¿Qué es un planeta?
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En nuestro capítulo anterior:
La carrera a la Luna había sufrido tres importantes bajas en el Apolo 1, pero eso no impidió que la Misión Apolo continuara su curso. El Apolo 7 había demostrado que tres hombres podían vivir en el espacio durante el tiempo planeado para la misión de alunizaje, y el Apolo 8 había despegado sin problemas con rumbo a nuestro satélite natural.
Borman, Lovell y Anders, a bordo del Apolo 8, habían cumplido con todas las labores que les habían sido encargadas, y a las siete horas de haber despegado de Cabo Keneddy habian colocado a la nave en Modo de Rosticería...
Nombres curiosos donde los haya, el Modo de Rosticería (Barbecue Mode en inglés) era llamado de manera oficial como Control Termal Pasivo. en éste modo, el calentamiento de la nave provendría directamente del Sol, y para que el calentamiento fuera distribuido por toda la superficie del Apolo 8 de manera uniforme, la nave giraría sobre su eje longitudinal a la pasmosa velocidad de una revoluciòn por hora. Tomemos en cuenta que el Sol, en el espacio, calentaba las partes expuestas a una temperatura que excedía los 200 grados Celcius mientras que la parte en la sombra tenía unos agradables cien grados bajo cero. Estas temperaturas podrían causar que el cono de calor (es decir, el escudo termal para el retorno) se rompiera, o los tanques de propelente explotaran. EN ese tiempo era imposible obtener un giro perfecto, y más con tres hombres moviéndose en su interior, así que el Modo de Rosticería terminaba describiendo un cono en cada rotación. Este cono debía ser ajustado a través de los cohetes del Sistema de Control de Reacción cada media hora para no perder el rumbo.
Porque el rumbo se perdía, no cabía la menor duda de ello. Estaba el hecho innegable de que la Tierra se movía, la Luna se movía y la nave se movía, y en Tierra también la hierva se movía, pero por causas diferentes (ejem...). La primera corrección de rumbo llegó a las 11 horas de iniciado el viaje. Según las pruebas hechas en tierra, en teoría había una pequeña posibilidad de que el sistema de propulsión de servicio explotara si se utilizaba por demasiado tiempo de manera continua. Para evitarlo, la cámara de combustión debía primero ser preparada, lo que se hacía trabajando el motor por poco tiempo, para que éste se cubriera con una capa de desechos de combustible y se ajustara al régimen de trabajo. Lo mismo que hacemos en tierracon un carro nuevo: lo tratamos como si fuera nuevo por mil kilómetros y vamos ajustando el motor a nuestros hábitos de manejo, a menos que el mismo motor haga variar nuestros hábitos de manejo. Lo mismo allá, sólo que con un motor más rápido y sin una gasolinera cercana a la vista.
La primer maniobra de corrección duró sólo 2.4 segundos y añadió unos 6.2 metros por segundo a la velocidad de vanguardia del Apolo 8. Aquí es donde se apreció el hecho de que fue bueno probar el motor: se esperaba que se agregaran 7.5 m/s en lugar de los 6.2 m/s obtenidos; un análisis posterior indicó que muy probablemente una burbuja de helio en la línea del oxidante causó una menor presión de combustible de lo esperado, por lo que para añadir ese 1.3 m/s requerido la tripulación utilizó los pequeños propulsores del Sistema de Control de Reacción. Para fortuna de los astronautas, la trayectoria y la velocidad fueron perfectas de ahí en mas, por lo que las otras dos correcciones planeadas fueron canceladas. Once horas habían pasado desde el despegue, con 16 horas de trabajo ininterrumpido por parte de los astronautas. Así que le tocaba el turno de dormir al bueno de Frank Borman. Siete deliciosas horas le tocaban... o eso creía.
