principal (la única) exigencia era reducir la jornada de trabajo a 8 horas. Otros países ya habían obtenido esa conquista laboral, o por lo menos una reducción significativa en la jornada de trabajo. La jornada laboral de 8 horas era justa, y muchos patrones otorgaron la reducción en la jornada de trabajo, algunas veces a cambio de un ajuste en los sueldos, otras veces sin reducción en el salario.

La manifestación terminaba, y empezó a llover. A Haymarket llegaron 180 policías. El capitán del destacamento ordenó "en nombre de la Ciudad de Chicago", que se disolviera la reunión. Una mano anónima y cobarde lanzó una bomba casera, y mató a un policía. Se dice que el atacante fue contratado por los rompehuelgas para acabar con el problema desde sus orígenes: los dirigentes. Ambos lados se enfrascaron en una batalla campal, y en la confusión algunos policias comenzaron a disparar a diestra y siniestra, con el resultado de siete policías y cuatro trabajadores muertos, además de numerosos heridos. Este incidente se tomó como pretexto para perseguir anarquistas y organizaciones laborales a lo largo del país. La policía saqueó hogares y arrestó a muchos trabajadores, la mayor parte, por sospechas vagas.

El 21 de junio de 1886, ocho líderes laborales (Albert Parsons, August Spies, Samuel Fielden, Oscar Nebee, Michael Schwab, George Engel, Adolf Fischer y Louis Lingg) fueron acusados de conspiración para asesinato por la explosión de la bomba del 4 de mayo. Se comprobó que Parsons no estaba en el lugar de los hechos cuando ocurrió esa tragedia, pero se entregó para estar con sus compañeros. El juicio estuvo plagado de mentiras. El fiscal formó expedientes de miles de fojas de los 31 acusados, mas no pudo formarles una acusación seria con esos datos; optó por juzgar a los 8 líderes por conspiración y llegó al extremo de pedir al jurado: "Castiguen a estos hombres, hagan un ejemplo de ellos, cuélguenlos y salven nuestras instituciones." El resultado fue de siete condenados a la horca, excepto Neebe, condenado a 15 años de cárcel. Neebe describió así los crímenes por los que lo acusaban:
"Vi que a los panaderos de esta ciudad se les trataba como a perros. Y ayudé a organizarlos. ¿Es eso un crimen? Ahora trabajan diez horas al día en vez de 14 o 16 que trabajaban antes. ¿Es otro crimen? Pues cometí otro mayor. Una madrugada observé que los trabajadores cerveceros de Chicago comenzaban sus tareas a las cuatro de la mañana. Regresaban a sus casas hacia las siete u ocho de la noche. Nunca veían a sus familias y sus hijos a la luz del día. Fui a trabajar para organizarlos. Vi a los empleados de esta ciudad que trabajaban hasta las diez y once de la noche. Emití una convocatoria, y hoy están trabajando sólo hasta las siete de la noche y no trabajan los domingos. Esos son mis mayores crímenes."


El caso de Haymarket provocó un escándalo internacional. El gobernador Oglesby recibió miles de cartas pidiendo clemencia para los condenados. El 11 de noviembre de 1886 fueron ahorcados Parsons, Spies, Fischer y Engel. Fielden, Nebee y Schwab lograron conmutar la pena de muerte por cadena perpetua. Louis Lingg, anarquista, prefirió suicidarse en prisión antes que morir a manos del sistema; su muerte fue un último acto de protesta. José Martí, en ese entonces corresponsal del periódico La Nación, de Buenos Aires, Argentina, narró así la ejecución:
"...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora". Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable..."

Más de 200 000 personas asistien a la procesión funeraria de los líderes muertos. La Barra de Abogados de Chicago condena el juicio, que es calificado como una farsa. En 1893 John Peter Altgeld, el nuevo Gobernador de Illinois, declara la inocencia de los ocho acusados y liberó a los tres sobrevivientes. Altgeld dijo:
"Cuando el juez que actuó en este caso falló que un pariente del muerto era jurado competente, y eso después de que ese hombre declarara ingenuamente que estaba profundamente prejuiciado contra el acusado [...] cuando en una serie de oportunidades afirmó que eran competentes como testigos o como jurados hombres que se proclamaban convencidos de la culpabilidad de los acusados antes de haberlos escuchado [...] ese proceso perdió cualquier semejanza con un juicio justo."


Se construyó un monumento en Haymarket para depositar los restos de los hombres juzgados y honrar su memoria. Más tarde los restos de otros líderes laborales, como Emma Goldman, Bill Hayward y Joe Hill, fueron depositados en el Monumento Haymarket.

A finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de 8 horas a varios miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo con estas palabras:
"Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical."


En diciembre de 1888 el Congreso Federal de Comercio en San Luis decidió que a partir del primero de mayo de 1890 se realice una manifestación en esa fecha todos los años en recuerdo a la lucha por las jornadas de ocho horas. En 1889, durante el Primer Congreso de la Segunda Internacional Socialista, celebrado en París, se decidió que el 1º de mayo conmemoraría en adelante la solidaridad laboral. Desde entonces la mayoría de los países del mundo celebran ese día a sus trabajadores. Irónicamente, el 1º de mayo no se celebra en Estados Unidos ni en Canadá como Día del Trabajo, sino como Día de la Ley (Law Day). En esos países se otorgó a los trabajadores el primer lunes de septiembre, un día sin significado histórico, para celebrar su día (Labor Day). Nueva Zelanda lo celebra en octubre; en Australia cada provincia lo celebra de manera separada.

La lucha sigue. No sólo Chicago produce Mártires...

27 abr 2006

Chernóbil

Es una noche calmada. Un par de ingenieros soviéticos se preparan para cumplir órdenes: es necesario probar la capacidad del reactor de fisión nuclear construido por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en la ciudad ucraniana de Chernóbil.

La prueba fue ordenada por Moscú. Es necesario hacer una prueba del reactor número 4 en las peores circunstancias posibles. Se fuerza en el circuito refrigerador del reactor una suma de circunstancias atribuibles a fallas en los sistemas de control. Para hacer la prueba más realista, se debe desactivar el sistema de seguridad. Los operadores deben estar alertas ante la emergencia y cumplir las órdenes con diligencia y prontitud.

A la una de la mañana con veintiseis minutos del día 26 de abril de 1986, algo salió mal.



Iniciemos desde el principio.

En Chernóbil funcionaban 4 unidades generadoras de energía, del tipo RBMK-1000, de 3200 MW de potencia térmica y 1000 MW de potencia eléctrica. Éste es un generador bastante eficiente, pero de tipo supermoderado. Existen dos clases de generadores nucleares en el mercado: submoderado, y supermoderado. Aunque ambos funcionan con el mismo principio (la fisión de partículas nucleares generan calor, y éste puede ser aprovechado para mover turbinas generadoras de energía) su operación es bien distinta.