Uno pensaría que en el espacio todo sería paz y tranquilidad. Pero (ponga su imprecación favorita aquí) los astronautas no estaban en el espacio. Estaban en una nave que viajaba con rumbo al espacio, rodeado de sonidos de ventiladores, crujidos del sistema de control de reacción, sonidos de la computadora y la imposibilidad de descansar la cabeza en una almohada. Y como la Nasa había decidido que por lo menos uno de lso astronautas permaneciera siempre despierto para controlar cualquier eventualidad, a esto se debía agregar el constante parloteo con Control de Misión en Houston. Anders llegó a comentar que se despertaba alarmado cada vez que movía la cabeza, porque sentía que iba a caer al vacío... cosa que en realidad estaba pasando. Una hora de algo que no se puede calificar como sueño después, y Borman pidió permiso para tomarse una píldora para dormir. Y ¡(su imprecación favorita)! no tuvo gran efecto. Peor aún, cuando acabó el martirio de ese primer descanso, Borman se sentía enfermo y vomitó dos veces. Hasta tuvo un poco de diarrea. Y eso no era lo peor: llenó la nave de globulitos de vómito y cosas peores (en palabras de Cata: ¡Yuk!). La tripulación limpió lo mejor que pudo. Borman no quería que el mundo supiera lo que había pasado allá arriba, pero Lovell y Anders de cualquier manera debían informar a Control de Misión. Decir por el canal capcom lo que le había sucedido a Borman implicaba que la transmisión fuera escuchada por los cientos (tal vez miles) de radioaficionados que podían sintonizar ese canal de comunicaciones en particular. Así que se les ocurrió que podían usar el Equipo de Almacenamiento de Datos, el cual servía para que la nave enviara telemetría y comentarios de voz, que era entonces enviada a la Tierra a gran velocidad (para aquellos tiempos, claro). Después de grabar una descripción de lo sucedido a Borman, solicitaron a Control de Misión que analizaran la grabación y que solicitaban una evaluación de los comentarios de audio.
El personal médico se reunió en el segundo piso del Control de Misión en Houston para poder hablar con los tripulantes. El control de misión estaba duplicado para evitar cualquier fallo, y en esa misión el del tercer piso era el utilizado por los controladores de vuelo, mientras el del segundo piso funcionaba como espejo. Así que se realizó una comunicación privada con los astronautas en el control espejo, en el cual se llegó a la conclusión de que no había gran cosa por qué preocuparse: la causa era seguramente una gripita pasajera o una reacción a la píldora para dormir. Un análisis posterior reveló que en realidad Bowman sufría del Síndrome de Adaptación al Espacio, que afecta a uno de cada tres astronautas por unos días, mientras el sistema de orientación del oído interno se acostumbraba a estar en un ambiente de gravedad cero (donde no tienes peso, pero sí toda tu masa, y el arriba y abajo son meros puntos de referencia). Nunca antes se había notado ese síndrome porque ninguna misión había tenido tanta libertad de movimiento.
¡Y aquí tenemos al afortunado ganador de la semana! Frank Borman, al centro, demostrando que en casa él es el que lleva los pantalones... a la tintorería. Ejem...
Para fortuna de nuestros héroes, el resto de la etapa de crucero del Apolo 8 pasó tranquila y sin incidentes, con la tripulación checando que todo estuviera bien y en orden, y con Lovell y Anders alejándose ligeramente cuando Borman les daba la espalda. La NASA tenía programada una transmisión de televisión a las 31 horas del viaje. Se utilizó una cámara de blanco y negro con un peso de dos kilos (bastante ligera para la época) con dos lentes: uno de ángulo ancho (muy ancho: 160 grados de apertura) y un telefoto (de nueve grados de apertura). En esta transmisión, la tripulación trató de darle un paseo por la nave a los televidentes y mostrarles la Tierra desde muy arriba. Borman describía lo que se veía desde la ventana del Apolo 8 porque, lamentablemente, en la Tierra lo único que veían los televidentes era un disco blanco. A falta de filtros apropiados, la luz de la Tierra saturó la cámara. El hecho de no tener con qué visualizar la imagen hacía que los astronautas apuntaran a ciegas. Y después de 17 minutos de transmisión, la rotación del Apolo 8 debido al Modo de Rosticería hizo que la antena de alta ganancia dejara de apuntar a la Tierra. Lovell alcanzó a terminar la transmisión deseándole a su mamá un feliz cumpleaños.
Para este momento el horario planeado para que los astronautas durmieran había sido hecho bolita y tirado al cesto de la basura. A las treinta y dos horas y media del lanzamiento, Lovell se durmió, tres horas y media antes de lo planeado. Media hora después Anders hizo lo mismo, tomándose una píldora para dormir y --dicen los malintencionados-- recomendándole a Borman que se pusiera un tapón para pasar la jornada. Para este momento, a pesar de dirigirse hacia allá a muy altas velocidades, ninguno de los tres astronautas había visto la Luna. Y es que, de las cinco ventanas que tenía la nave, tres estaban empañadas por culpa del sellador de silicón, que al calentarse con el sol había lanzado algunos gases; y a que la posición de la nave impedía que pudieran ver la Luna desde las otras dos ventanas. De hecho, no fue sino hasta que la tripulación le dio la vuelta a la Luna que pudieron verla en todo su esplendor.
Habían transcurrido ya 55 horas desde el despegue y era tiempo de hacer otra transmisión de televisión. Para entonces, los astronautas se las habían ingeniado para tomar los filtros de las cámaras fotográdicas y montarlas en el teleobjetivo de la cámara de TV. Parece ser que un jovencito llamado Angus MacGyver se enteró de esto y comenzó una fructífera carrera como espía, utilizando como principales herramientas para desfacer entuertos una útil navaja suiza y toneladas de rollos de cinta de ducto. Pero divago. Decía yo que los astronautas tenían que hacer una transmisión de televisión. Ésta vez, el encargado de describir las imágenes fue Jim Lovell, que describió lo mejor que pudo la Tierra, lo que era visible y los colores que se podían ver. Esta vez, la transmisión duró 23 minutos y Lovell ya no le deseó un feliz cumpleaños a su mamá.
Y a las cincuenta y cinco horas y cuarenta minutos desde el despegue, el Apolo 8 entró al campo gravitacional de un cuerpo celeste que no era la Tierra. Si bien técnicamente esto no es correcto (la Luna está en la influencia del campo gravitacional terrestre, y la tierra está en la influencia del campo gravitacional solar, y así sucesivamente) en la práctica la gravedad que ejercía la Luna era mayor a la gravedad que ejercía la Tierra, así que ahora, y para todo efecto práctico, el Apolo 8 estaba bajo control de Selene. Haciendo un poco de cálculos matemáticos, los tres hombres se encontraban a 62,377 kilómetros de distancia de la Luna, viajando a una velocidad de 1,216 m/s; es decir, iban rapidísimo. Increíblemente, el momento les pasó desapercibido a los astronautas porque los jovenazos aún estaban calculando su trayectoria y velocidad con respecto al Cabo Kennedy. Y seguirían haciéndolo hasta que efectuaran su última corrección de curso, cuando cambiarían a un marco de referencia basado en la orientación ideal de la nave respecto a la Luna, y utilizarían por segunda ocasión el motor del Sistema de Propulsión de Servicio para darse un empujón en la órbita lunar. Faltaban 13 horas antes de que estuvieran en órbita alrededor de la Luna.
El mayor evento antes de insertarse en la órbita lunar era la segunda corrección de curso. Ésta debía ser retrógrada, es decir, se debía desacelerar la nave algo así como 60 centímetros por segundo. De esta manera, la distancia a la que pasaría la nave de la superficie de la Luna sería menor, permitiendo que se insertaran en órbita. Exactamente a las 61 horas de efectuado el lanzamiento, y a 39,000 kilómetros de distancia de la Luna, la tripulación encendió el motor del Apolo 8 por 11 segundos. Eso les permitiría dar una vueltecita por la luna a escasos 115 kilómetros de distancia, que en términos astronómicos es como para extender la mano y tocar la Luna. Y sin una atmósfera que te dificulte la visualización, la vista sería perfecta (si descontamos el maldito vaho del aislante de silicón en las ventanillas). Tres horas después, la tripulación se preparó para ejecutar la acción LOI-1: Lunar Orbit Insertion-1, es decir, la primera Inserción en Órbita Lunar de la Historia. No había margen para el error. Muy abajo, y caes a la Luna. Muy arriba, y te vas al espacio sin posibilidades de regresar a Casa. Y peor aún: había que hacerlo en la Cara Oculta de la Luna por culpa de la física mecánica orbital. No sólo ningún ojo humano había visto en vivo y en directo el Lado Oculto de la Luna; tampoco había posibilidades de comunicarse con la Tierra, porque había un estorbo muy grande: la Luna. Qué ironías...