En un reactor térmico conviven dos efectos dinámicos fundamentales: el efecto Doppler, el cual está ligado a la temperatura del combustible nuclear, generalmente uranio poco enriquecido (no empobrecido), y los efectos del moderador, que inhibe la reacción nuclear aunque sin detenerla.

El Efecto Doppler lo podemos explicar, sin usar términos altamente especialozados, como el efecto con el cual, al aumentar la temperatura del combustible nuclear, disminuye su reactividad. Un aumento de potencia implica que la temperatura del combustible aumenta, y por tanto, disminuye su reactividad; es decir, disminuye su potencia, o en otras palabras, se estabiliza. Es un efecto de retroalimentación que puede ser controlado, y esto es extremadamente importante para controlar la energía nuclear.

El efecto del moderador depende del tipo de moderador usado. Los núcleos de los reactores RBMK son moderados por grafito, el cual, al ser una forma de carbono extraordinariamente estable y resistente a la presión, lo que lo hace casi ideal para la tarea, excepto por el detalle de que es inflamable.

Para que el efecto de realimentación a través del moderador haga que ante un aumento de potencia disminuya la reactividad, los reactores deben estar submoderados. La temperatura del grafito aumenta al aumentar la potencia, tal y como sucede con el combustible, pero la tasa de aumento es menor. Por ello, aunque hubiera un índice de reactividad positivo, éste pasaría desapercibido por el efecto Doppler, que modera la reacción.

El núcleo del reactor número 4 estaba compuesto por un inmenso tambor de grafito de 1700 toneladas, y en su interior, 1600 tubos metálicos de presión que alojaban 190 toneladas de dióxido de uranio en forma de barras cilíndricas. Por estos tubos de presión circulaba agua pura. Al calentarse el agua, ésta hervía; el vapor resultante era dirigido a una turbina de rueda libre, que generaba electricidad. El vapor se condensaba y repetía su ciclo dentro del reactor. Entre los conductos de combustible se encontraban 180 tubos, llamados rodillos de control, compuestos por una aleación de acero y boro, recubiertos por grafito, los cuales ayudaban a moderar la reacción en cadena dentro del núcleo del reactor.



Sin embargo, en los reactores RBMK existe una cantidad no despreciable de agua ligera, que rodea los tubos de combustible, tal y como se ha descrito anteriormente. De este modo, los neutrones térmicos (que nacen como tales en el grafito) han de atravesar la película de agua para entrar en el combustible. El doble papel del hidrógeno, moderador eficaz por un lado, y absorbente de neutrones térmicos por otro, es fundamental en este tipo de reactores. así el hidrógeno cumple una doble función, imprescindible para la operación de estos reactores: es un moderador de neutrones y a su vez es un blindaje, sutil pero efectivo, contra ellos.

Así, en un reactor RBMK submoderado domina el primer efecto con lo cual, si nos quedamos sin refrigerante, disminuye la reactividad. Es, por tanto, más seguro, pero menos potente.
En un reactor RBMK supermoderado, en cambio, domina el segundo efecto por lo que, si eliminamos agua de refrigeración, estamos quitando un blindaje neutrónico entre el grafito y el combustible, aumentando la reactividad. Generalmente, este efecto estaría contrapuesto al Doppler, pero llegaría un momento en que el Doppler se saturaría. En este caso, la importancia de la supermoderación excede al efecto Doppler, liberando energía de manera súbita. Si esta liberación no puede ser refrigerada, el núcleo entra en ebullición, el aumento de presión hace que el resto del líquido salga expedido, aumentando aún más la reactividad hasta que la reacción en cadena fusiona el núcleo, sobreviniendo una explosión de altísima potencia. Es necesario tener algún sistema de seguridad que impida que se llegue a estos niveles. Es, por tanto, más potente, pero menos seguro.

El reactor de Chernóbil era supermoderado, y en la prueba que se le estaba haciendo, los dispositivos de seguridad habían sido ignorados o inutilizados como parte del juego de pruebas. Que el reactor fuera inestable a baja potencia, además de ser desconocido por el personal, era algo contraintuitivo. Pero es verdad: los reactores de tipo RBMK tienen la particularidad de que deben funcionar siempre a plena potencia; si llegan a operar a potencias inferiores a 700 Mw térmicos (es decir, la cuarta parte de su régimen nominal), el núcleo se vuelve inestable. "Inestable", en la jerga nuclear, quiere decir que la reacción en cadena está a sólo segundos de descontrolarse, o en otras palabras, que en cualquier momento explota. Esto no es propiamente una falla, sino parte del concepto de diseño de los reactores RBMK. Si usted opera un RBMK, sabe que debe operarlo siempre por encima de los 1000 megawatts o más, a menos, claro, que quiera convertirse en una voluta de smog radiactivo. Esta peligrosa falla de diseño ha sido cuidadosamente evitada en todos los diseños de reactores occidentales, e incluso en los reactores soviéticos posteriores, llamados VVER, que funcionan con agua a presión.

El accidente del reactor 4, como debe ser evidente ahora, se produjo durante una prueba a baja potencia, algo expresamente prohibido por el manual del reactor. Los mismos técnicos rusos sabían que esto ocurriría, al igual que los expertos franceses y británicos que habían inspeccionado la central. El mismísimo gobierno soviético había sido advertido en forma expresa de que no debía operar el reactor por debajo de los 1000 Mw, y que a menos de 700 los RBMK estallaban. Esto no importó: órdenes eran órdenes, y el accidente tuvo sus cimientos cuando los operadores detuvieron la turbina para llevar a cabo el experimento que Moscú había ordenado realizar. El estado del reactor en ese momento, con un caudal de refrigeración superior al normal y los neutrones extraídos en mucha mayor proporción a lo permitido, hicieron que el reactor tuviera un brusco aumento de reactividad que no pudo ser compensada. Una vez producido el transitorio, debería haber funcionado el sistema automático de protección del reactor, parte del cual estaba desconectado, por las condiciones especiales del experimento. Al intentar recuperar el control del reactor e introducir las barras de control, éstas se fundieron, iniciando una reacción en cadena de tanta magnitud que el núcleo íntegro se fundió, con lo que se inició una fusión nuclear incontrolable, la cual terminó por hacer explotar el tanque de grafito y volar en pedazos el domo de la estación. La explosión fue tan poderosa que las partículas de plutonio altamente radiactivo alcanzaron los 2 km de altitud.



¿Qué provocó un accidente nuclear tan grave, el segundo mayor en la historia de la humanidad? Estábamos en la cúspide de la Guerra Fría, y la mayor presión sobre los reactores nucleares en la URSS no era la de producir energía eléctrica buena y barata, sino la urgente necesidad de obtener tanto Plutonio-239 de grado armamentístico como fuese posible, lo más rápidamente posible. Esta enorme presión de los militares oprimía tanto a los dos operadores que manejaban el reactor número 4 como al ente soviético de energía atómica, a los responsables de diseñar nuevos reactores, a las firmas de ingeniería encargadas de construirlos, etc. Todos ellos tenían expresamente prohibido perder un solo segundo en la producción de plutonio grado armamentístico, a pesar incluso de que la pérdida de tiempo se debía a la inclusión de mecanismos de seguridad esenciales para impedir que el reactor se desintegrara.