En Houston, el Control de Misión estaba preocupado. Sí, se habían hecho miles de cálculos y simulaciones. Pero, ¿Y si algo fallaba? ¿Y si los muchachos no podían insertarse? ¿Y si no existiera Santa Claus? Se tomó entonces una decisión democrática. La pregunta era un simple "¿Va o no va?" A las 68 horas, Control de Misión les informó que la decisión era "Va, montando el mejor pájaro que pudimos encontrar." (Go, "riding the best bird we can find"). Sesenta y ocho horas con cincuenta y ocho minutos después del despegue, el Apolo 8 se ocultó detrás de la Luna.
Diez minutos antes de la inserción lunar, la tripulación inició un último chequeo de la nave, esperando no tener problemas porque ya no había forma de comunicarse con la Tierra. Verificaron que cada switch estuviera en su posición adecuada, que cada contacto que debía estar cerrado estuviera cerrado, que cada contacto abierto debía estar abierto, que cada luz que debía estar encendida estuviera encendida y que cada luz que debía estar apagada permaneciera apagada, en resumen, que todo estuviera bien. Y entonces los astronautas, faltando dos minutos para iniciar la maniobra, vieron al sol iluminando oblicuamente la superficie lunar. Fue Lovell quien lo vio primero, pero había tan poco tiempo para admirar...
Exactamente a las 69 horas, 8 minutos y 16 segundos desde el lanzamiento, el Sistema de Propulsión de Servicio se encendió por cuatro minutos y 13 segundos, colocando al Apolo 8 y su tripulación en órbita alrededor de la Luna. La tripulación describiría ese tiempo como los cuatro minutos más largos de toda su vida. Y es todo debía ser perfecto, con exactitud milimétrica (a escala espacial, claro está), si no querían ir a visitar Saturno o ver la superficie de la Luna muy de cerca y sin posibilidades de retorno. O incluso hubieran podido haber terminado en una órbita elíptica que hubiera hecho peligrar la misión o incluso impedir que se llevara a cabo. Tras verificar que todo estuviera en orden, los tres astronautas lanzaron un suspiro de alivio y se prepararon para ver a la Luna de cerca durante las siguientes 20 horas.
Mientras tanto, en Houston, Control de Misión seguía esperando. ¿La inserción lunar habría sido exitosa? ¿La Luna ya conocería lo que es tener su propio satélite? ¿se habrán estrellado los astronautas? ¿habrán salido disparados con dirección a Neptuno? ¿Existe Santa Claus? Y entonces, justo en el momento preciso, se recibió una señal proveniente de la nave, indicando que el Apolo 8 mantenía una órbita de 311 por 112 kilómetros sobre la Luna.
Esta historia continuará...
Hace ya un titipuchal de años, más concretamente 37 años, es decir, 4 años más de la edad que un servidor de ustedes tiene, un par de hombres llegaron a la Luna mientras uno más quedaba en órbita. Los dos astronautas que llegaron a la Luna son Neil Armstrong y Edwin Aldrin. Aldrin se cambiaría oficialmente el nombre a su apodo, Buzz, olvidando el Edwin. Michael Collins es el hombre responsable de traerlos de vuelta a la Tierra.
Todo mundo recuerda a Armstrong y a Aldrin. Todo mundo olvida a Collins. Prácticamente nadie sabe que Aldrin hizo una pequeña ceremonia de Comunión en la Luna.
Y salvo algunos interesados en el tema, parece que todo mundo ha olvidado que el Apolo 11 no es la misión más importante del Programa Espacial Apolo.
Hoy voy a hablar in extenso sobre el Apolo 8.
La llegada del hombre a la Luna fue una carrera constante entre los éxitos y los fracasos.
El fatal accidente del Apollo/Saturn 204, hoy conocido de manera retroactiva como el Apollo 1, frenó en seco la carrera espacial de los Estados Unidos de América, pero tuvo su utilidad para descubrir los graves errores que se estaban cometiendo en el Programa Apolo. Tres astronautas, Virgil Grissom, Ed White, y Roger B. Chaffee, murieron durante una prueba de lanzamiento, al quemarse vivos dentro de la cápsula por culpa de un cortocircuito. Contrariamente a lo que la gente piensa, el Apolo 1 no fue un fallo durante el lanzamiento. Fue una prueba de lanzamiento, en el cual todos los sistemas serían desconectados y se simularían las condiciones existentes en el espacio: alimentación por baterías, comunicaciones, flujo y reciclaje de aire, etcétera y demás. De haber sido exitoso, muy probablemente los tres astronautas hubieran despegado el 21 de febrero de 1967.
Ese fatídico 27 de enero de 1967, Grissom, White y Chaffee ingresaron a la cápsula vestidos con el traje espacial y todo el equipamiento necesario, a la una de la tarde en punto. Fueron ajustados en sus asientos exactamente igual a como lo hubieran hecho en un vuelo verdadero. Inmediatamente comenzaron los problemas. El experimento inicial fue abortado cuando Grisom reportó un hedor rancio en el aire de su traje. Se cambió el aire del traje y de la cápsula y el experimento se reaundó a las 2:42. A las 2:45 se cerró la escotilla y comenzó el experimento.
Lo primero fue reemplazar el aire en la cápsula por oxígeno puro. En teoría, esto era porque el aire pesaba más que el oxígeno puro para una misión en el espacio. El riesgo de una explosión catastrófica fue minimizado. Y los problemas continuaron. Primero se reportó una alarma sobre un elevado flujo de oxígeno (peligroso para la tripulación), luego, fallos en las comunicaciones entre la tripulación, Operaciones e Inspección, la Sala de Control y el bloque general del Complejo de Lanzamiento 34. Grissom dijo: "Si no puedo comunicarme con ustedes a media milla, ¿cómo podré hacerlo desde la Luna?" El experimento se detuvo hasta las 5:40, cuando se reanudó. La mayor parte de las funciones de la cuenta regresiva para el lanzamiento se habían completado satisfactoriamente hacia las 6:20, pero la cuenta regresiva habia sido detenida a T menos 10 minutos a eso de las 6:30, cuando aún se trabajaba en los problemas de comunicación.
A las 6:31 una voz (probablemente de Chaffe, que era el único con un canal de comunicación claro) gritó en el canal de comunicación, COM: "¡Hay fuego en la cabina!" Unos segundos después la transmisión cesó con un grito de dolor. En los monitores de televisión se veía a White tratando de abrir la escotilla. Instantes después los tres astronautas estaban no sólo muertos, sino calcinados.
Era imposible para los astronautas salir. No sólo la escotilla estaba diseñada con dos piezas, que requería que la tripulación desatornillara diversas tuercas para poder remover la sección inicial: ésta también abría hacia adentro, intencionalmente, para que la presión interna de la cabina mantuviera cerrada la escotilla. Los gases calientes producidos por lel fuego no sólo impudieron que la cabina se abriera por dentro: se acumuló tanto la presión que la cápsula se rompió. Cuando los cuerpos de rescate pudieron llegar, 14 minutos después, no había nada qué hacer por los hombres en el interior de la cápsula.
Tengo muy presentes unas pocas palabras que pronunció Gus Grissom:
"If we die, we want people to accept it. We are in a risky business and we hope that if anything happens to us it will not delay the program. The conquest of space is worth the risk of life."
"Si morimos, esperamos que la gente lo acepte. Estamos en un negocio peligroso y esperamos que si algo nos pasa eso no retrase el programa. La conquista del espacio vale el riesgo de muerte."
Tal y como Grissom lo esperaba, el programa no fue retrasado de manera considerable tras su muerte. Se corrigieron la mayor parte de los desperfectos y se hicieron ajustes importantes: el fallo catastrófico que llevó a que los tres astronautas murieran fue subsanado por dos diferentes formas: primero, dejó de usarse oxígeno puro en el módulo que albergaba a la tripulación (causa de que el fuego que los mató fuera tan intenso); y segundo, se ajustó la escotilla de la nave (para que pudiera abrirse por fuera y por dentro con facilidad en caso de una emergencia).