La teoría y la lógica nos dice que, a mayor potencia, mayor consumo del uranio que el RBMK usa como combustible. El uranio es radiacivo, escaso y caro. E inútil para producir armas extremadamente potentes. Sin embargo, el plutonio, que no es un elemento natural y que es generado como subproducto de la fisión del uranio, es constante, no importa qué potencia genere el reactor ni cuánto uranio usemos. Es decir, si a 3000 Mw se obtienen, digamos, dos gramos de Pu-239, con 700 Mw obtendremos los mismos 2 gramos, aunque, como es evidente, nos habremos ahorrado mucho combustible.

Ahora sabemos que la orden provino de Moscú. La máxima autoridad nuclear del politburó había ordenado un experimento, con el objetivo de averiguar si podían hacer trabajar al reactor 4 a baja potencia, y si con ello obtenían el mismo plutonio que operándolo a potencia total, sólo que más cómodamente y con un costo bajísimo. El objetivo del experimento fue declarado como "Comprobación de la capacidad de un turboalternador disparado para mantener la alimentación eléctrica de cuatro bombas de recirculación, con el turboalternador detenido". Se había previsto efectuar el desacoplamiento de la turbina con el reactor funcionado entre 700 y 1000 MW térmicos y con la otra turbina ya desconectada.

El estado termohidráulico de la planta antes del experimento ya era muy diferente del nominal en RBMK. El flujo de recirculación del refrigerante era anormalmente alto alto y el flujo de agua de alimentación (el vapor condensado que venía desde la turbina) era muy pequeño, por ser proporcionalmente muy pequeña la producción de vapor. La presión del primario era también inferior a la nominal. En la entrada del reactor, la temperatura era muy próxima a la de ebullición. En la salida, la calidad del vapor era muy pobre, por el alto caudal de recirculación. En términos sencillos: el reactor era muy inestable.

Al bajarse la potencia desde 1600 MW (el 50% de la potencia) hasta el nivel deseado, la potencia bajó a unos 30 MW térmicos. Tras un transitorio de más de 2 horas, los operadores lograron estabilizar el reactor a 200 MW y decidieron ejecutar el experimento, consistente en alimentar cuatro de las ocho bombas de recirculación con el turboalternador que se iba a disparar (las otras cuatro estaban conectadas a la red). Para ello, y con objeto de repetir el experimento si fallaba, los operadores cometieron seis importantes violaciones de su propia normativa de seguridad,de acuerdo con las instrucciones recibidas desde Moscú y autorizadas por el ingeniero en jefe de la planta.



La primera violación consistió en reducir el número de barras de control introducidas dentro del reactor; sólo había 8 barras cuando el mínimo exigido eran 30. ¿Por qué había tan pocas? Por el alto valor de las capturas neutrónicas del hidrógeno, es decir, que había mucha agua en el interior del reactor, que para los expertos indicaba una situación supermoderada. Debido a ello, había alta quema de combustible nuclear y producción de xenón (un subproducto de la fisión del uranio). Si se hubieran introducido el resto de las barras antes de que el experimento hubiera iniciado, el accidente se habría evitado, pues el reactor hubiera procedido a apagarse como medida de emergencia. Hay registros en los que se indica que el reactor, de hecho, intentó apagarse y fue obligado a continuar trabajando. Para prevenir esto en mitad del experimento, el sistema automático de protección del reactor fue bloqueado por los operadores. El scram automático, que controlaba el ingreso de las barras de modeación, estaba cancelado. También se canceló el scram del reactor causado por apagado o desconexión de ambos turboaltermnadores. Surge en este momento la pregunta: ¿Cómo es posible diseñar un reactor donde los operadores pueden desconectar todos y cada uno de los sistemas automáticos de scram? Y tal vez antes que eso, ¿Qué es un scram? La respuesta a estas preguntas no es fácil, tanto la de la configuración automática del reactor como la del significado. Scram significa "safety control rod axe man", y se refería a que, en caso de emergencia en el primer generado nuclear de Enrico Fermi, un hombre armado con un hacha podía cortar los cables que mantenían las barras moderadoras fuera del núcleo, disminuyendo la reacción nuclear y por tanto, el peligro. Aunque hay quien dice que significa "start cutting right away, man!" o simplemnte un grito al estilo de "Sálvese el que pueda." Aún así, que el sistema permita que los operadores puedan bloquear estos sistemas automáticos de protección es criminal. Otro problema proviene del diseño de las barras de control: el diseño de los RBMK exige más de 20 segundos para insertar las barras de control en el uranio. Lamentablemente, las reacciones nucleares pueden llegar a estar fuera de control en apenas 2 segundos. Y las barras no tenían mecanismos de inserción rápidas, ni modo de acelerar el proceso. Hablando de proceso. las barras de control son de carburo de boro recubiertas de grafito. Muy bien, excepto que el grafito, al ser insertado entre el uranio, acelera la reacción durante unos segundos antes de comenzar a frenarla. Por si esto fuera poco, debemos recordar el ligero detalle de que la reacción nuclear poduce calor. Si insertamos grafito en un lugar caliente, éste se encenderá. Y agreguemos un detalle adicional: los reactores de tipo RBMK tienen el núcleo a la intemperie. Entre el núcleo y el resto del planeta, lo único que hay es... la sala de control. No hay filtros, ni contención contra posibles fugas, ni gruesas paredes de concreto y plomo, ni siquiera una tina con agua. Esencialmente no hay nada. Todos los demás reactores tienen contención, excepto los RBMK. Todos los reactores aíslan a los operadores, excepto los RBMK. Todos los demás reactores tienen medidas automáticas de emergencia redundantes que no se pueden desactivar, excepto (adivinaron) los RBMK.

Oficialmente el experimento dió inicio a la 1h 23 min 04 seg del 26 de abril de 1986. Para ello, se cerraron las válvulas de vapor de la admisión del único turboalternador que estaba funcionando. El experimento falló, en tanto que las bombas de recirculación conectadas a este alternador perdieron potencia de bombeo enseguida. Como consecuencia, cae la presión del primario, por lo que las bombas comienzan a cavitar, y el agua en el reactor comienza a hervir desde su base. Debido a que el reactor ya estaba en condiciones de supermoderación, al mismo tiempo que aumenta el porcentaje de burbujas va aumentando la reactividad. Si el reactor hubiese estado submoderado, al comenzar a hervir el agua la reactividad hubiera disminuido. Como resultado, la potencia aumenta súbitamente hasta salir de la escala. A causa del aumento de potencia, y el consiguiente aumento de temperatura del combustible, el efecto Doppler apaga la primera subida de reactividad. Los operadores, asustados por la subida inicial de potencia, habían procedido cuatro segundos antes al scram. Pero estas barras requieren casi 10 segundos para actuar en esos reactores. Es muy probable, además que hayan sido deformadas por el excesivo calor del núcleo, siendo, por tanto, incapaces de cumplir con su labor. La energía interna almacenada en el combustible es transferida al agua a través de los tubos. Por ser la potencia tan alta (el máximo del primer pico, ya apagado, es de 100 veces la potencia nominal) el agua hierve súbitamente y esa explosión de vapor expulsa del reactor el resto del agua líquida. Ello implica una inserción de reactividad muy alta, contra la cual el efecto Doppler no puede reaccionar, por lo que es imposible evitar el segundo y definitivo pico de potencia. En menos de medio segundo se alcanzan 480 veces la potencia nominal y se liberan en total más de un billón de Julios, que provocan extraordinarias ondas de choque y la destrucción física del reactor y sus elementos circundantes, entre ellos la cubierta. El reactor se hace subcrítico como consecuencia de su descoyuntamiento, el combustible cae al fondo de la vasija de grafito, se pierde la configuración geométrica adecuada para mantener la reacción en cadena. El reactor como tal ha dejado de funcionar.

Sobreviene la fusión del núcleo y una explosión catastrófica. El reactor 4 de Chernóbil ha dejado de existir.



Según la información suministrada por los soviéticos en la conferencia de Viena, la lucha contra más de 30 incendios provocados por la expulsión de material incandescente fue muy efectiva. Excepto el incendio del núleo, todos los demás fueron controlados a las 3 horas y media de la explosión. El medio preferente utilizado fue el agua. La urgencia por extinguir los incendios y evitar que se fundieran además los reactores uno, dos, y tres, obligó a actuar con celeridad y omitiendo cualquier consideración de seguridad para las cuadrillas de extinción de incendios. Muchos murieron horas después de haber teminado su trabajo. Ellos fueron los mas afortunados. Otros morirían al cabo de días o semanas. La gran mayoría desarrollarían enfermedades relacionadas con el envenenamiento radiactivo o desarrollaían cánceres malignos contra los cuales no se podía actuar.

El vertido de materiales sobre el núleo comenzó al día siguiente, y duró hasta el 10 de mayo, depositando mediante una noria de helicópteros más de 5000 toneladas de distintos tipos de materiales. Comenzaron vertiendo 40 toneladas de carburo de boro, para garantizar que no se reanudaría la reacción de fisión; continuaron con 800 toneladas de dolomita a fin de extinguir el fuego y refrigerar el núcleo, y con el mismo fin añadieron 2400 toneladas de granalla de plomo. Finalmente añadieron 1800 toneladas de arena y arcilla con el objetivo de retener los productos de fisión, sin embargo, obtuvieron el resultado contrario al elevarse la temperatura de los restos del núcleo. La arena alcanzó la temperatura de fusión, convirtiéndose escencialmente en vidrio. Aunque estas acciones pueden considerarse adecuadas, excepto el vertido de arcilla y arena, el conjunto de ellas supuso el recubrimiento del núcleo con materiales que impedirán estudios posteriores. Lo más importante, sin embargo, era extinguir el núcleo y permitir la realización de una estructura que permitiera contenerlo. La construcción del sarcófago, cuyo fin era confinar las ruinas de la central, se hizo en pocos meses. Debido a la celeridad con que se fabricó, actualmente presenta graves problemas de integridad, de forma que el gobierno ucraniano está pensando recubrir dicho sarcóago con un segundo edificio tan pronto las condiciones presupuestales lo permitan.

Debido al alto grado de contaminación resultante, fue necesario evacuar y reubicar a 135.000 personas que vivían en un radio de 30 kilómetros. Ciudad Pripyat, de 49.000 habitantes, a 3 km al oeste de la zona de seguridad del complejo industrial, fue evacuada después de un día y medio del accidente, recomendándose la permanencia en las casas con las ventanas cerradas mientras se preparaba la evacuación. Sobre el resto de las evacuaciones no se tienen datos concretos, pero a juzgar por los procedimientos documentales escritos por los soviéticos, debió de ser igualmente eficiente, si saben a lo que me refiero.



Debido a la necesidad de alimentar con enegía eléctrica a gran parte del territorio de Ucrania, Bielorrusia y Rusia, se procedió a descontaminar las unidades uno y dos, y su puesta en explotación. Lo mismo se hizo con los alrededores de la planta y gran parte del territorio cercano afectado. Se permitió el regreso de la población a distancias superiores a 10 km de la central.

El desarrollo de la energía nuclear en la antigua URSS se produjo en unas circunstancias muy concretas: la carga política sobre cualquier proyecto industrial de gran embergadura era tremenda, de forma que cumplir los objetivos de Moscú podía ser mas importante que demostrar que una instalación funcionaba correctamente. En la sentencia del juicio que se siguió contra los responsables de la central de Chernóbil, se recoge textualmente el siguiente párrafo:

"El 31 de diciembre de 1983, a pesar de que aún no se habían realizado las pruebas necesarias en el reactor número 4, Bryukhanov (el director de la central nuclear) firmó un acta en la que se aceptaba la entrega del complejo del reactor y se certificaba que los trabajos se habían completado. Entre 1982 y 1985 se llevaron a cabo pruebas con el turbogenerador en desaceleración, con la intención de poner a punto el funcionamiento de los sitemas de seguridad. Estas pruebas no tuvieron éxtio y fueron incompletas".

Parece claro que la dirección de la central tenía plena confianza en que ésta podría operar, confianza que fue suficiente para que en 1984 las autoridades concedieran el permiso para la explotación comercial. Y aunque los técnicos de la central nuclear inicialmente tuvieron repaos para aceptar una prueba de tal magnitud, la confianza que tenían los subordinados en su jefe los llevaron a aceptar en abril de 1986 la realización de una prueba, que había sido rechazada en otras centrales, e incluso se atrevieron a desactivar algunos sistemas de seguridad. La confianza absoluta de que no pasaría nada condujo al accidente, deduciéndose como consecuencia la pérdida de la fe ciega en las actuaciones de técnicos de complejos nucleares, y la conveniencia de automatizar sistemas de seguridad que no puedan ser suspendidos a juicio de unos pocos operadores.

La política soviética impidió que se conociera de inmediato la magnitud de la tragedia. El 27 de abril, diversas estaciones de control en Suecia advirtieron de la elevada presencia de polvo altamente radioactivo en su territorio y fijaron el origen del mismo como proveniente de la zona fronteriza entre Ucrania y Bielorrusia en función de los vientos dominantes en aquellos días. Mediciones similares se fueron sucediendo en Finlandia y Alemania, lo que permitió al resto del mundo conocer en parte el alcance del desastre. Por la noche del lunes 28 de abril, durante la emisión del programa de noticias Uremya, el presentador leyó un escueto comunicado:

“Ha ocurrido un accidente en la planta de energía de Chernóbil y uno de los reactores resultó dañado. Están tomándose medidas para eliminar las consecuencias del accidente. Se está asistiendo a las personas afectadas. Se ha designado una comisión del gobierno”.