Así, el Apolo 4 fue el primer proyecto exitoso del programa Apolo, sin personal a bordo. Los nombres Apolo 2 y el Apolo 3 no fueron usados por misión alguna, el 4 fue un primer proyecto con el primer cohete Saturn V y las cápsulas de la misión debidamente modificadas, para probar si soportarían el reingreso a la Tierra. El Apolo 5, también sin personal, probó las cápsulas para verificar si serían capaces de ascender y descender en los rigores del espacio, de hecho, sería la primera vez que se activara a voluntad un cohete en el espacio. También fue una prueba para un posible aborto de la misión de descenso a la Luna, algo que no pudo ser probado, ni aún en el caso del Apolo 13. El Apolo 6 fue la última misión sin tripulación. Diseñado y pensado para ser la última prueba antes de un vuelo real, y para ser el peor caso posible de reingreso, el Apolo 6 falló por problemas en los cohetes, que en vez de dejarlo en una órbita estable a 160 kilómetros de la tierra, lo dejaron en una órbita elóptica de 137 por 370 kilómetros, y falló al reintentar poner el módulo en una trayectoria translunar. Para solventar ese problema, se decidió usar el cohete del Módulo de Servicio para subir un poco la nave para completar algunos de los objetivos de la misión. El cohete se mantuvo activo por 442 segundos, mucho más de lo que cualquier misión Apolo real hubiera necesitado, y logró alcanzar una órbita de 22,200 kilómetros. Lamentablemente, no hubo combustible suficiente para acelerar la reentrada, y en lugar de los 11,270 metros por segundo planeados, la nave sólo alcanzó 10,000 m/s, acuatizando a 80 km de la estimación inicial.
Lo datos obtenidos de ésta misión probaron ser de gran utilidad para el Apolo 7. Ésta misión, tripulada por Wally Schirra, Donn Eisele y Walter Cunningham, la tripulación de reemplazo para el Apolo 1, le permitió a la NASA retomar confianza. Dado que no estaba diseñado para llegar a la Luna, sino sólo alcanzar la órbita necesaria para el viaje, ésta misión fue lanzada con ayuda de un cohete Saturno IB en lugar de un Saturno V. La misión funcionó con muy pocos problemas. El Sistema de Propulsión del Módulo de Servicio, el cohete que colocaría al Apolo en órbita lunar, y lo que es más importante, lo sacaría de ella, fue disparado ocho veces, prácticamente perfecto en cada ocasión.
A pesar de que la cabina del Apolo era mucho más grande que la de las misiones Gemini, once días en órbita le pasaron factura a los pobres astronautas. La comida era mala, y a los tres les dió gripe. evidentemente, los tres se pusieron irritables, al grado de que a Schirra le molestaban las órdenes de Control de Misión y los tres comenzaron a responderle de mala manera a CapCom (Capsule Communications, es decir, el único en la Tierra capaz de comunicarse al Espacio para evitar problemas de comunicación). Como resultado, a ninguno lo seleccionaron para misiones subsecuentes. A pesar de eso, la misión fue un éxito, demostrando que la nave Apolo era eficaz en el espacio.
Llegó entonces el Momento de la Verdad. Hasta ese momento, ninguna nave, ni americana ni rusa, había llegado más allá de una alta órbita terrestre. El 21 de Diciembre de 1968, una nave sería la primera en abandonar el dominio de la Tierra. Frank Borman, James Lovell y William Anders fueron los astronautas seleccionados para tripular el Apolo 8.
Ésta misión, sin lugar a dudas la más importante de todo el programa espacial Apolo.
El Apolo 8 fue lanzado a las 7:51 AM La primera fase del despegue transcurrió con un mínimo de problemas: la primera etapa del cohete Saturno V tuvo un rendimiento menor al esperado por 0.75%, por lo que, para compensar, el cohete tuvo que quemar combustible otros 2.45 segundos. Para el final de la segunda etapa, el cohete comenzó a tener sacudidas (un poco como si tuviera hipo) estimadas en 12 hertz y ±2.5 m/s². Como resultado, el Saturno V terminó colocando a la misión en una órbita de 181.5 km por 191.3 km, con una órbita cada 88 minutos y 10 segundos. La altura ideal debía de ser de 185 km de apogeo.