Ante la abrumadora evidencia, el 14 de mayo el secretario general Mijaíl Gorbachov decidió leer un extenso y tardío, pero sincero, informe en el que reconocía la magnitud de la tragedia.



Datos confirmados indican que había 444 personas en el emplazamiento en el momento del accidente. (176 miembros del equipo de la central, y 268 personas que construían el quinto reactor), a los que se unieron rápidamente los bomberos. Sufrieron, fundamentalmente operarios y bomberos, irradiación externa, inhalación de gases, y algunos exposición de la piel a partículas depositadas sobre la ropa, lo que les produjo graves quemaduras. El número de víctimas mortales inmediatas se elevó a 31. De ellos, dos eran los operadores, a los cuales nada ni nadie hubiera sido capaz de salvarlos. Uno más murió de una trombosis coronaria aguda, provocada por el susto, y los restantes veintiocho por enfermedad de radiación aguda. Otras 106 personas recibieron irradiación aguda, pero sobrevivieron milagrosamente. De las personas que tenían menos de 18 años al momento del desastre, mil ochocientas habían desarrollado cáncer de tiroides hasta el año 2000. Hasta ese momento, diez habían muerto. Afortunadamente, descubierto y tratado a tiempo, el cáncer de tiroides no es mortal. Tras los dos primeros meses desde el accidente se registraron 28 fallecimientos más. Mas está el caso special de "Los Liquidadores". Este grupo, formado por militares y trabajadores contratados expresamente, cuyo número es muy discutido (aunque se dice que ronda los 63.000), estaba formado por personas de una edad media de 31 años en el momento del accidente, el 53% por debajo de los 30 años y un 16% por encima de los 40. La aparición de leucemias es de 13.4 por 100.000 para los liquidadores en la primera fase de recuperación en que trabajaron, frente al 7 por 100.000 en los que trabajaron en el año 1987 y siguientes. El segundo valor es válido para la población en general, por lo que hay que investigar aún más si la exposición prolongada a la radiactividad contribuyó al desarrollo de enfermedades en los liquidadores.



El accidente de Chernóbil tuvo grandes consecuencias. La trascendencia tecnológica del accidente se ha hecho notar en toda la industria nuclear. Las centrales RBMK han pasado a la historia, y sólo las necesidades energéticas de Rusia, Ucrania y Bielorrusia mantienen algunas de ellas en operación. Se han puesto en marcha actuaciones para equiparar las condiciones de seguridad de aquellas centrales a los estándares exigidos en Occidente. La importancia económica de estos proyectos los sitúan en una de las principales partidas de la ayuda económica que Occidente está prestando a los países del Este Europeo. La industria nuclear occidental también ha notado los efectos, quedando demostrado:
* La absoluta necesidad de sistemas automáticos de seguridad, sólo accesibles a los operadores en circunstancias absolutamente excepcionales,
* La obligación de que exista un edificio de contención, y
* La necesidad de que el diseño de la central sea intrínsecamente seguro.

Chernóbil y la Isla de las Tres Millas hicieron conciencia en el mundo sobre los peligros de una operación deficiente en una instalación nuclear. La energía nuclea no es mala: una administración deficiente sí lo es.


En el año 2000, el último reactor nuclear operativo de Chernóbil, la unidad 3 (adyacente al reactor 4) fue apagada y clausurada. Chernóbil es ahora una estación abandonada.



Merece la pena destacar que Chernóbil no es el sitio que mayor contaminación local acumula, ya que ese dudoso honor corresponde a la zona contaminada por Cheliabinsk-40. Sin embargo, no se puede negar que ha sido el accidente que ha producido una contaminación media mayor en zonas más extensas y también el más publicitado.

El primer complejo industrial para la producción de plutonio con fines militares fue construido entre 1945 y 1946, recibiendo el nombre de Cheliabinsk-40. Dicha instalación está operada por la llamada Asociación "MAYAK", dependiente del antiguo Ministerio de Energía Nuclear de la URSS. Su presencia ha supuesto la contaminación ambiental de la región con productos radiactivos de vida larga, a consecuencia tanto de accidentes como de operaciones, para las que no había ningún control medioambiental por ser totalmente desconocidos sus efectos a largo plazo.

Desde 1949 a 1951 Cheliabinsk-40 descargó residuos líquidos de media y baja actividad directamente al sistema fluvial del río Techa, con una actividad total aproximada de 100 PBq. Las dosis recibidas por la población de las orillas del río alcanzó valores muy elevados, lo que obligó al traslado de varias localidades. Los individuos afectados por lo que secretamente se llamó "enfermedad crónica de radiación por exposición prolongada", eran trasladados para su examen en Moscú, pero no recibieron ninguna información sobre los resultados de los exámenes médicos. Además del tremendo impacto local, se estima que unos 10 PBq han podido ir a parar a través del sistema fluvial hasta el océano Ártico.

El 29 de septiembre de 1957 hubo un accidente en Kishtim, dentro de Cheliabinsk-40, a causa de la explosión química de sales en un tanque de residuos radiactivos de acta actividad, provocado por el fallo del sistema de refrigeración del tanque. La explosión dispersó unos 40 PBq de productos de fisión, alcanzando la contaminación una zona de 300x50 km.

El lago Karachay sirvió de receptor de los residuos líquidos de media actividad una vez que cesaron las descargas al río Techa en 1951. Es actualmente la fuente principal de contaminación para el aire y los terrenos adyacentes a Cheliabinsk-40. En el fondo del lago se formó una "lenteja" de sales altamente contaminadas que se propaga por el subsuelo con riesgo extremo de contaminación de aguas subterráneas.

Además, la operación de la instalación MAYAK en el sur de los Urales durante más de 40 años ha supuesto una ingente acumulación de radionucleidos y, según se acaba de presentar, la contaminación de extensas zonas de aquella región. Los principales problemas medioambientales está relacionados con la contaminación de los sistemas fluviales.

Es más peligroso el desconocimiento que la malicia.

22 abr 2006

1992: el año que vivimos en peligro.

Miércoles 22 de abril de 1992. 10:09 AM. Una radio crepita en la estación de Bomberos. El mensaje es un escueto "¡YA!" antes de que la estática recupere el control. Inmediatamente después se registra una explosión de proporciones dantescas en el barrio de Analco.

Más de 12 kilómetros de Guadalajara han desaparecido. Las calles Gante, 20 de Noviembre y Nicolás Bravo, hasta la Calzada del Ejército, han sido literalmente arrancadas del mapa. Increíblemente, a pesar de la extensión y magitud del daño, sólo se reportan 150 muertos y 600 heridos; gran parte de los negocios estaban cerrados por vacaciones, lo mismo que una escuela del lugar; gran parte de los habitantes no se encontraban en sus casas. Los Hospitales Civiles, la Cruz Verde municipal, la Cruz Roja Mexicana, el Instituto de Seguro Social al Servico de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) no se dan abasto ante la gran cantidad de heridos y afectados. No hay espacio suficiente para los cuerpos en el Servicio Médico Forense, así que se debe adaptar como anfiteatro el domo del Comité Olímpico del Estado (CODE), y se solicita la donación de placas de hielo seco (CO2 congelado) para ayudar a conservarlos mientras se les identifica. La ciudad se paraliza. La noticia corre por el mundo.



El Ejército Mexicano implementa el plan DNIII (Desastres Naturales Tercera Fase) para ayudar a la población civil, que inició por sus propios medios la tarea de rescate. La Presidencia Municipal, a cargo de Enrique Dau Flores, desvía recursos para ayudar con las labores de rescate. El Gobierno del Estado, al mando de Guillermo Cosío Vidaurri, informa en una conferencia de prensa alrededor de las 2 de la tarde que la situación "está controlada, gracias a la coordinación de todas las instituciones que están interviniendo en las zonas de rescate."



Empezan a surgir versiones que le atribuyen la responsabilidad de la explosión a Petróleos Mexicanos (Pemex), Aceitera la Central, y las descargas de los talleres mecánicos de la zona. Se informa que hay altas concentraciones de un líquido sospechosamente similar a la gasolina "Nova", mas también se informa que hay un líquido sospechosamente similar al hexano en otras partes. Los rumores comienzan a cundir por toda la ciudad, generando una paranoia sin precedentes.

La solidaridad de los tapatíos también aflora. Cientos de voluntarios retiran escombros a mano buscando sobrevivientes; otros tantos se encargan de recolectar y transportar alimentos, medicinas, cobertores y artículos de primera necesidad para los miles de damnificados.

Por la tarde, el saldo oficial de la tragedia se eleva a 200 muertos. Se declara incialmente una zona limpia y se autoriza que los traxcavos comiencen a trabajar, lo que los trabajadores de rescate consideran una decisión arriesgada y los afectados una violación a los derechos humanos.



El presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, visita de improviso la ciudad para enterarse de primera mano sobre la tragedia. "Vine a apoyar a los tapatíos y a sumarme a su duelo", expresa. También indica que no hay peritajes que sirvan para deslindar las causas, y ordena la ejecución de análisis forenses que sirvan para identificar al culpable de la tragedia. El Presidente es acompañado por Luis Donaldo Colosio, de la SEDUE (Secretar{ia de Desarrollo Urbano y Ecología), Jesús Kumate, de la Secretaría de Salud, Emilio Gamboa, del IMSS y Emilio Lozaya, del ISSSTE. Por su parte, el Gobernador Guillermo Cosío Vidaurri, en conferencia de prensa, aseguró que quien resulte responsable de este hecho será castigado y "se aplicará contra ella todas las medidas legales, leyes y normas de orden ecológico, civil y penal." El Congreso del Estado, por su parte, se pronuncia a favor de legislar sobre el control de sustancias explosivas y exige una investigación a fondo para deslindar responsabilidades. La Universidad Nacional Autónoma de Mexico, los Gobiernos de Nuevo León y Quintana Roo, además de la Alcaldía de Los Ángeles y el Gobierno de los Estados Unidos de América, informan que enviarán brigadas de rescate a la zona siniestrada. La Universidad de Guadalajara desvía recursos para proporcionar albergue temporal a los miles de damnificados por las explosiones.



Jueves 23 de abril de 1992. El Presidente Carlos Salinas ordena que las autoridades competentes presenten un dictamen preliminar en 72 horas, en el cual "tendrán que rendir un claro balance de los sucesos que aún hoy mantienen consternada a la población tapatía". Según sus órdenes expresas, se debe determinar la causa de la tragedia, deslindar las responsabilidades, y establecer si hubo negligencia criminal de parte de servidores públicos o instituciones, para aplicarles todo el rigor de la ley, además de establecer la creación de un dictamen general que permita conocer las circunstancias exactas de la tragedia. el Gobierno federal anuncia que se destinarán iez mil millones de pesos para atender las necesidades más urgentes de las familias afectadas por la explosión. El Gobernador Guillermo Cosío informa que, aunque sí había sido informado de que existía cierto peligro en la zona siniestrada, la máxima autoridad en la ciudad es el Presidente Municipal, y en todo caso, los responsables serían tres funcionarios: el jefe de Bomberos, el director de Servicios Generales del Ayuntamiento y el director del SIAPA, por no informar a Enrique Dau sobre la magnitud del riesgo. Enrique Dau, por su parte, anuncia que pedirá licencia temporal para ausentarse de su cargo, para que las investigaciones puedan ejecutarse sin problemas a causa del fuero del que goza como presidente municipal. Lo mismo sucede con Alberto Limón Macías, director del SIAPA. el Partido de la revolución Democrática (PRD) exige la renuncia del gobernador Cosío Vidaurri. El Partido Acción Nacional se suma a la exigencia general de esclarecer los hechos.



Corren rumores de que los culpables de la acumulación de gases fueron los sifones instalados en la avenida Javier Mina, que desvían el flujo de aguas negras por debajo de la Línea Dos del Tren Ligero. Según esta teoría, el bajo flujo de agua de la temporada, calurosa y seca, impidió que los productos explosivos fueran extraídos del colector, facilitando su acumulación. Estos rumores cobran mayor fuerza al informarse por parte de Pemex que el poliducto que transporta gasolina desde la refinería de Salamanca hasta la planta de La Nogalera, tenía al menos una fuga; aunque Guillermo Estrada, jefe de Mantenimiento de Pemex, asegura que la fuga fue resultado de las explosiones y no al revés. Paralelamente a este anuncio, José Morales, representante legal de Aceitera La Central, se presenta a rendir delaración ante el Ministerio Público de la Procuraduría General de la República. "Llegué de Monterrey y vine a declarar [a la PGR] por mi propio pie, para rendir declaración. Si yo sintiera culpa, ¿dónde me metería?". También se da a concoer que la Aceitera La Central, que usa hexano en sus procesos, estaba cerrada por el periodo vacacional y que las existencias de hexano eran mínimas e insuficiente para sus propios procesos de trabajo, descartando así una fuga de dicho material.



Para alimentar aún más las teorías conspiratorias, pipas de agua de Pemex fueron detectadas vaciando miles de litros de agua en las inmediaciones de las plantas de La Nogalera, de Aceitera El Gallo y de Aceitera La Central. La versión oficial dice que es para evitar posibles explosiones en la zona; la versión conspiratoria dice que es para limpiar la evidencia.

Para las 7 de la tarde, en las calles Gante y 20 de Noviembre, se informa que ha concluído la búsqueda de personas atrapadas entre los escombros que realizaba el Escuadrón Canino de Búsqueda y Rescate. El Antiguo Hospital Civil informa que hay desabasto de medicamentos; solicita la colaboración de la comunidad.