Durante las siguientes dos horas y treinta y ocho minutos la pripulación y Control de Misión trabajaron para checar que la nave estuviera lista para la Inyección Translunar, es decir, para que la nave se impulsara con dirección a la Luna. En este punto la tripulación transformó la cápsula de su forma inicial de carga impulsada por cohetes, a una nave espacial por derecho propio. La tercera etapa del Saturno V debía estar en condiciones de hacerlo: en el Apolo 6, el cohete no pudo reencenderse. Además, estaba el problema de las comunicaciones. Para poder trabajar de manera adecuada, la comunicación entre el Apolo y el centro de control debía efectuarse a través de una sola persona, el Capcom. Para el Apolo 8, se designaron tres capcoms en turnos de ocho horas y en rotación constante. El primer capcom era Michael Collins, y a las 2 horas, 27 minutos y 22 segundos desde el despegue, dijo: "Apollo 8. You are Go for TLI". Oficialmente los astronautas tenían permiso para ir a la Luna. Por doce minutos la tripulación del Apolo 8 verificó que todo estuviera bien, y entonces se encendió de nueva cuenta el Saturno V. Funcionó perfectamente por 5 minutos y 17 segundos, llevando a los astronautas a una velocidad de 10,822 m/s) hasta una altura de 346.7 km. La velocidad más rápida registrada hasta ese momento por humano alguno.
Una vez que el Saturno V cumplió su última labor, era tiempo de separarse de tan poderoso artefacto. El Apolo 8 se separó de la tercera etapa en tiempo y forma, de manera que los astronautas pudieron fotografiarlo a la perfección cuando giraron la nave y volaron en formación con ella. Paralelamente, al rotar, la tripulación tuvo la más hermosa de las vistas: la Tierra entera vista desde el Espacio, vista por primera vez por ojos humanos.
En ese momento, Borman comenzó a preocuparse. El Saturno V permanecía aún muy cercano al Apolo 8, y sugirió a Control de Msión que se permitiera una maniobra de separación. Tras analizar los datos recabados (una tarea complicada, porque las computadoras en ese entonces eran muy primitivas, no había calculadoras de mano y algunas tareas había que hacerlas con regla de cálculo), Control de Misión sugirió inicialmente que se apuntara la nariz del Apolo 8 a Tierra y usando los cohetes del Sistema de Control de Reacción del Módulo de Servicio, se añadieran 0.9 m/s de propulsión, pero Borman no quería perder de vista al Saturno V. Tras mucha discusión se decidió apntar en esa dirección, pero a 2.7 m/s. Por esta discusión, la tripulación se retrasó una hora del plan de vuelo original.
Cinco horas después del lanzamiento, Control de Misión controló al Saturno V para que soltara su combustible restante, cambiando su trayectoria de manera que sobrevolara la Luna y entrara en órbita alrededor del Sol, de manera que no fuera un riesgo para la tripulación. Y allá está afuera, con una traslación de 340.80 días, una inclinación de la Elíptica de 23.47 grados, y a una distancia de entre 0.92 y 0.99 Unidades Astronómicas del Sol.
Un poco después de esta crucial parte de la misión, el Apolo 8 cruzó los Cinturones de Van Allen, que se extienden hasta a 25,000 km de la Tierra. En teoría, los astronautas recibirían un miligray de radiación al pasar a través del cinturón. Un miligray es apenas lo encesario para tomar una placa con rayos X del pecho de un humano común y corriente. Generalmente todos recibimos entre 2 y 4 miligrays al año sin problemas. Esto en teoría, recuérdese. En la práctica, nadie sabía lo que pasaría. Así que a cada astronauta se le colocó un dosímetro personal de radiación para ser leído a su regreso a la Tierra. Así mismo, se colocaron otros tres dosímetros pasivos que mostravan el nivel de radiación experimentado por toda la tripulación. ¿El resultado? Ida y vuelta, 1.6 miligrays.
El trabajo de Jim Lovell como Piloto del Módulo de Comando consistía, escencialmente, de ser el navegante si por alguna razón se perdía la comunicación con Control de Misión en el viaje de regreso. Para esto, se habían designado algunas estrellas fijas que debían medirse con ayuda de un sextante construido en la nave, de manera que se podía medir el ángulo entre una estrella y el Horizonte entre la Tierra o la Luna. Pero lamentablemente, la expulsión de combistible del Saturno V ocasionó una nube de desechos alrededor de la nave espacial (que algunos ovnilocos han pretendido identificar como naves extraterretres que seguían al Apolo). Esta basura interplanetaria hizo bastante difícil identificar cuáles eran las verdaderas estrellas. Habian pasado ya siete horas desde el despegue, y el retraso entre la desición de alejarse del Saturno V y la imposibilidad de encontrar las estrellas por parte de Jim Lovell ocasionó que el plan de vuelo terminara retrasado por casi una hora con cuarenta minutos. Y entonces el Apolo 8 entró en Control Termal Pasivo, más apropiadamente llamado Modo de Rosticería.