Viernes 24 de abril de 1992. En sesión extraordinaria del Cabildo de la ciudad, el presidente municipal Enrique Dau solicita licencia temporal para dejar el cargo, licencia que le es otorgada. José Luis Macías Godínez fue nombrado director del SIAPA. En sus primeras declaraciones, indicó que todo apunta a una gran concentración de vapores de gasolina como causa de las explosiones. El gobernador Cosío Vidaurri es interrumpido en una rueda de prensa por un grupo de vecinos de la zona siniestrada, que exigen que se suspendan las labores con maquinaria pesada. También le solicitan información precisa sobre quién y cómo indemnizará a los afectados de la explosión. el gobernados empeña su "palabra de hombre" para solucionar sus demandas, Niega, asímismo, que tenga intención de solicitar licencia para dejar temporalmente la gubernatura. Paralelamente, otro grupo de vecinos de la zona siniestrada exigen juicio político contra el gobernador, bajo el cargo de genocidio, en las esquinas de Gante y Nicolás Bravo.



Se informa que entre seis mil y siete mil personas colaboran como socorristas en las labores de rescate del Sector Reforma. Se solicita a la ciudadanía que done alimentos y medicinas a los hospitales, cuyo desabasto es ya generalizado. Según datos preliminares, había 519 establecimientos comerciales en la zona de emergencia. 50 de ellos reportan daños considerables. Cuando menos 2800 empleos se vieron afectados. Se informa que hay un número indeterminado de pequeños comercios, la Cámara respectiva informa que hay al menos 250 comercios más en la zona siniestrada. Asímismo, se informa que la escuela primaria que se encontraba en la zona no podrá reanudar actividades; los alumnos serán reubicados en otros planteles.

Sábado 25 de abril de 1992. Diversas fuentes coinciden en señalar a Pemex como principal, mas no único, responsable de las explosiones. Se señalan como presuntos responsables al superintendente y al gerente de ductos de Pemez, al ex director del SIAPA, y a los propietarios de Máquinas y Materiales Recuperables, información que debía ser ratificada por el Procurador General de la República, Ignacio Morales Lechuga. El director de información de Pemex, Roberto Franco Quiroz, sostiene que "ninguna de nuestras instalaciones tenía fuga de producto, antes de las explosiones" y que se alertó al SIAPA y al departamento de Bomberos de que "la ubicaci{on del lugar de donde provenían las emisiones, eran enfrente de la aceitera, en la tarde del martes."



Los damnificados de la calle Gante y Nicolás Bravo señalan que son objeto de vigilancia policiaca constante, responsabilizando a las autoridades policiacas de cualquier atentado a su integridad. La policía responde que se patrulla de manera constante únicamente para evitar el pillaje en la zona. Seis comisiones multisectoriales asumen el compromiso de distribuir los donativos para las víctimas del desastre, con transparencia y total control, para evitar cualquier acto irregular. El DIF Jalisco indica que se realiza un censo para averiguar el número de desaparecidos y huérfanos entre los habitantes de la zona sinestrada, sin embargo, niega que sea suya la responsabilidad de velar por los niños que perdieron a ambos padres en la tragedia del miércoles.

Técnicos de Pemex y del SIAPA cavaron y encontraron una capa de más de un metro de gasolina a cuatro metros de profundidad. Se estima que la mancha se extiende a lo largo de por lo menos 16 cuadras.



Domingo 26 de abril de 1992. El Procurador Morales Lechuga da a conocer el dictamen preliminar de la investigación ordenada por el presidente Salinas. El origen del siniestro es claro y no hay lugar a dudas: se encontraron grandes cantidades de gasolina Nova en el drenaje, además de hexano y trazas de otros líquidos inflamables. La gran cantidad de plomo existente en la fórmula de la gasolina Nova explica en gran medida la fuerza de la explosión; la presencia de hexano contribuyó a generar una atmósfera explosiva en un espacio cerrado como el colector que existía debajo de la zona. La responsabilidad, en cambio, no es clara. Según el dictamen del procurador, "la presencia de gasolina se originó a través de un orificio provocado por los efectos corrosivos de la tubería de una toma de agua potable, instalada sore el poliducto de Pemex." Ésta teoría, la del "agujerito", provocó reacciones encontradas y controvertidas por parte de la ciudadanía. El procurador señalaba que la tragedia hubiese podido ser evitada si los once inculpados hubieran actuado en cumplimiento de su deber; sin embargo, se debe señalar que el dictamen cuenta con mucha mas información de la que tenían los inculpados.



Entre los inculpados se encuentran el presidente municipal con licencia Enrique Dau Flores, el Secretario de Desarrollo Urbano Aristeo Mejía Durán, varios funcionarios de Pemex, SIAPA, y Maquinaria y Materiales Recuperables. No se culpa a la SEDUE ni a Protección Civil, a pesar de su participación en las primeras revisiones.

Pemex ofrece 100 mil millones de pesos como ayuda al fondo de reconstrucción.

Lunes 27 de abril de 1992. Se ofrece un informe de parte de pemex, en voz de José Adán Ávalos, con el cual se informa que a las 4 de la tarde con treinta minutos del martes 21 se detectó en el colector de Gante y 20 de Noviembre un 100 por ciento de riesgo de explosión, y que para las 23: 30 horas ya se tenía conocimiento de la fuga de gasolina en La Nogalera. Aristeo Mejía rinde declaración ante el Ministerio Público Federal, asegurando que apenas una hora antes de las explosiones informó al Gobernador Cosío Vidaurri sobre la gravedad de la situación en la zona. Enrique Dau se pone en manos de la Policía de manera voluntaria. En el Álamo Industrial se rastrea el origen y el rumbo de la gasolina que permea el subsuelo; los márgenes de explosividad continúan muy altos.

Las cifras extraoficiales de víctimas a cinco días de las explosiones son: 600 desaparecidos, 200 muertos, 800 heridos, 4900 damnificados.



Martes 28 de abril de 1992. No ha sido posible controlar el manto de gasolina que permea la zona del Álamo Industrial. Técnicos ajenos a Pemex indican que la evolución del manto de combustible ha sido "desconcertante". Ante la magnitud de la tragedia, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje indica que los dueños de las empresas afectadas directamente por las explosiones no están obligadas a cubrir los salarios de sus empleados. Américo Meléndez Reyna, del Ministerio Público Federal, indicó que se podrá aprehender a los funcionarios y empresarios involucrados en las explosiones y no arrestados aún, y que las diligencias no concluyen aún.

Miércoles 29 de abril de 1992. el Presidente Carlos Salinas de Gortari anuncia la puesta en marcha de un programa para la prevención de desastres, girando instrucciones precisas a los secretarios de Gobernación, Desarrollo Urbano y Ecología, Defensa Nacional, Marina, Comunicaciones y Transportes, Pemex y el regente del Distrito Federal, para que presenten en breve programas concretos de prevención de riesgos y control de emergencias industriales. El Gobernador Cosío Vidaurri rechazó las versiones que hablan de una posible renuncia a su cargo, asegurando que cuenta con el respaldo del Presidente Salinas; sin embargo, aceptó por primera vez la existencia de un manto de gasolina en la ciudad y rechazó considerarse responsable por las explosiones. El Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco informa que hay 446 industrias cerradas y más de 10 000 trabajadores semidesempleados o desempleados a raíz de las explosiones.



Jueves 30 de abril de 1992. Se dicta acto de formal prisión a los nueve detenidos acusados de ser los responsables directos de las explosiones. A las 21:00 horas, el Gobernador Cosío Vidaurri solicitó licencia para separarse de su cargo durante un año. El pleno aprobó la solicitud a las 23:00 horas.

Viernes 1 de mayo de 1992. Se nombra como Gobernador Interino a Carlos Rivera Aceves. Se comprometió a solicitar al gobierno federal la salida de Pemex de la Zona Metropolitana, permitir el retorno de los desplazados de la Nogalera y Alamo Industrial a sus hogares, e iniciar la reconstrucción de Guadalajara.

Viernes 22 de abril de 2006.
Han pasado 14 años desde las explosiones. El tiempo nos ha dado la ventaja de la perspectiva. Aquí las cifras oficiales:

211 muertos.
608 heridos.
570 viviendas derrumbadas.
540 viviendas con daños considerables.
135 comercios derrumbados.
145 con daños considerables.
1630 contrucciones con daños moderados.
3020 construcciones dañadas.
98 cuadras afectadas.
525 vehículos total o parcialmente dañados.
3568 familias afectadas.



La crudeza de las cifras no mitiga el impacto de lo sucedido; el "pudo ser peor" no reconforta a los familiares que perdieron a sus seres queridos esa fatídica mañana de primavera.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué causó tanta destrucción y muerte en Guadalajara?

No es sencillo saberlo. En 1992 yo tenía poco más de 18 años. Lo recuerdo con claridad: yo era cadete de la Heróica Escuela Militar de Aviación y nos llamaron a mitad de un ejercicio para que colaboráramos en las labores de rescate. La magnitud de la destrucción fue impresionante, aún para mí, que habiendo viajado por medio mundo pensaba que ya no me impresionaba nada. La vida en Guadalajara fue interrumpida de manera tan drástica que los efectos aún se sienten. Aunque la única marca de las explosiones ahora es un templo dedicado a la memoria de los fallecidos, nadie puede olvidar la tragedia que nos consumió a todos.

No se tiene aún a un culpable. Nueve meses después de que el presidente Salinas ordenara la realización del dictamen preliminar, el Procurador Morales Lechuga presentó el 17 de diciembre de 1992, nueve meses después de las explosiones, un dictamen de 22 000 fojas (leyeron bien: veintidosmil fojas) del que hasta la fecha, nadie ha podido sacarle sentido. El el Juez Sexto de Distrito en Materia Penal del Estado de Jalisco, Edmundo Carrillo Blanco, recibió la ingrata tarea de interpretar el dictamen. Poco tiempo después recibiría también el dictamen del atentado que cobró la vida del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Un poco antes de la entrega del dictamen, el maistrado José Trinidad Jiménez Romo concedió la libertad bajo fianza a los nueve impllicados en las explosiones, y en algunos casos, se desecharon los cargos en su contra. El 28 de enero de 1994, el Juez Sexto de lo Penal, sobreseyó la causa penal 70/92, en virtud de lo cual los trabajadores de Petróleos Mexicanos, Juan Antonio Delgado Escareño, José Adán Ávalos Solórzano, Ángel Bravo Rivadeneyra y Roberto Arrieta Maldonado, que estaban siendo enjuiciados en el citado proceso penal, obtuvieron la libertad

Pocas cosas han salido en claro. El culpable principal de las explosiones es, sin lugar a dudas, la alta concentración de gasolina en el colector de la calle Gante. El origen de la gasolina tampoco puede ponerse en duda: la falta de mantenimiento a los poliductos de Pemex, junto con normas inadecuadas de control en Pemex y en el Siapa. Así, algo tan inocente como una fuga de agua inició una reacción en cadena: corrosión en el poliducto de Pemex en por lo menos un lugar, filtración en el subsuelo por tiempo excesivo, permeabilidad del colector de aguas negras, poca movilidad del agua en temporada seca a través de los sifones, evaluación incorrecta de una situación de emergencia, falta de medidas adecuadas de contensión de materiales explosivos, desecho de material peligroso de manera clandestina al drenaje de la ciudad, y pobre manejo de sustancias peligrosas.

Además, las autoridades minimizaron el riesgo, pensando de manera equivocada que tendrían tiempo de evaluar la situación y aplicar medidas correctivas. Fue por esto que un bombero se quedó a vigilar la zona; esperaba poder reportar que el nivel de riesgo disminuía; lo único que pudo reportar fue un "¡YA!". La explosión lo hizo pedazos.

Las cosas hubieran sido diferentes si al detectar la alta concentración de gases explosivos éstos se hubieran extraído a través de las bocas de tormenta; asímismo, se debió de comenzar de manera inmediata el proceso de lavado del colector, para que al extenderse y diluirse la concentración de combustible, en caso de una eventual explosión ésta no hubiese sido tan devastadora. Sin embargo, es imposible saber si cualquiera de éstas acciones hubiera tenido resultado: fueron doce kilómetros de colector (repito: DOCE KILÓMETROS) los que explotaron, y en tanta distancia se pueden imaginar ustedes la cantidad de combustible que se filtró. Si tomamos en cuenta que la gasolina sólo explota en condiciones muy precisas (alta gasificación y concentración de combustible y comburente adecuadas, y presencia de aceleradores), es posible imainarse el caos que reinaba en el colector: la gasolina Nova era alta en tetraetilo de plomo, que facilita la explosión; había hexano, desechado como parte de los procesos industriales de las aceiteras, no de manera clandestina, sino por descuido; había elementos altamente inflamables desechados por talleres automotrices y empresas con poco o ningún respeto por la ecología y la seguridad industrial; y por sobre todo, había ignorancia.

Nunca se supo a ciencia cierta quién fue el responsable. Todos los inculpados fueron exonerados al poco tiempo de su encarcelamiento, al no encontrarse elementos que probaran su responsabilidad. Pemex sigue ahí, en la Nogalera. Aún hay gasolina en el subsuelo del Álamo Industrial; en los patios del Ferrocarril hay diesel acumulado.

Guadalajara no ha vuelto a ser la misma.
1992 fue un año que nos enseñó mucho.
1992 fue el año que vivimos en peligro.

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Las fotografías presentadas en este artículo fueron publicadas originalmente en el extinto diario Siglo 21.