¿Qué es el Modo de Rosticería? ¿Qué pasó con los tripulantes del Apolo 8? ¿Existe Santa Claus?
¡No se pierdan la continuación de esta emocionante historia, apropiadamente denominada "El Hombre Va a la Luna (ii)"!
Imagínese usted vivendo en Sonora, a principios del siglo XX. Trabaja para The Cananea Consolidated Copper Company, es usted uno de los 5350 trabajadores mexicanos de la empresa, y recibe tres pesos y cincuenta centavos por una jornada de 10 a 12 horas de trabajo. Hay en la misma mina otros 2200 gringos, carpinteros en su mayor partem que reciben 5 dólares diarios por un trabajo la mitad de duro. Las condiciones de trabajo son deplorables. Usted está harto, y cansado. El cinco de mayo, durante las celebraciones, escucha usted a algunos líderes demandar mejores condiciones de trabajo y un pago igual al de los norteamericanos por trabajo igual. Usted los apoya directamente. Las autoridades mexicanas aplican la ley marcial para evitar mayores conflictos; se afectan los intereses de los gringos, y al gobierno mexicano eso no le conviene. Pero eso no le importa a usted ni a sus compañeros. Es la noche del 1 de junio, y hace calor. Usted es uno de los cientos de trabajadores que se van a huelga. Usted no lo sospecha: pero está usted a punto de convertirse en mártir.
Un episodio de la vida nacional que, a pesar de que mucha gente ha oído hablar de él, y en realidad muy pocos lo conocen, es el relativo a Juan Reley y el Batallón de San Patricio.
Imagínense ustedes vivir a mediados del siglo XIX. Son ustedes empleados en una maderera, en una cervecería, en una acerera. Son mineros de carbón de hierro, de estaño. Trabajan ustedes 12 o hasta 16 horas por un salario miserable, en condiciones insalubres, siete días a la semana, sin conocer de seguridad industrial ni siquiera el nombre. Si se accidentan, mala suerte. Si mueren, mala suerte. La única prestación que tienen, si se le puede llamar prestación, es el permiso de beber del pozo de agua de la compañía. "La mugre es dinero" es el lema de las grandes compañías. Voces se alzan sobre la multitud cansada, abatida y desmoralizada. Piden una jornada de trabajo de 8 horas, un día de descanso, un salario justo. El descontento social se hace notar cada vez más.
"Vi que a los panaderos de esta ciudad se les trataba como a perros. Y ayudé a organizarlos. ¿Es eso un crimen? Ahora trabajan diez horas al día en vez de 14 o 16 que trabajaban antes. ¿Es otro crimen? Pues cometí otro mayor. Una madrugada observé que los trabajadores cerveceros de Chicago comenzaban sus tareas a las cuatro de la mañana. Regresaban a sus casas hacia las siete u ocho de la noche. Nunca veían a sus familias y sus hijos a la luz del día. Fui a trabajar para organizarlos. Vi a los empleados de esta ciudad que trabajaban hasta las diez y once de la noche. Emití una convocatoria, y hoy están trabajando sólo hasta las siete de la noche y no trabajan los domingos. Esos son mis mayores crímenes."
"...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora". Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable..."
"Cuando el juez que actuó en este caso falló que un pariente del muerto era jurado competente, y eso después de que ese hombre declarara ingenuamente que estaba profundamente prejuiciado contra el acusado [...] cuando en una serie de oportunidades afirmó que eran competentes como testigos o como jurados hombres que se proclamaban convencidos de la culpabilidad de los acusados antes de haberlos escuchado [...] ese proceso perdió cualquier semejanza con un juicio justo."
"Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical."
Es una noche calmada. Un par de ingenieros soviéticos se preparan para cumplir órdenes: es necesario probar la capacidad del reactor de fisión nuclear construido por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en la ciudad ucraniana de Chernóbil.
Miércoles 22 de abril de 1992. 10:09 AM. Una radio crepita en la estación de Bomberos. El mensaje es un escueto "¡YA!" antes de que la estática recupere el control. Inmediatamente después se registra una explosión de proporciones dantescas en el barrio de Analco.